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No se puede descubrir lo que no se permite explorar

Por qué la verdadera fiebre del cobre no depende de su precio actual

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No se puede descubrir lo que no se permite explorar
El control del cobre redibuja el comercio global. (SHUTTERSTOCK)

El cobre tocó esta semana un máximo histórico de 14,779 dólares por tonelada en la Bolsa de Metales de Londres. Es una cifra llamativa, pero es también la pregunta equivocada. Los commodities son cíclicos por naturaleza: suben, bajan, y una política minera construida alrededor de la cotización del lunes tiene la vida útil de esa cotización. Una mina, en cambio, se piensa en décadas —desde el primer sondeo de exploración hasta el cierre de la operación pueden pasar quince o veinte años—. Si el diseño de una estrategia minera depende de si el metal está en 9,000 o en 14,000 dólares, esa estrategia ya nació mal.

Lo que hace relevante al cobre no es el récord de esta semana. Es que detrás de ese récord hay tendencias estructurales de demanda que no dependen de un ciclo, sino de hacia dónde se mueve la economía mundial: electrificación, redes eléctricas, vehículos eléctricos, centros de datos y hasta defensa. La pregunta que vale la pena hacerse no es cuánto vale hoy el cobre, sino por qué el mundo va a necesitar cada vez más y por qué desarrollar nueva oferta está tomando tanto tiempo.

Los cuatro motores que no son coyuntura

El primero es la electrificación y las energías renovables. Cada parque eólico, cada planta solar y cada kilómetro de red eléctrica que se moderniza requiere cobre, porque sigue siendo el conductor más eficiente disponible a escala industrial. Goldman Sachs calcula que la infraestructura eléctrica y de redes explicará más del 60% del crecimiento de la demanda del metal hasta 2030.

El segundo es el transporte eléctrico. Un vehículo eléctrico consume alrededor de cuatro veces más cobre que uno de combustión interna, y eso sin contar la infraestructura de carga que hay que instalar detrás.

El tercero es el más antiguo y el más subestimado: la construcción y la infraestructura tradicional. Cableado, plomería, sistemas eléctricos de edificios y proyectos públicos siguen siendo, en volumen, una porción enorme de la demanda global, y crecen con cualquier expansión económica, tenga o no que ver con la transición energética.

El cuarto es el más nuevo: la inteligencia artificial y los centros de datos. Morgan Stanley proyecta que el consumo de cobre en centros de datos treparía a 740,000 toneladas en 2026 y rozaría el millón en 2027. BloombergNEF calcula un déficit acumulado de 6 millones de toneladas para 2035, empujado en buena parte por esa misma demanda. Ninguno de estos cuatro motores se apaga si el precio corrige. Por eso importan más que el número de esta semana.

El Congo y la geopolítica de los minerales

El 6 de agosto, la República Democrática del Congo —segundo mayor productor mundial de cobre y principal proveedor de cobalto— prohibió con efecto inmediato la exportación de concentrados de ambos minerales, buscando forzar el procesamiento dentro de sus fronteras y retener más valor de sus propios recursos. El anuncio movió de inmediato el precio internacional del cobre.

No es la primera vez que Kinshasa recurre a esta herramienta —ya lo había hecho en 2013, 2019 y 2023—, pero la decisión ilustra algo que va más allá del Congo: los minerales críticos dejaron de ser solo un tema de mercado y se convirtieron en un tema de geopolítica. Los países que los tienen están decidiendo, cada vez con más frecuencia, que no basta con extraer y exportar materia prima; quieren procesarla, capturar más valor y usar su posición como palanca de negociación.

El desafío dominicano no es imitar a nadie

Frente a ese escenario, el desafío para República Dominicana no es replicar el guion de Chile, Zambia o el propio Congo. Ninguno de esos países comparte nuestra escala, nuestra geología ni nuestras circunstancias, y sería irresponsable vender la idea de que el país se convertirá mañana en un gigante cuprífero. No lo somos, y no hay ningún dato hoy que sugiera que lo seremos.

La pregunta correcta es otra: ante un mineral que está adquiriendo relevancia estratégica mundial, ¿conocemos suficientemente nuestro potencial geológico? ¿Tenemos las condiciones institucionales para explorarlo de forma responsable? República Dominicana ya produce cobre —en Cerro de Maimón- pero la producción se ha mantenido plana durante más de una década, oscilando entre 6,000 y 11,000 toneladas métricas anuales, sin que haya mediado una campaña de exploración moderna y sistemática que confirme cuánto más hay realmente bajo tierra.

Ese es el punto ciego. No se trata de decidir hoy si el país debe o no convertirse en un exportador relevante de cobre; se trata de generar la información geológica necesaria para que esa decisión, cuando llegue, se tome con datos y no con expectativa.

La frase que debería guiar la conversación

No se puede explotar lo que no se ha descubierto, y no se puede descubrir lo que no se permite explorar. Esa es, en el fondo, la disyuntiva real detrás del ruido del precio del cobre. El mercado seguirá siendo volátil, los titulares seguirán hablando de récords y correcciones, pero la pregunta de fondo para República Dominicana no cambia con la cotización: si vamos a tener una postura seria frente a los minerales críticos del futuro, el primer paso no es fijar una meta de producción ni prometer una bonanza. Es invertir en conocer lo que tenemos.

TEMAS -

Director Ejecutivo, Cámara Minera Petrolera de la República Dominicana.