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Prestamistas informales tejen red financiera paralela que se apoya en la violencia

Entre 2020 y mayo de 2026, los conflictos por deudas dejaron 52 personas asesinadas y 110 heridas en la República Dominicana

Prestamistas informales tejen red financiera paralela que se apoya en la violencia
Los motoristas constituyen uno de los principales grupos a los que los prestamistas sobre ruedas facilitan créditos al instante. (DIARIO LIBRE/ INDHIRA SUERO ACOSTA)

A las once de la mañana, Raúl De la Rosa ya ganó 2,500 pesos en la parada de motores donde trabaja, en Santo Domingo Este.

Tiene un motor nuevecito de paquete y los clientes lo buscan por su rapidez y el trato amable. Pero una parte de ese dinero ya tiene destino. En cualquier momento aparecerá uno de los cobradores de la ruta de préstamos que cada día recorre la zona.

Raúl paga dos créditos al mismo tiempo. Uno de 5,000 pesos, cuya cuota asciende a 250 pesos diarios durante 24 días, y otro de 25,000 pesos, con pagos semanales de 2,550 pesos durante trece semanas.

Como miles de trabajadores informales, encontró en esos prestamistas ambulantes una solución inmediata cuando la banca formal le cerró las puertas.

Las llamadas "rutas" —guaguas, carros y motocicletas que recorren barrios y comunidades ofreciendo efectivo— han construido una red financiera paralela que abastece a motoconchistas, vendedores ambulantes, colmaderos, saloneras, agricultores, obreros de la construcción y pequeños comerciantes. La rapidez explica buena parte de su éxito. También sus riesgos.

Sangre detrás del efectivo

La facilidad para obtener dinero tiene un costo que va mucho más allá de los intereses.

Información obtenida por Diario Libre, mediante la Ley General de Libre Acceso a la Información Pública, revela que entre 2020 y mayo de 2026 los conflictos relacionados con deudas provocaron 52 homicidios y 110 personas heridas en el país. Solo en 2025 ocurrieron 13 asesinatos y 31 lesionados, mientras que las armas de fuego estuvieron presentes en 102 de los casos registrados.

Uno de los episodios más impactantes ocurrió en enero de este año, cuando fueron hallados enterrados en Santiago los cuerpos de Reini Rodríguez y Rodolfo Martínez, cobradores de una empresa de préstamos desaparecidos mientras realizaban labores de cobro.

Los expedientes policiales muestran un patrón recurrente: discusiones por deudas, represalias, cobros compulsivos y enfrentamientos que terminan en violencia.

La cobranza del miedo

Raúl conoce perfectamente las reglas del negocio.

"Imagínate una mujer que te diga que no tiene leche pa´ el niño. Hay que buscar los cuartos obligao", dice entre risas.

Los prestamistas nunca pierden contacto con él. Cuando se quedó sin teléfono celular, uno de ellos le entregó otro equipo por el que todavía paga 200 pesos diarios.

"Ellos nunca pierden. Si uno deja de pagar tres veces, le suben 200 pesos al pago"Raúl de la RosaMotorista

Luego describe la presión psicológica que acompaña el cobro.

"Meten su terror psicológico. ´Uaa, uaa, te voy a matar´. Pero mentira; nadie quiere matar a nadie".

En Santiago Oeste el método cambia poco. Allí conocen estas operaciones como Rapiditos o Cuartos Rápidos.

Carmen —nombre ficticio— ha recurrido en varias ocasiones a estos préstamos. Cuenta que los prestamistas comienzan con cantidades pequeñas y, una vez generan confianza, ofrecen sumas cada vez mayores.

"Comienzan con 5,000 pesos. Después prestan 50,000 y hasta 100,000".

A veces ni siquiera esperan que el cliente solicite el dinero.

"Ellos te dejan una cantidad encima de los muebles y te dicen que la uses".

Cuando aparecen los atrasos también llegan las humillaciones.

Desde grupos que acuden a insultar al deudor hasta comerciantes a quienes les destruyen la mercancía frente a los clientes.

"Lo peor es cuando ponen letreros frente a la casa que dicen: ´Mala paga, págame mi cuarto´."

Una banca paralela sobre ruedas

Las rutas dejaron hace tiempo de ser simples prestamistas de barrio.

En la región norte existen estructuras que diariamente recorren localidades desde Samaná, Nagua, Cotuí y San Francisco de Macorís hasta Moca, Tenares y Salcedo. En el este llegan a La Romana, El Seibo, Monte Plata y San Pedro de Macorís.

Los cobradores rara vez son propietarios del dinero. Funcionan como intermediarios que reciben comisiones por colocar y recuperar préstamos.

El negocio también se modernizó. Muchos utilizan aplicaciones móviles para administrar las cuentas y emiten recibos mediante dispositivos electrónicos similares a verifones. Antes de prestar investigan discretamente al cliente, aunque casi nunca exigen documentos.

En algunos vehículos viajan hasta cinco personas: conductor, cobradores, secretaria y personal de seguridad.

El vacío que deja la banca

La expansión de estas rutas refleja una limitación persistente del sistema financiero formal.

Don Máximo vende mangos en el Mercado Nuevo de Villa Francisca. Acaba de pagar una cuota diaria de 850 pesos por un préstamo de 30,000 pesos durante 46 días.

"El prestamista solo te pregunta cuánto necesitas".

Con los bancos, dice, la historia es distinta.

Le exigen garante, referencias, comprobantes de ingresos y varios días de espera para terminar escuchando que no califica o que recibirá menos dinero del solicitado.

"Si solicitas 20,000 pesos, te dicen que calificas para 10,000".

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Don Máximo, vendedor en el Mercado Nuevo de Villa Francisca. (DIARIO LIBRE/INDHIRA SUERO ACOSTA)

Víctor conoce el negocio desde el otro lado.

Hace 10 años comenzó prestando pequeños ahorros en Sabana Perdida. Hoy su ruta incluye Los Tres Brazos, Los Mina y San Isidro, donde atiende alrededor de 150 clientes por semana.

"Estos préstamos tampoco favorecen al que no está bien económicamente, pero es la única forma porque la situación está muy crítica", dice.

Un fenómeno que preocupa

Para Fabricio Gómez Mazara, director del Consejo Nacional de Promoción y Apoyo a la Micro, Pequeña y Mediana Empresa (Promipyme), las rutas prosperan porque llenan espacios que el sistema financiero regulado no ha logrado cubrir y porque encuentran terreno fértil cuando disminuye la liquidez.

Le preocupa especialmente que el fenómeno continúe expandiéndose hacia el sur del país, donde predominan actividades agrícolas con ciclos productivos largos.

Recuerda el caso de Samaná, donde prestamistas llegaron a confiscar productos de pescadores y buhoneros que se atrasaban en los pagos.

Los conflictos alcanzaron tal nivel que autoridades locales solicitaron la intervención de Promipyme en provincias como Pedernales, Terrenas y San Francisco de Macorís.

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Los dominicanos prefieren el efectivo y los préstamos rápidos. En la foto, Raúl de la Rosa muestra que siempre anda con efectivo porque le ayuda en su labor de motoconchista. (DIARIO LIBRE/INDHIRA SUERO ACOSTA)

Nelson Núñez, alcalde de Samaná, recuerda incluso un altercado en el mercado municipal que terminó con la quema de una motocicleta durante un cobro compulsivo.

Ramón Espinal advierte otro riesgo: algunas estructuras comienzan a captar dinero de terceros prometiendo altos rendimientos, una práctica que podría derivar en esquemas financieros irregulares.

Para Elba Mercedes Pimentel, vicepresidenta del Banco de Ahorro y Crédito Adopem, el fenómeno confirma la necesidad de ampliar la educación financiera y acercar soluciones de crédito regulado a sectores históricamente excluidos.

Un negocio en zona gris

Pese a su expansión, las rutas operan en un terreno legal difuso.

El Ministerio Público explica que la usura no constituye un delito penal autónomo en la República Dominicana. Los préstamos entre particulares se consideran relaciones de naturaleza civil.

Cuando aparecen amenazas, agresiones o coacciones, las investigaciones se registran bajo otros tipos penales, lo que impide medir con precisión cuántos hechos violentos tienen su origen en deudas derivadas de estos préstamos.

La Oficina Nacional de Estadística tampoco produce indicadores específicos sobre financiamiento informal, mientras Pro Consumidor solo interviene como mediador en algunos conflictos, sin facultades regulatorias sobre este mercado.

El precio de resolver

En la parada de motores de la estación Rosa Duarte del Metro conviven dos maneras de enfrentar la necesidad.

Geraldo utiliza tanto bancos como prestamistas.

Joniel no quiere saber de dinero prestado en la calle.

"No le cojo dinero a prestamistas. Engañan más".

Geraldo, en cambio, admite que la rapidez tiene un precio.

"No me importa pagar un chin más. Uno acude para resolver vainitas del motor o cosas que necesita para ya".

La frase resume la lógica que sostiene este sistema financiero paralelo.

Mientras el crédito formal continúe siendo lento o inaccesible para miles de trabajadores informales, las rutas seguirán recorriendo barrios y comunidades con dinero en efectivo. Lo que ofrecen no es el préstamo más barato. Es el más inmediato. Y, para muchos dominicanos, esa diferencia vale más que cualquier tasa de interés.

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Periodista y docente universitaria, creadora de la columna Negrita Come Coco. Es exbecaria Fulbright y posee una maestría de la Universidad del Sur de la Florida. Entre sus coberturas se destacan historias sobre derechos humanos, migración, género y temas del Caribe.