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Monseñor Nouel: muchos motores, una sola economía

Sostenibilidad ambiental y el auge ecoturístico como motores del futuro

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Monseñor Nouel: muchos motores, una sola economía
Monseñor Nouel y la transformación hacia un modelo de desarrollo diverso. (CEDIDAS POR PABLO ULLOA)

La productividad de un territorio no se mide únicamente por la potencia de su empresa más grande ni por el valor de su principal exportación. También se mide por su capacidad para conservar el conocimiento adquirido, adaptarse cuando cambia un ciclo económico y conseguir que industria, agricultura, comercio, energía, servicios y turismo comiencen a reforzarse entre sí. Esa es la oportunidad que encontré al recorrer Monseñor Nouel.

Durante décadas, Bonao y la gran minería estuvieron estrechamente asociados en el imaginario económico dominicano. Todavía en 2023, el 90 % de las exportaciones de Monseñor Nouel correspondía al ferroníquel. Ese grado de concentración permite entender tanto la importancia histórica de la actividad como el riesgo que supone para cualquier territorio depender excesivamente de un solo motor. Cuando una actividad dominante se contrae, sus efectos alcanzan trabajadores, contratistas, transportistas, suplidores, comercios y familias que durante años se organizaron alrededor de ella.

Pero quedarse en esa fotografía sería no comprender la economía actual de la provincia. El Banco Central registra que Monseñor Nouel pasó de 1,112 empresas formales en 2018 a 1,685 en 2024. Solo entre enero y septiembre de 2025 se reportaron RD$23,150.7 millones en operaciones comerciales, RD$12,095.5 millones en manufactura, RD$6,629.1 millones en otros servicios, RD$1,568 millones en cultivos tradicionales y RD$1,359.3 millones en hoteles, bares y restaurantes. La conclusión es relevante: la economía interna de Monseñor Nouel ya es considerablemente más diversa que su estructura exportadora.

Ahí está el verdadero punto de partida. La provincia no necesita sustituir un gran motor por otro. Necesita aprovechar todo lo que décadas de industrialización dejaron instalado. Técnicos, ingenieros, soldadores, transportistas, empresas de mantenimiento, contratistas y trabajadores acostumbrados a operar bajo estándares industriales constituyen capital productivo. Ese conocimiento no desaparece cuando una planta disminuye su actividad; puede trasladarse hacia manufactura, energía, construcción, mantenimiento industrial, logística y nuevos servicios. Productividad también significa reutilizar eficientemente el conocimiento acumulado.

Monseñor Nouel posee además una institución particularmente interesante para esa transición. La Ley 507-05 dispuso la transferencia de los beneficios correspondientes a 285,982 acciones que CORDE poseía en Falconbridge Dominicana, distribuyéndolos entre Monseñor Nouel, La Vega y Sánchez Ramírez, y el Decreto 527-06 estructuró el Consejo para el Desarrollo de la Provincia Monseñor Nouel. Es una idea institucional poderosa: una parte de la riqueza generada por un gran activo productivo debe contribuir a construir capacidades territoriales que lo trasciendan. El desafío permanente es conseguir que esos recursos se conviertan en infraestructura, conocimiento y proyectos capaces de aumentar la productividad futura.

Durante mi recorrido pude conversar también con la gobernadora Adela Tejada, cuya posición la coloca precisamente en uno de los espacios de articulación entre las prioridades provinciales y las instituciones nacionales. La coordinación importa especialmente en una economía que busca diversificarse, porque las decisiones sobre carreteras, agua, formación, inversión, agricultura, turismo y ordenamiento territorial no pueden ejecutarse como políticas aisladas.

Encontré esa misma necesidad de articulación en la Cámara de Comercio y Producción de Monseñor Nouel, presidida por Francisco Sang. La institución ha colocado entre sus objetivos el fortalecimiento empresarial, la innovación y la proyección de la provincia como espacio para inversión y desarrollo. Ese papel adquiere una importancia especial cuando la economía necesita ampliar su base: una Cámara no produce directamente todos los bienes de un territorio, pero puede conectar empresas, conocimiento, financiamiento e instituciones que de otra manera funcionarían separadamente.

Dentro de esa propia Cámara encontré un ejemplo pequeño en escala, pero grande en significado. Su primera vicepresidenta, Laura Batista, está vinculada a Repostería Miguelina, una de esas empresas que terminaron convirtiéndose en parte de la identidad de Bonao. Miguelina funciona en el kilómetro 91 de la Autopista Duarte y ha sabido transformar una ventaja aparentemente sencilla —estar situada sobre el principal corredor entre Santo Domingo y el Cibao— en una actividad comercial capaz de captar y retener parte del valor que diariamente atraviesa la provincia.

Lo interesante para una columna sobre productividad no es solamente que Miguelina sea conocida. Es observar cómo una empresa local puede ampliar el rendimiento de un mismo activo. Al negocio de panadería, repostería, restaurante y café se han añadido servicios complementarios: desde 2021 el establecimiento incorporó infraestructura de carga para vehículos eléctricos y, en 2024, Farmacias Los Hidalgos abrió una sucursal dentro del parador para atender tanto a residentes como a viajeros. La localización no cambió; cambió la cantidad de valor económico capaz de generarse alrededor de ella.

Ese caso resume una parte de la oportunidad provincial. La carretera por sí sola no crea productividad; la crea el empresario que convierte tránsito en demanda, demanda en empresa y empresa en empleos, servicios e inversión. Monseñor Nouel está colocado sobre uno de los corredores terrestres más importantes del país. Esa geografía puede aprovecharse mucho más mediante logística, servicios al transporte, comercio, gastronomía, manufactura y actividades vinculadas al movimiento constante de personas y mercancías.

La agricultura constituye otro motor. Arroz y otras actividades agropecuarias forman parte de una economía provincial que no comenzó con la minería y que puede adquirir mayor peso mediante mecanización, manejo eficiente del agua, procesamiento y acceso a mercados. Como hemos encontrado en otros territorios, producir más no siempre exige incorporar más tierra. Muchas veces exige obtener mayor rendimiento de la disponible y conseguir que una mayor proporción del producto sea transformada antes de abandonar la provincia.

Monseñor Nouel posee una fuerte vinculación con la generación hidroeléctrica: el río Yuna, que nace en la Cordillera Central y atraviesa la provincia junto con afluentes como el Blanco, el Maimón, el Juma y el Jima, alimenta represas que aportan electricidad limpia a buena parte del país. Pero esos mismos cauces son también la fuente de la arena y la grava que demanda la construcción, y el sostén de comunidades ribereñas, agricultura y pesca. Extraer agregados de un río no es una actividad aislada de la energía que ese río genera río abajo: erosiona las orillas, altera el caudal y puede sedimentar los embalses de los que depende la generación. Por eso la decisión adoptada en 2026 por el Ministerio de Medio Ambiente de suspender temporalmente la extracción de agregados en cauces de Monseñor Nouel, mientras se realizaba una evaluación técnica, no fue un capricho regulatorio: fue reconocer que el mismo río que genera electricidad, riega cultivos y sostiene comunidades no puede tratarse como una cantera inagotable. Esa es la regla económica que este recorrido confirma una y otra vez: la productividad que destruye el capital natural del cual depende termina reduciendo la productividad futura.

Ese patrimonio natural puede convertirse además en otro motor económico. La Ley 4-26, promulgada en enero de 2026, declaró a Monseñor Nouel provincia ecoturística y reorganizó su Consejo de Desarrollo Ecoturístico. El valor de esa legislación no estará simplemente en la declaración, sino en su capacidad para generar pequeñas y medianas empresas alrededor de alojamiento, gastronomía, transporte, guías, actividades recreativas, productos locales y servicios. El objetivo debe ser que conservar ríos, montañas y paisajes no sea visto como lo contrario de producir, sino como una condición para desarrollar actividades capaces de generar ingresos durante décadas.

Ahí aparece la característica que terminó definiendo para mí a Monseñor Nouel. La provincia tiene industria, conocimiento técnico, empresas locales, agricultura, agua, energía renovable, naturaleza y una localización excepcional. No le faltan motores; necesita conectarlos.

Un trabajador formado por la industria puede prestar servicios a otra empresa. Un productor puede abastecer restaurantes y actividades turísticas. Una empresa familiar puede transformar una autopista en mercado. Una actividad ecoturística puede crear demanda para transportistas, productores y comercios. Una Cámara puede conectar empresarios; la Gobernación puede articular instituciones nacionales; y un Consejo de Desarrollo puede ayudar a transformar recursos provenientes de la riqueza minera en capacidades para el futuro. Cuando esas conexiones aparecen, el territorio comienza a producir más valor sin necesariamente disponer de más recursos.

Por eso las 1,685 empresas formales de Monseñor Nouel representan algo más que una estadística. Detrás de la imagen histórica de una gran industria existe un tejido empresarial que puede convertirse en la principal fuente de resiliencia de la provincia. La tarea consiste en lograr que más de esas empresas crezcan, se tecnifiquen, encuentren nuevos clientes, se relacionen entre ellas y eleven su productividad.

Monseñor Nouel deja así una lección importante para la República Dominicana. Diversificar no significa renunciar a aquello que nos hizo productivos; significa utilizar lo aprendido para producir de nuevas maneras. La experiencia minera puede convertirse en conocimiento industrial; la ubicación, en servicios y logística; el agua, en energía y producción sostenible; el patrimonio natural, en economía ecoturística; y empresas locales como Miguelina demuestran que incluso un activo tan cotidiano como una carretera puede transformarse en una plataforma para generar valor.

La provincia no necesita encontrar otro único motor que sustituya al anterior. Su próximo salto consiste en conseguir que muchos motores comiencen a empujar en una misma dirección. Cuando una economía logra hacer eso, diversificar deja de ser solamente una estrategia para reducir riesgos y se convierte en algo mucho más importante: productividad.

TEMAS -

Defensor del Pueblo de la República Dominicana.