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Deus ex machina

La soberanía tecnológica dominicana en riesgo

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Deus ex machina
Deus ex machina y la urgencia del talento STEM. (GENERADA CON IA)

Un fantasma recorre el mundo. Esta vez no es el comunismo. Es la inteligencia artificial.

El mundo sintió miedo.

Más de 150 millones de visualizaciones ha provocado el mensaje con el que Jacob Coxon explicó por qué abandonó Anthropic, una de las empresas que desarrolla los sistemas de inteligencia artificial más avanzados del mundo. Coxon trabajó también en OpenAI. Su advertencia es perturbadora: quienes construyen estos sistemas avanzan hacia inteligencias potencialmente superiores a la humana sin saber todavía cómo garantizar que permanecerán bajo nuestro control.

Pero la historia no comenzó con Coxon.

Elon Musk lleva años advirtiendo sobre riesgos existenciales asociados a la IA. En febrero, Mrinank Sharma, quien lideraba investigaciones de salvaguardas en Anthropic, también renunció.

Entonces llegó julio.

Durante pruebas con unos 1,200 agentes de OpenAI, sistemas consiguieron superar límites previstos del entorno experimental, organizaron un espacio de comunicación que acumuló unos 70,000 mensajes y llegaron a vulnerar Hugging Face. Anthropic y Meta reportaron incidentes similares y el Instituto de Seguridad de IA del Reino Unido documentó 19 acciones no autorizadas en evaluaciones.

No era la rebelión de las máquinas. Pero algo había cambiado: la pérdida de control dejaba de ser solo una hipótesis sobre el futuro y comenzaba a convertirse en un problema experimental.

Las señales se acumularon.

Más de 1,100 empleados de OpenAI, Anthropic, Google y Meta firmaron en julio Pacing the Frontier, reclamando mecanismos para frenar el desarrollo si la seguridad lo hace necesario.

Entonces habló Bill Gates.

El 26 de agosto escribió que no existe un plan para entrar en la era de la IA y que apoyaría un plan creíble para frenar globalmente sus avances. Advirtió sobre ciberataques, bioterrorismo, empleo, infraestructura crítica y pérdida de control.

Dos semanas después renunció Coxon y el pánico se hizo global. 

Conviene separar temor de evidencia. Una superinteligencia capaz de automejorarse indefinidamente todavía no existe. Nadie sabe si las predicciones más extremas se cumplirán.

Lo que existe es una carrera. Si una empresa desacelera, otra puede continuar. Si Estados Unidos frena, China puede avanzar. Todos comprenden el riesgo y, simultáneamente, tienen incentivos para acelerar.

Ese es el miedo del mundo.

El nuestro es otro.

República Dominicana gradúa alrededor de 8,700 profesionales STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas por sus siglas en inglés) al año: unos 790 por millón de habitantes. China produce alrededor de 3.5 millones, incluidos 1.5 millones de ingenieros. Estados Unidos gradúa unos 820,000 profesionales STEM e India alrededor de 850,000 ingenieros. China y Estados Unidos producen aproximadamente 2,550 y 2,400 profesionales STEM por millón. Nosotros, 790.

Apenas 15 % de nuestros graduados procede de estas disciplinas. En Costa Rica es  casi  el 38 %.

Antes, esa brecha era productividad. Ahora es soberanía.

Bancos, redes eléctricas, telecomunicaciones, centros de datos y sistemas gubernamentales estarán expuestos a capacidades tecnológicas cada vez mayores. Defenderlos requerirá ingenieros, científicos, matemáticos y especialistas capaces de comprender, auditar y enfrentar esos sistemas.

La soberanía del siglo XXI también será energía, datos, capacidad computacional y talento.

Solo el tiempo determinará si la IA será la más fructífera y transformadora de las invenciones humanas o si, como Babel, terminará siendo otra manifestación de nuestra soberbia: en el afán de alcanzar los cielos, podríamos terminar construyendo aquello que nos haga pequeños.

Pero para República Dominicana el peligro inmediato no es que las máquinas lleguen a ser lo suficientemente inteligentes como para someternos. Es no contar con suficientes dominicanos preparados para comprenderlas. Es contemplar como ciencia ficción una revolución que otros ya están convirtiendo en poder.

Deus ex machina era el recurso del teatro antiguo mediante el cual un dios aparecía desde una máquina para resolver aquello que los humanos ya no podían resolver.

Si no actuamos con la urgencia debida, como en el teatro antiguo, al final solo nos salvaremos si Dios mete su mano.

Y PISA no es un buen augurio.

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El autor es especialista en Gobernabilidad y Gestión Pública y fue Director de Competitividad de la República Dominicana.