Cuando la Constitución también protege a los ríos (Clase 25)
¿Por qué la Constitución habla del medio ambiente?

La pantalla del aula mostraba una frase que capturó de inmediato la atención de los estudiantes: "Derecho a un medio ambiente sano."
La pregunta inicial fue sencilla, pero profunda: ¿por qué la Constitución habla del medio ambiente?
Durante mucho tiempo, el cuidado de la naturaleza fue visto como un tema separado de los derechos ciudadanos. Algo importante, sí, pero distante de las discusiones sobre justicia, democracia o institucionalidad. Sin embargo, la Constitución dominicana plantea algo distinto.
Leímos en voz alta el Artículo 67, que establece la obligación del Estado de prevenir la contaminación, proteger los recursos naturales y garantizar que las personas puedan vivir en un entorno saludable. La lectura permitió comprender algo fundamental: el medio ambiente no es solo un paisaje que debemos preservar; es una condición indispensable para la vida.
Cuando el agua se contamina, no solo se daña un ecosistema. También se afecta la salud de las comunidades, la producción de alimentos y la calidad de vida de quienes dependen de esos recursos.
Para ampliar la reflexión observamos fragmentos de la película Aguas Oscuras, basada en un caso real de contaminación industrial que afectó durante años a miles de personas. La historia muestra cómo decisiones económicas tomadas sin responsabilidad ambiental pueden tener consecuencias profundas cuando las instituciones fallan en proteger el interés público.
Después del video, el aula se llenó de preguntas.
¿Quién responde cuando un río se contamina? ¿Quién protege a las comunidades que viven cerca del agua? ¿Puede el desarrollo justificar el daño ambiental?
La Constitución ofrece una respuesta clara: el desarrollo debe ser sostenible. Esto significa que el progreso económico no puede destruir los recursos naturales que sostienen la vida de las generaciones presentes y futuras.
En la actividad titulada "Si el río pudiera hablar...", los estudiantes imaginaron lo que diría un río cercano a su comunidad si pudiera contar su historia. Algunos escribieron que pediría cuidado. Otros que reclamaría justicia. Otros recordaron algo elemental: que el agua es vida.
El ejercicio permitió comprender algo importante: cuando los jóvenes reflexionan sobre el medio ambiente desde una perspectiva constitucional, comienzan a entender que la naturaleza no es solo un recurso que se utiliza. Es un patrimonio común que debe ser protegido.
Al final de la clase volvimos a la pregunta inicial. Tal vez los ríos no hablan con palabras. Pero sí hablan a través de sus cambios, de su deterioro o de su recuperación.
Escucharlos es también escuchar lo que la Constitución nos recuerda: proteger el medio ambiente no es una opción secundaria. Es una responsabilidad colectiva que garantiza la vida de hoy y de mañana.
Porque cuando se protege un río, también se protege la vida.
Esperanza.





Pablo Ulloa