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Gobernar es prever

El dilema de las vacas flacas en la economía dominicana

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Gobernar es prever
El país desaprovechó un período de bonanza y crecimiento para ejecutar reformas estructurales pendientes en sectores como el eléctrico y de hidrocarburos. (ARCHIVO DIARIO LIBRE)

En el libro del Génesis se cuenta que el faraón de Egipto tuvo un sueño que nadie podía interpretar. En el sueño aparecían siete vacas gordas que luego eran devoradas por siete vacas flacas. José, llamado para interpretar el sueño, dio una explicación sencilla pero poderosa: vendrían siete años de abundancia seguidos por siete años de escasez. Y le hizo una recomendación al faraón: durante los años buenos, Egipto debía ahorrar, almacenar y prepararse, porque cuando llegaran los años malos, solo sobrevivirían los que hubieran previsto.

El faraón entendió algo fundamental: gobernar no era administrar la abundancia, era prepararse para la escasez.

La historia tiene miles de años, pero la lección sigue siendo la misma: los países no se miden por lo que hacen en los años malos, sino por lo que hacen en los años buenos.

La República Dominicana tuvo años buenos. La economía creció, las recaudaciones aumentaron, el turismo se recuperó, entraron más divisas y el Estado tuvo más ingresos que nunca. Eran los años para hacer las reformas que siempre se posponen: ordenar subsidios, transformar el sistema eléctrico, revisar la ley de hidrocarburos, reducir el gasto corriente improductivo y construir un colchón fiscal para cuando llegaran tiempos difíciles.

Pero esos años pasaron, y las reformas no se hicieron.

Y en política, posponer las decisiones difíciles casi siempre tiene un costo.

Un costo que no se ve de inmediato, pero que aparece cuando cambia el ciclo económico, cuando el mundo se complica y cuando los países descubren si estaban preparados o no.

Durante estos años, el gobierno ha gobernado muchas veces mirando la coyuntura, las redes sociales y la reacción inmediata, con una lógica de zigzagueo constante: un paso hacia adelante, dos hacia atrás, siempre bajo la idea de que rectificar en el corto plazo es gobernar bien. El problema es que gobernar no es solo escuchar el ruido del presente; gobernar también es escuchar el silencio del futuro.

Y lamentablemente, mientras se escuchaba el ruido del día a día, no se escuchó el sonido de la crisis que se estaba acercando. Y la crisis, como siempre ocurre, llegó sin avisar y nos encontró con reformas pendientes, con un Estado más grande pero no más eficiente, con un sistema eléctrico que sigue siendo un peso enorme para las finanzas públicas y con poco espacio fiscal para proteger a la población sin generar más problemas hacia adelante.

Ese es el verdadero desafío que tenemos hoy como país.

Porque cuando los países usan los años buenos para fortalecerse, pueden proteger a su gente en los años malos. Pero cuando los años buenos se utilizan para expandir el gasto corriente, multiplicar subsidios sin orden y posponer las decisiones difíciles, entonces los años malos los termina pagando la población.

Gobernar no es administrar el presente.

Gobernar es anticipar el futuro.

Y anticipar implicaba tomar decisiones que no siempre son populares, pero que son necesarias: reformar sectores que todo el mundo sabe que necesitan reformas, focalizar subsidios, priorizar la inversión productiva sobre el gasto corriente y construir reservas para los momentos difíciles.

Porque al final, las crisis internacionales no se pueden controlar.

Lo que sí se puede controlar es si un país llega fuerte o llega débil a esas crisis.

Egipto sobrevivió porque guardó en los años de abundancia.

Los países que no se preparan en los años buenos, siempre sufren en los años malos.

La historia tiene miles de años repitiendo la misma lección.

La pregunta es si estamos dispuestos a aprenderla.

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El autor es especialista en Gobernabilidad y Gestión Pública y fue Director de Competitividad de la República Dominicana.