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La ruta de Duarte en Venezuela 1845-1864 (II)

Primera escala en los puertos de la memoria: La Guaira

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La ruta de Duarte en Venezuela 1845-1864 (II)
La Guaira, Venezuela, no solo como un puerto estratégico y comercial, sino como el escenario fundamental de los exilios y la vida familiar de Juan Pablo Duarte, Padre de la Patria Dominicana. (FUENTE EXTERNA)

La Guaira será un testigo de excepción de las idas y venidas del Padre de la Patria Dominicana en Venezuela a todo lo largo de su vida. Allí viajara en 1841 para realizar diligencias relativas al comercio de ferretería de su padre y aprovechara con sus tíos Mariano y José Prudencio Diez y otros dominicanos residentes en Caracas para impulsar la organización de lo concerniente a la causa de la separación dominicana. A este puerto también llegara en su primer exilio de 1843. Y por este puerto caribeño iniciaría su segundo y más prolongado exilio en el país suramericano en 1845. Por aquí regresara en 1864 en el epilogo de su existencia.

500 años antes de la llegada de Colón, los aborígenes arawacos que poblaron el litoral central de Venezuela fueron desplazados por los Caribes quienes formaron la nación Tarma. Aqui en este litoral, en el poblado indígena conocido como Huaira, Francisco Fajardo, un mestizo guaiquerí fundó "La Villa del Rosario" en 1555. Pero su fundación definitiva, ocurre el día de San Pedro y San Pablo, un 29 de junio de 1589, de allí el nombre de "San Pedro de La Guaira". Ya con anterioridad, Diego Ruiz de Vallejo, contador de Real Hacienda de la Provincia de Venezuela, en carta al Rey Felipe II, hablaba del puerto de La Guaira.

Recién fundada, es tomada por piratas holandeses e ingleses de la flota de filibusteros comandados por Sir Walter Raleigh. Los españoles decidieron fortificar el puerto y controlar por un solo camino el tránsito a Caracas. A lo largo de los siglos XVII y XVIII el puerto y el poblado es sitiado, bombardeado, ocupado y sufre el constante asedio de piratas y corsarios. Todas las incursiones resultan rechazadas. La Guaira fue el primer escenario bélico de la "Guerra de la Oreja de Jenkins" en 1739 con el ataque de la flota inglesa del Almirante Edward Vernon. En 1743 el puerto es atacado nuevamente sin éxito por otra escuadra inglesa de 19 buques al mando del Almirante Charles Knowles. Todos estos episodios debieron influir en la decisión de aumentar la seguridad de las fortificaciones del puerto y ello contribuyó a que las edificaciones del puerto y su entorno adquirieran una singular relevancia.

La Guaira se caracterizó por ser una incómoda rada que, debido a los inclementes vientos y corrientes marinas, no prestaba abrigo a los barcos, con las consiguientes dificultades para la carga y descarga de mercancías y el traslado de los pasajeros. La ausencia de un muelle adecuado obligaba a que los buques anclaran mar afuera, de donde los marineros traen a tierra las mercancías, o las embarcan, lo que no se puede hacer, sin que las mercancías se mojen, porque las olas son tan fuertes que pasan hasta sobre la cabeza de los marineros.

De acuerdo con los diferentes testimonios de quienes conocieron este importante puerto marítimo a comienzos del siglo XIX, La Guaira no era muy atractiva que se diga, a los ojos de los viajeros que recalaban en su existencia. El orden y la división de la ciudad misma obedecían a la irregularidad y estrechez de aquellos parajes. Periódicamente allí se hacían presentes enfermedades endémicas; epidemias, que causaban estragos significativos entre la población. Las calles son angostas, torcidas y mal pavimentadas; las casas miserablemente construidas... Decía el explorador y naturalista Humboldt "está mal construida, pero bastante bien fortificada" (...) El mismo autor agregaba lo siguiente: "La Guaira no tenía antes de la revolución, ninguna administración municipal (cabildo), como la mayoría de las otras ciudades de ese país; estaba gobernada por un comandante de plaza que reunía en su persona la autoridad civil y militar (...) El gobierno sólo ha querido hacer un puesto militar y el comercio se ha contentado con tener un embarcadero para la capital".

Sin embargo, en el periodo que llega Duarte a ese puerto, La Guaira republicana conservaba y vivía un importante auge comercial, el cual desarrollaría aún más su primer lugar en el comercio exterior de Venezuela, posición que ya ostentaba desde el período colonial, gracias a su proximidad con Caracas, el centro político- administrativo de ese país y hacia donde fluían las materias primas exportables y llegaban las importaciones. El comercio de Caracas se especializaba en la distribución de las mercancías que ingresaban por La Guaira y también en el almacenamiento de las materias primas que luego eran despachadas hacia ese puerto, lo cual significaba un intenso comercio con Puerto Cabello, Maracaibo, Carúpano, Cumana y Angostura y adicionalmente se recibían además frutos que llegaban directamente desde las costas de Barlovento y del Litoral Central para ser embarcados con destino al exterior y el intenso comercio con Saint Thomas, El Havre, Amsterdam, Bremen, Hamburgo y Nueva York. La familia Duarte junto a Vicente Celestino y Juan Pablo en 1845 van a residir allí en una estancia de 8 mil metros cuadrados, que desde 1841, poseía Mariano Díez Jiménez, tío de Duarte, en la conurbación de La Guaira - Maiquetía frente a lo que es hoy la Plaza del Maestro, antes de emprender el camino a Caracas. No serán pocas las veces que Duarte en sus idas y venidas desde la Capital pernoctara en el lugar.

Ubicadas en la calle Bolivar del casco colonial las casas comerciales extranjeras llenaron el vacío del monopolio colonial y se desarrollaron con gran éxito a lo largo de las décadas posteriores, entre ellas las firmas pertenecientes a Boulton y Blohm, dos ejemplos muy representativos del gremio mercantil. El británico John Boulton, establecido en La Guaira desde 1826, es el fundador de una de las principales sociedades de comercio del país. Georg Blohm, alemán, originario de Lübeck, se asocia en 1829 con Dalla Costa en Angostura y, a partir de 1835, constituye en La Guaira una firma que se destacara por la amplitud de sus operaciones. El General Juan Pablo Duarte fue también uno de sus destacados trashumantes. En los registros de la Casa Boulton y G. Blohm & Co. reposan aun los sobordos de viajes realizados, relación de negocios y recibos de correspondencia enviada y recibida por Duarte.

El caserón frente al puerto que albergo a la Compañía Guipuzcoana, emblemático centro del poder colonial, es para 1845 la administración aduanal de la República y sirvió de alojamiento a figuras entre las cuales destacan al intendente del puerto en 1823, José María de Rojas y Ramos casado con María Dolores Espaillat, ambos dominicanos y padres del intelectual y político José María Rojas Espaillat, así como del primer cronista de Caracas Arístides Rojas Espaillat y toda su familia. En febrero de 1827, antes de subir a Caracas, el Libertador Simón Bolívar se aloja en la casa. Así también, en 1844 el prócer Francisco Aranda y el general José Antonio Páez en 1847. Allí también encontraremos a partir de 1877, a José Ayala Bofill, intendente del puerto y su esposa Matilde Duarte Rodríguez, junto con Rosa, Francisca y Manuel Duarte Diez, quienes están a su cuidado. En este escenario tanto Rosa como Francisca desarrollaran una intensa labor social junto al Padre Santiago Machado encargado de la Ermita del Carmen de La Guaira y fundador unos años después del Hospital de San José, donde muere Francisca en 1889.

El gobierno de Monagas de este primer periodo (1847-1851) y que inicialmente se apoya en los grupos conservadores y luego rompe con ellos, se caracteriza por la aplicación de una serie de medidas personalistas y arbitrarias. El mismo se verá signado por los sucesos del 24 de enero de 1848 que culminan con el violento asalto al Congreso Nacional por parte de Monagas y la imposición de su poder personal. Todos los amigos y relacionados con Juan Pablo toman partido en las filas liberales y confrontan al Monagato. Duarte cierra filas en el liberalismo más intransigente y no podía ser de otro modo.

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