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PISA: estamos en la escuela, pero ¿estamos aprendiendo?

Entre avances e insuficiencias: el diagnóstico de PISA sobre la juventud dominicana

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PISA: estamos en la escuela, pero ¿estamos aprendiendo?
El desafío educativo: formar mentes críticas frente al reto de la inteligencia artificial. (MAGNIFIC)

Los resultados de PISA nos colocan otra vez frente a una realidad que debemos examinar sin pesimismo, pero  sin complacencias. La educación en nuestro país ha mostrado señales de mejoría, particularmente cuando se comparan algunos indicadores con evaluaciones anteriores. Eso merece reconocerse. Pero una cosa es avanzar y otra es haber llegado adonde necesitamos estar.

Y todavía estamos lejos.

PISA no mide simplemente cuántos conocimientos ha memorizado un estudiante. Intenta determinar qué puede hacer un joven de 15 años con lo aprendido: si comprende lo que lee, si puede utilizar las matemáticas para resolver situaciones y si posee conocimientos  suficientes para interpretar problemas de la vida real.

Ahí comienza nuestra preocupación.

Los resultados muestran que una proporción muy elevada de los estudiantes dominicanos permanece por debajo de los niveles mínimos de competencia. La situación resulta especialmente grave en matemáticas, pero también preocupa en lectura y ciencias.

Un dato importante: cerca de siete de cada diez estudiantes dominicanos evaluados no alcanzan simultáneamente el nivel básico en las tres áreas fundamentales.

¿Qué significa eso?

Significa que podemos tener escuelas, maestros, libros, computadoras, desayuno y almuerzo escolar, tanda extendida y miles de millones de pesos destinados cada año a la educación, pero una parte considerable de nuestros muchachos llega a los 15 años sin dominar las herramientas intelectuales que necesitará para desenvolverse  en una sociedad cada vez más exigente.

El problema, entonces, no es solamente estar en la escuela. El problema es aprender en la escuela.

Durante muchos años, la gran batalla fue ampliar la cobertura educativa. Luego conquistamos el 4 % del producto interno bruto para la educación preuniversitaria, una demanda que movilizó a buena parte de la sociedad dominicana y permitió mejorar infraestructuras, ampliar servicios y llevar mayores recursos al sistema.

Pero el 4 % nunca fue el objetivo final. Era un instrumento.

Quince años después de aquella conquista, corresponde formular una pregunta: ¿estamos obteniendo, en términos de aprendizaje, resultados acordes con el enorme esfuerzo económico que realiza el contribuyente dominicano?

PISA parece responder que todavía no.

Eso tampoco significa que todo esté perdido ni que nada haya mejorado.            Sería injusto afirmarlo. Los resultados muestran progresos respecto de etapas anteriores, especialmente en ciencias. El país no está exactamente en el mismo lugar donde comenzó su participación en estas evaluaciones internacionales.

Pero avanzar desde muy atrás no significa que hayamos dejado de estar atrás.

Existe otro elemento que merece atención: la inteligencia artificial. ¿Se ha evaluado el uso que se le está dando a esta tecnología en las aulas y sus posibles efectos sobre el aprendizaje?

Debemos volver la mirada hacia el aula.

¿Qué está ocurriendo allí? ¿Cuánto tiempo se dedica a enseñar? ¿Estamos formando adecuadamente a nuestros maestros? ¿Tienen autoridad para mantener un ambiente propicio para el aprendizaje? ¿Estamos enseñando a leer comprendiendo lo que se lee y no simplemente a pronunciar palabras? ¿Estamos enseñando matemáticas para razonar o solamente para aprobar exámenes?

También debemos preguntarnos si hemos confundido durante demasiado tiempo escolarización con educación.

Un niño puede permanecer ocho horas dentro de una escuela y aprender poco. Puede recibir alimentación, uniforme, libros y transporte, todos servicios necesarios, y aun así terminar el año escolar sin dominar las competencias correspondientes a su grado.

Ese es quizás el mensaje más importante que nos deja PISA.

No necesitamos utilizar sus resultados para repartir culpas ni convertir la educación en otro campo de batalla partidista. Necesitamos utilizarlos como un espejo.

Y los espejos tienen una virtud: no insultan ni adulan. Simplemente muestran lo que tienen delante.

PISA nos está diciendo que hemos conseguido que muchos de nuestros muchachos estén en la escuela.

Ahora nos corresponde conseguir algo bastante más difícil:

Que la escuela esté verdaderamente dentro de ellos.

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