Duarte en La Vega: la casa que abrió sus puertas al Padre de la Patria
La visita de Juan Pablo Duarte a La Vega y su hospedaje en la casa de las señoritas Villa, un episodio íntimo de la historia de la Independencia dominicana

En la historia de la Independencia Nacional hay momentos que parecen pequeños cuando se miran desde la distancia, pero que adquieren una enorme dimensión cuando se comprende lo que estaba en juego.
La llegada de Juan Pablo Duarte a La Vega, en junio de 1844, fue uno de esos momentos.
Duarte no llegó a La Vega como un simple viajero. Llegó como general de la naciente República, como delegado de la Junta Central Gubernativa y, sobre todo, como el hombre que había dedicado su juventud a construir el proyecto de una patria libre, soberana e independiente.
Su viaje comenzó el 20 de junio de 1844. La Junta Central Gubernativa lo había enviado al Cibao para intervenir en las discordias políticas que amenazaban con dividir a los dominicanos y para contribuir a restablecer la paz y el orden.
En aquellos días existía, además, una fuerte controversia alrededor de los planes de establecer un protectorado francés sobre la nueva República.
Duarte salió de Santo Domingo a caballo, acompañado por jóvenes oficiales, entre ellos Juan Evangelista Jiménez y Félix Mariano Lluberes.
Su recorrido lo llevó por San Carlos, Villa Mella, Hacienda Estrella, Guanuma, Cevicos y Cotuí, antes de continuar hacia La Vega. Los caminos no eran los de hoy. Era una travesía difícil, realizada a caballo y por caminos rurales, atravesando montañas, ríos y zonas de escasa comunicación.
El 24 de junio llegó a Cotuí, donde permaneció hasta el día siguiente. El 25 emprendió nuevamente el camino hacia La Vega y llegó a la ciudad al anochecer.
Allí lo esperaba una población que conocía su nombre, sus ideas y su sacrificio por la libertad. Fue recibido por el presbítero José Eugenio Espinosa y Azcona, amigo y compañero de Duarte en los trabajos por la independencia, acompañado por autoridades locales.
Y fue entonces cuando la historia puso a Duarte bajo el techo de una familia que ya había entregado su cuota de sacrificio a la causa nacional: la familia Villa del Orbe.
Las señoritas Villa
Las llamadas señoritas Villa eran María del Carmen, María Francisca Angustia y Manuela Estefanía Villa del Orbe, hijas de Juan Ramón Villa y María de la Antigua del Orbe Núñez.
Su padre había sido una figura destacada de la sociedad vegana y había desempeñado diversas funciones públicas y militares. Sin embargo, cuando Duarte llegó a La Vega en junio de 1844, Juan Ramón Villa ya había fallecido, pues murió el 13 de noviembre de 1843.
Por eso, es importante hacer una precisión histórica: Duarte no llegó a La Vega en 1844 para visitar a los padres de las señoritas Villa, porque su padre ya había fallecido.
Su visita estuvo relacionada con sus vínculos con la familia Villa y con el ambiente patriótico que estas mujeres habían ayudado a construir en la ciudad.
Las Villa habían adquirido un lugar especial en la historia dominicana.
Ellas confeccionaron la primera bandera dominicana que ondeó en La Vega y en la región del Cibao el 4 de marzo de 1844. La bandera no era simplemente una pieza de tela.
Representaba el nacimiento de una nueva identidad nacional y la voluntad de los veganos de respaldar la República recién proclamada.
En aquella casa, por tanto, Duarte encontró mucho más que alojamiento. Encontró personas que habían abrazado el ideal por el cual él había luchado desde la fundación de La Trinitaria.
Duarte permaneció en La Vega hasta el 29 de junio. Rosa Duarte dejó consignado que permaneció allí varios días para complacer a sus amigos y al pueblo, que lo había recibido con grandes demostraciones de afecto.
El 29 salió rumbo a Santiago, donde fue recibido triunfalmente al día siguiente.
La Vega y el sueño de Duarte
La visita de Duarte tuvo una importancia política extraordinaria. La Vega ya había demostrado su adhesión a la causa independentista.
El 4 de marzo de 1844 había formalizado su pronunciamiento a favor de la independencia y había izado el pabellón tricolor, convirtiéndose en el primer pueblo del Cibao en hacerlo, según la tradición histórica local.
Cuando Duarte llegó, encontró un Cibao dispuesto a defender la República y una población que veía en él al principal ideólogo de la independencia.
Su presencia también reveló algo que trascendía la política: la enorme popularidad que había alcanzado su figura. Durante su recorrido por el Cibao, distintas comunidades llegaron a verlo como la persona llamada a conducir los destinos de la nueva República.
En Santiago, pocos días después de abandonar La Vega, el entusiasmo llegó al punto de que fue proclamado como candidato a la Presidencia.
Pero Duarte no había emprendido aquel viaje para buscar la Presidencia.
Había salido de Santo Domingo para cumplir una misión de servicio a la República.
Ese detalle permite comprender mejor al hombre detrás del héroe. Duarte no viajaba rodeado de comodidades.
Cabalgaba durante días por caminos difíciles, acompañado por jóvenes oficiales, llevando consigo un proyecto político que todavía era frágil y que enfrentaba amenazas internas y externas.
La casa de las Villa, un símbolo
La permanencia de Duarte en la casa de las Villa convirtió aquel hogar en un lugar de enorme significado histórico.
Allí se encontraron dos expresiones de la Independencia Nacional: el pensamiento de Duarte y la acción patriótica de las mujeres veganas que habían confeccionado la bandera que ondeó en el Cibao.
Por eso, recordar la visita de Duarte a La Vega no debe limitarse a decir que el Padre de la Patria estuvo algunos días en la ciudad. Hay que comprender el significado humano de aquel encuentro.
Duarte llegó a una ciudad que había abrazado su proyecto de nación. Entró en una casa donde mujeres dominicanas habían demostrado que la independencia no era solamente asunto de soldados y políticos. También era tarea de madres, hermanas, jóvenes y familias enteras.
La historia de la independencia fue construida por hombres y mujeres que, desde diferentes lugares, aportaron lo que tenían.
Algunos entregaron sus armas; otros sus recursos; otros su inteligencia; y las señoritas Villa pusieron sus manos al servicio de la bandera que representaba la nueva República.
Cuando Duarte abandonó La Vega el 29 de junio rumbo a Santiago, dejó atrás una ciudad que había demostrado su fidelidad a la causa nacional. Y dejó también, en la memoria vegana, una de las páginas más hermosas de su historia.
La visita de Juan Pablo Duarte a La Vega fue, en definitiva, un encuentro entre el fundador de una idea de nación y una comunidad que había decidido hacerla suya.

Frank Hernández
Frank Hernández