La Altagracia: el progreso no puede convivir con el miedo
La clave para que la seguridad ciudadana acompañe al crecimiento económico

La provincia La Altagracia vive una paradoja preocupante: mientras su economía crece, el turismo se expande y las inversiones se multiplican, la seguridad ciudadana continúa siendo uno de sus grandes desafíos. Porque de nada sirve exhibir desarrollo económico si los ciudadanos y visitantes sienten temor al transitar por las comunidades.
Higüey, Verón-Punta Cana, Bávaro, La Otra Banda y otras localidades enfrentan desafíos relacionados con robos, hurtos, sustracción de motocicletas, microtráfico y delitos contra la propiedad. La inseguridad no solamente produce pérdidas materiales; también deteriora la convivencia, debilita la confianza institucional y limita la libertad de las personas.
El reciente despliegue del nuevo modelo de patrullaje policial representa una oportunidad importante. Sin embargo, la seguridad no puede medirse únicamente por la creación de cuadrantes, la cantidad de agentes desplegados, operativos realizados o vehículos incorporados. Debe medirse por resultados concretos y sostenibles.
La provincia necesita una estrategia integral que contemple cinco acciones fundamentales:
Primero: establecer un mapa provincial del delito, identificando sectores vulnerables, horarios críticos y modalidades delictivas para distribuir eficientemente los recursos policiales.
Segundo: fortalecer el patrullaje preventivo permanente, acompañado de iluminación pública, recuperación de espacios abandonados y sistemas de videovigilancia sujetos a controles legales.
Tercero: desarrollar programas de prevención dirigidos a jóvenes, mediante formación técnica, oportunidades laborales, actividades deportivas y acompañamiento comunitario.
Cuarto: crear mesas municipales de seguridad por asociaciones de juntas de vecinos, con participación de autoridades, comerciantes, iglesias y organizaciones sociales, estableciendo compromisos verificables.
Quinto: implementar evaluaciones públicas trimestrales que permitan conocer la evolución de los delitos, los tiempos de respuesta policial y la efectividad de las intervenciones.
Pero existe otra responsabilidad impostergable: combatir la impunidad, garantizar investigaciones efectivas y recuperar la confianza ciudadana en las instituciones; sin olvidar la responsabilidad del sistema judicial, el cual debe asumir un papel determinante, garantizando procesos ágiles, sanciones oportunas conforme a la ley y una respuesta firme frente a la delincuencia.
La seguridad no puede convertirse en una promesa electoral ni depender de operativos ocasionales. Requiere presupuesto, planificación, continuidad y voluntad política.
La Altagracia no necesita acostumbrarse al miedo; necesita recuperar la tranquilidad como un derecho, no como un privilegio.
Porque una provincia verdaderamente desarrollada no es solamente aquella que recibe millones de turistas, sino aquella donde sus habitantes y visitantes pueden caminar, trabajar y vivir sin temor.

Paul Beswick
Paul Beswick