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¡Vamos a tomarnos un café!

La invitación a un gran pacto o diálogo entre diversos sectores

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¡Vamos a tomarnos un café!
Hospitalidad, convivencia y construcción de confianza. (SHUTTERSTOCK)

He escuchado incontables veces la invitación «vamos a tomarnos un café». Se hace al encontrar a un amigo, recibir una visita, terminar una jornada de trabajo o cuando alguien tiene algo importante que decirnos. A veces la aceptamos por el gusto de conversar; otras, porque intuimos que detrás hay una preocupación, una idea o una diferencia que merece atención. Aunque parece referirse a una bebida, casi siempre nos ofrece algo más valioso. Alguien quiere compartir su tiempo y espera que hagamos lo mismo. Quizás por su sencillez hemos dejado de observar cuánto revela esta costumbre sobre nuestra manera de relacionarnos.

En muchos hogares, ofrecer un café es una de las primeras respuestas a la llegada de alguien. Quien lo prepara deja por un momento sus ocupaciones y dispone una taza para el otro. En ese gesto se expresa una hospitalidad que no depende del tamaño de la casa ni de los recursos de la familia. Recibir bien comienza por reconocer la presencia de la otra persona y hacerle sentir que puede quedarse un rato. Por eso, el café servido en casa tiene un significado difícil de reproducir. Su valor está tanto en la atención como en la bebida que llega a la mesa.

Muchas razones pueden reunirnos alrededor de una taza. Buscamos compañía, pedimos consejo, celebramos una noticia o tratamos de comprender una dificultad. También conversamos para explorar un negocio, conocer mejor a alguien o retomar una relación que se ha enfriado. En una época de comunicaciones rápidas y fragmentadas, detenernos a escuchar conserva un valor que no deberíamos dar por supuesto.

Ese encuentro también ayuda a cuidar la convivencia. Sentarnos con alguien con quien discrepamos nos permite intentar comprendernos, pedir una explicación o admitir un error. El café no resuelve los conflictos, pero abre un espacio para enfrentarlos. En el trabajo y los negocios, una conversación puede originar un proyecto, revelar un problema o construir la confianza necesaria para colaborar. Muchos asuntos importantes comienzan con la disposición de dos personas a escucharse.

Esa disposición también puede servirnos ante problemas que superan el ámbito personal o profesional. Las decisiones económicas afectan de distintas maneras a familias, empresas y trabajadores. Escuchar esas experiencias ayuda a comprender mejor los problemas y valorar las alternativas. La conversación alrededor de un café puede ser una imagen sencilla de lo que necesitamos como sociedad, sentarnos juntos para generar confianza, alimentar la esperanza y asumir compromisos con objetivos comunes.

Pienso en esa necesidad al recordar las advertencias que presentó en Santiago el ministro de Hacienda y Economía, Magín Díaz, el pasado 29 de septiembre. Se refirió al costo de amortiguar el encarecimiento internacional de los combustibles, a la presión sobre unas finanzas públicas con margen limitado y a la necesidad de sostener la inversión. También señaló desafíos de largo plazo, como la pobreza infantil, la calidad de la educación y la productividad. Según las cifras presentadas, el subsidio a los combustibles acumulaba RD$36,000 millones y podría alcanzar RD$50,000 millones este año si continúa el conflicto en Oriente Medio. 

Las noticias de esta semana muestran que no se trata de una advertencia lejana. Para mantener sin variación los principales combustibles del 3 al 9 de octubre, el Gobierno destinó RD$1,490.9 millones en subsidios. La medida alivia el impacto sobre los consumidores y hace más visible la necesidad de conversar sobre cómo distribuir los recursos entre la protección de los hogares, la inversión y otras necesidades sociales. 

Quizás sea un buen momento para que el Gobierno dé continuidad y amplíe el diálogo que ya ha iniciado con algunos sectores. En junio, representantes empresariales y sociales se reunieron con el ministro de Hacienda y Economía para conversar sobre las medidas ante la crisis internacional. Ahora podría extenderse esa conversación a representantes políticos, empresariales, laborales y sociales en un encuentro más amplio. Una invitación sencilla, con disposición a escuchar. «Vamos a tomarnos un café». 

El propósito sería comprender mejor los riesgos que enfrenta el país, escuchar cómo afectan a cada sector y reconocer qué decisiones podrían resultar necesarias. Un diálogo así puede construir confianza, crear esperanza y generar compromisos con objetivos que trasciendan la coyuntura. Entre ellos hay dos activos que debemos cuidar con especial atención, la estabilidad macroeconómica y la paz social. Son parte del patrimonio más valioso de nuestra sociedad y una condición para proteger el bienestar de las familias y las oportunidades de las próximas generaciones.

La conversación tendría que abordar tanto las urgencias como las decisiones de largo plazo. Si los recursos públicos son limitados, ¿cómo enfrentar las nuevas presiones y atender las necesidades prioritarias considerando los actuales niveles de deuda y déficit fiscal? ¿Qué cambios mejorarían la gestión presupuestaria y el uso de los recursos? ¿Cómo sostener la inversión, proteger el empleo y apoyar a los más vulnerables, distribuyendo los costos de los ajustes de manera justa? Y, ante decisiones difíciles, ¿cómo preservar la confianza y la paz social necesarias para alcanzar acuerdos y cumplirlos? No espero que una taza de café produzca respuestas fáciles ni que todos salgan pensando igual. Sí esperaría que quienes tienen responsabilidades distintas pudieran reconocer prioridades compartidas, explicar sus diferencias y asumir compromisos verificables.

Acostumbramos invitar a tomar café cuando queremos recibir a alguien, acercarnos o iniciar una conversación difícil. Sería significativo que esa disposición también encontrara lugar en los asuntos del país. El Gobierno podría hacer la invitación y cada sector acudir con voluntad de escuchar, hablar con franqueza y hacerse cargo de su parte. Luego habría que convertir lo conversado en decisiones claras y dar seguimiento a lo acordado. La taza no resolverá nuestros desafíos, pero puede ayudarnos a comenzar de una manera que conocemos bien. Sentándonos juntos a la mesa.

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