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Sin reformas económicas y sociales, la RD caería en trampa del nivel medio de prosperidad

Investigador recomienda al país atender cambios empresariales y sociales de manera simultánea

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Sin reformas económicas y sociales, la RD caería en trampa del nivel medio de prosperidad
Vista aérea de una parte del polígono central del Distrito Nacional. (ARCHIVO DIARIO LIBRE)

Para que la República Dominicana convierta el dinamismo económico del cual goza en la actualidad en prosperidad sostenida para su población necesita con urgencia reformas simultáneas, tanto económicas como sociales, en tres áreas específicas: profundidad en los mercados financieros, facilitar la entrada y formalización de nuevas empresas y cerrar la brecha digital y la exclusión social.

Estos son los principales hallazgos sobre el país del primer Informe de prosperidad IMD para América Latina y el Caribe, publicado por el Centro de Competitividad Mundial (WCC), en el cual se evalúan 34 economías de la región en cuatro pilares: desafíos económicos, gobernanza e instituciones, dinámica gerencial y empoderamiento social, utilizando 78 indicadores.

  • Las naciones se clasifican en el informe en ocho niveles: desde A1 (más alto) hasta D2 (más bajo), ubicándose la República Dominicana en B2 (nivel 4). Aunque el estudio reconoce el crecimiento económico del país, advierte del estancamiento en el nivel medio de prosperidad, "una trampa" en la que se ubican la mayoría de las economías de la región.

Previo a la presentación del informe, Diario Libre entrevistó a José Caballero, autor principal de la investigación y economista jefe del IMD WCC.

El informe establece que el país ha logrado construir un dinamismo económico real, pero que enfrenta limitaciones estructurales en su capacidad gerencial y social que le impiden consolidarlo en prosperidad sostenida, ¿qué hacer en lo adelante para mejorar esta situación?

 

El cuello de botella más urgente es el gerencial, lo que implica la necesidad de profundizar los mercados financieros, facilitar la entrada y formalización de nuevas empresas e integrar la economía en segmentos de mayor valor agregado. Todas estas son condiciones necesarias para que el dinamismo económico actual se convierta en prosperidad sostenida.

En lo social, la brecha digital y la exclusión juvenil son las señales de alerta más concretas y atenderlas no es solo una agenda social, es una condición para que el crecimiento se sostenga a largo plazo. La exclusión afecta, por ejemplo, la calidad del talento disponible, la productividad y la demanda.

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Infografía
José Caballero, economista y autor del informe. (FUENTE EXTERNA)

La advertencia central del informe, sin embargo, es que ninguna de estas agendas funciona de manera aislada. República Dominicana necesita no solo una reforma en un área específica, sino mayor alineación entre su capacidad económica, su desarrollo empresarial y su inclusión social, avanzando en los tres frentes de manera simultánea y coherente.

Cuando habla de una base gerencial y social insuficientemente, ¿a qué se refiere?

 

El informe usa "capacidad gerencial" para referirse a la capacidad de las empresas de ser productivas, innovar, acceder a financiamiento y competir en mercados sofisticados. En el caso dominicano, esto se traduce en una estructura empresarial poco densa, mercados financieros poco profundos y una integración limitada en sectores de alto valor agregado.

Por su parte, la dimensión social se refiere a las condiciones que determinan si la población puede participar plenamente en la economía. Por ejemplo, acceso a oportunidades, conectividad digital, calidad educativa y distribución equitativa de los frutos del crecimiento. Cuando estas condiciones son débiles, el crecimiento económico no se traduce en movilidad social ni en capital humano suficiente para sostenerlo a largo plazo.

¿Puede esa limitación poner en peligro el crecimiento sostenible a futuro de la economía dominicana?

 

Sí, y el informe sugiere que ya lo está haciendo en cierta medida. El crecimiento dominicano es real, pero opera sobre una base empresarial y financiera poco profunda, lo que lo hace vulnerable. Una economía que crece sin diversificar su estructura productiva, sin profundizar sus mercados financieros y sin construir capital humano suficiente tiende a alcanzar un techo.

El dinamismo actual puede sostenerse en el corto plazo, pero sin atender estas limitaciones estructurales, la probabilidad de estancarse en un nivel intermedio de prosperidad, que es precisamente la trampa en la que el informe ubica a la mayoría de las economías de la región, es considerable.

Una parte de la población suele no creer en el crecimiento económico, precisamente porque no lo percibe en la mejora de su calidad de vida, ¿cuáles políticas públicas o privadas se pueden implementar para que la ciudadanía que genera ese dinamismo económico lo perciba?

 

El informe no prescribe políticas específicas, pero sus hallazgos apuntan en una dirección clara: el problema no es el crecimiento en sí mismo, sino cómo se distribuye. En el caso dominicano, la brecha digital y la exclusión juvenil son los dos puntos de entrada más evidentes. Una población sin conectividad adecuada y con un cuarto de su juventud fuera del mercado laboral formal no puede participar plenamente en una economía que crece. Atender ambas cosas simultáneamente con inversión pública en infraestructura digital y programas de inserción laboral para jóvenes sería una forma concreta de hacer visible el crecimiento en la vida cotidiana.

En el ámbito empresarial, facilitar la formalización y el acceso al financiamiento para pequeñas y medianas empresas permitiría que el dinamismo económico se difunda más ampliamente en lugar de concentrarse en sectores o actores específicos.

La percepción ciudadana del crecimiento mejora cuando los avances económicos se traducen simultáneamente en mejor acceso a servicios, más oportunidades laborales de calidad y menor desigualdades. Cuando solo mejora uno de esos frentes, el crecimiento sigue sintiéndose lejano para una parte importante de la población.

El informe dice que la densidad de nuevas empresas es de apenas 1.5 por cada 1,000 personas. ¿cómo influiría esto a futuro para la sostenibilidad del dinamismo económico del país?

 

Una baja densidad empresarial es una señal de que el dinamismo económico está concentrado en un número reducido de actores, lo que lo hace estructuralmente frágil. Las nuevas empresas son el principal mecanismo a través del cual una economía renueva su base productiva, genera empleo formal, difunde innovación y desarrolla competencia.

Las empresas existentes tienen menos incentivos para innovar y mejorar su productividad y la economía tiende a reproducir las mismas estructuras productivas en lugar de sofisticarse. En resumen, si República Dominicana no logra ampliar y dinamizar su estructura empresarial, su crecimiento seguirá siendo real, pero concentrado, lo que limita tanto su sostenibilidad como su capacidad de convertirse en prosperidad amplia para la población.

¿Está República Dominicana desaprovechando la oportunidad para dar el salto cualitativo hacia niveles superiores de prosperidad?

 

El informe no hace ese juicio directamente, pero los datos permiten una lectura honesta: República Dominicana llega al momento actual con algunas condiciones favorables. Crece, invierte por encima de la media regional y su productividad tiene una trayectoria ascendente.

En ese sentido, no está mal posicionada en términos relativos. Sin embargo, las limitaciones estructurales que el informe identifica, especialmente en capacidad gerencial y empoderamiento social, son precisamente las que determinan si una economía puede convertir un momento favorable en un salto cualitativo o si simplemente lo transita sin transformarse.

¿Cuáles entiende usted que son los principales retos económicos, de cara a mantener ese dinamismo, que enfrenta el país?

 

El primero es la concentración productiva. Una economía con baja densidad empresarial y exportaciones de bajo contenido tecnológico es vulnerable a choques sectoriales.

El segundo es el financiamiento. Sin mercados de capital profundos, las empresas dominicanas tienen acceso limitado al financiamiento de largo plazo que necesitan para escalar, innovar y competir en segmentos más sofisticados.

El tercero es la presión fiscal. El pago de intereses de la deuda pública consume una proporción relevante del presupuesto, lo que reduce el espacio del Estado para invertir en las condiciones que el dinamismo económico necesita, incluyendo la infraestructura, educación y conectividad digital.

El cuarto reto, y quizás el más estructural, es el capital humano. Una economía que aspira a escalar hacia actividades de mayor valor agregado necesita una fuerza laboral más calificada y mejor conectada. La exclusión juvenil y la brecha digital son, en ese sentido, no solo problemas sociales sino restricciones económicas fundamentales.

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Periodista especializado en economía y finanzas. Desde 2012, ejerce la profesión en diversos medios de comunicación.