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Seis años de transformación del turismo dominicano

La diversificación turística fortalece la economía nacional

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Seis años de transformación del turismo dominicano
El turismo como motor económico y social. (ARCHIVO)

Hace seis años, hablar de turismo era hablar de incertidumbre. La pandemia había paralizado los aeropuertos, cerrado hoteles, suspendido rutas aéreas y colocado en riesgo cientos de miles de empleos. Para una economía como la dominicana, en la que el turismo constituye una fuente esencial de divisas, inversiones y oportunidades, aquella crisis representaba mucho más que una temporada perdida: amenazaba uno de los pilares fundamentales de nuestra estabilidad económica.

Desde entonces, la transformación ha sido extraordinaria. La República Dominicana no solo recuperó el terreno perdido, sino que entró en el periodo de mayor expansión turística de su historia. Pasamos de gestionar una crisis sin precedentes a superar los diez millones de visitantes en 2023, alcanzar alrededor de 11.2 millones en 2024 y cerrar 2025 cerca de los 11.7 millones. Durante el primer semestre de 2026 llegaron más de 6.6 millones de visitantes, lo que permite proyectar un cierre anual cercano a los doce millones.

Conviene precisar que las estadísticas oficiales de visitantes incluyen tanto a quienes llegan por vía aérea como a los pasajeros de cruceros. Son modalidades con duración de estadía, gasto e impacto económico diferentes. Aun haciendo esa necesaria distinción metodológica, el crecimiento registrado resulta incuestionable.

La primera gran conquista fue la recuperación de la confianza. En medio de la emergencia sanitaria, el país articuló una respuesta entre el Gobierno, los hoteles, la banca, los aeropuertos, las aerolíneas y los turoperadores. Los protocolos de seguridad, la asistencia al viajero, la reapertura responsable y una promoción internacional sostenida permitieron que la República Dominicana avanzara más rápidamente que muchos destinos competidores.

En 2021, mientras gran parte del turismo internacional continuaba limitado, nuestro país recibió cerca de cinco millones de visitantes no residentes por vía aérea, generó más de 5,600 millones de dólares en divisas y recuperó una parte importante de los empleos perdidos. Para 2022, la recuperación era prácticamente total y los ingresos turísticos superaban los 8,400 millones de dólares.

A partir de ese momento comenzó una nueva etapa. El turismo dejó de ser únicamente uno de los sectores que encabezaban la recuperación económica y pasó a convertirse en un motor de expansión. Los ingresos en divisas continuaron aumentando hasta acercarse a los 12,000 millones de dólares en 2025. Durante el primer trimestre de 2026 volvieron a mostrar un crecimiento significativo.

Estas divisas no benefician exclusivamente a las empresas hoteleras. Contribuyen a la estabilidad cambiaria, fortalecen las reservas internacionales, financian importaciones y dinamizan la construcción, el transporte, la agricultura, el comercio, la gastronomía y los servicios financieros. El turismo constituye una extensa cadena productiva que comienza mucho antes de la llegada del visitante y continúa después de su salida.

Otro logro relevante ha sido el crecimiento del turismo de cruceros. En pocos años, el país prácticamente duplicó el volumen anterior a la pandemia, impulsado por Amber Cove, Taíno Bay, La Romana, Santo Domingo y la incorporación de Port Cabo Rojo. La apertura de este último no representa solamente una nueva terminal: significa la entrada del suroeste dominicano a las grandes rutas internacionales de cruceros y una oportunidad histórica para una región que durante demasiado tiempo permaneció al margen de las principales corrientes de inversión.

La diversificación territorial constituye, precisamente, uno de los avances más prometedores. Miches ha pasado de ser una aspiración a convertirse en un destino con hoteles de prestigio internacional e inversiones cercanas a los mil millones de dólares. Cabo Rojo avanza con puerto, hoteles, acueducto, vías, aeropuerto y programas de capacitación. Punta Bergantín procura relanzar el turismo de Puerto Plata mediante una oferta que incorpora innovación, entretenimiento y producción cinematográfica. La revitalización de la Ciudad Colonial fortalece el turismo histórico, cultural y gastronómico.

También se promueven nuevas marcas para Samaná, Santiago y la Costa del Ámbar, junto con modalidades como el turismo deportivo, de salud, de reuniones, de naturaleza y de experiencias. Esta ampliación es necesaria para reducir la concentración territorial, atraer visitantes con intereses diversos y aumentar el gasto promedio.

La conectividad aérea ha sido otra pieza determinante. La recuperación de rutas, el incremento de frecuencias y la incorporación de nuevos mercados han permitido consolidar nuestras relaciones tradicionales con Estados Unidos, Canadá y Europa, al mismo tiempo que crecen las llegadas desde América del Sur. El acuerdo para aumentar las operaciones de Iberia durante 2026 es una muestra de la confianza que mantiene el destino dominicano.

Todo esto ha sido posible por una combinación acertada de liderazgo público, inversión privada y continuidad institucional. La gestión del presidente Luis Abinader y del ministro de Turismo, David Collado, merece un reconocimiento objetivo. La promoción basada en información, la presentación periódica de resultados, la interlocución con el sector privado y la utilización de las ferias internacionales como espacios de negocios han contribuido a reposicionar al país.

El éxito, sin embargo, no debe llevarnos a la complacencia. Cada récord alcanzado aumenta también nuestras responsabilidades. La próxima etapa no puede medirse exclusivamente por el número de personas que cruzan nuestros aeropuertos y puertos. Debemos evaluar cuánto gastan, cuánto tiempo permanecen, qué proporción de ese gasto llega a las comunidades y cuánto de lo consumido ha sido producido en la República Dominicana.

Necesitamos fortalecer los encadenamientos con la agricultura, la agroindustria, la pesca, la artesanía, la cultura y las pequeñas empresas. Cada habitación hotelera debe representar una oportunidad para nuestros productores; cada crucero, una posibilidad real para comerciantes, guías y emprendedores; y cada nuevo destino, una vía de movilidad social para sus habitantes.

También debemos acelerar la inversión en agua potable, saneamiento, movilidad, vivienda, seguridad, salud y manejo de residuos. El crecimiento de la infraestructura hotelera no puede continuar avanzando a una velocidad muy superior a la de las ciudades que sostienen esa actividad. Sin territorios organizados, servicios adecuados y comunidades integradas, ningún modelo turístico será sostenible a largo plazo.

Esta reflexión tiene una importancia especial para La Altagracia. Nuestra provincia concentra una parte sustancial de las llegadas internacionales, las habitaciones hoteleras, el empleo y las inversiones turísticas del país. Sin embargo, ese extraordinario aporte convive con problemas de tránsito, crecimiento urbano desordenado, saneamiento, vivienda, seguridad y limitaciones presupuestarias de los gobiernos locales.

Reconocer esta realidad no disminuye los logros nacionales. Por el contrario, nos permite protegerlos. Invertir en La Altagracia no constituye un privilegio regional, sino una decisión estratégica para garantizar la sostenibilidad del principal destino turístico dominicano. La riqueza generada por el territorio debe traducirse en una capacidad institucional y financiera suficiente para atender las consecuencias de su crecimiento.

Igualmente, debemos enfrentar con mayor determinación el sargazo, la erosión costera, la presión sobre los acuíferos y la vulnerabilidad climática. La sostenibilidad ya no puede ser un complemento de la promoción turística; debe convertirse en uno de sus criterios centrales. Preservar nuestras playas, áreas protegidas y recursos naturales es proteger el capital fundamental de esta industria.

Los resultados de estos seis años deben llenarnos de orgullo y optimismo. La República Dominicana demostró capacidad para responder a una crisis mundial, recuperar la confianza, atraer capitales y construir una marca turística reconocida internacionalmente. Pocos países lograron avanzar con igual rapidez y consistencia.

Ahora tenemos la oportunidad de dar un paso superior: convertir el liderazgo turístico en desarrollo territorial, mejores empleos y mayor bienestar colectivo. El país ya demostró que sabe atraer visitantes y generar inversiones. El próximo gran logro será conseguir que cada nuevo récord pueda medirse también en comunidades más prósperas, ciudades mejor organizadas y una calidad de vida más digna para quienes hacen posible, todos los días, el éxito del turismo dominicano.

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