No hay salida honrosa
Ucrania, Indochina y la torpeza de los poderosos
La guerra provocada por Rusia al invadir Ucrania deja tantas lecciones que es difícil asimilarlas al ritmo que se desarrolla. Una de ellas, que era impensable que Rusia no pudiera vencer a Ucrania en poco tiempo y que casi cuatro años después, el zar Putin necesitara que Estados Unidos le resolviera el asunto.
Una escena de matones en la Casa Blanca nos mostró a un Trump siendo Trump, a un Vance impresentable en sus modales y en su discurso tratando de aplastar anímicamente al "presidente de un país en guerra", como el mismo Zelensky se definió.
Y de propina, estúpidos comentarios sobre si debía llevar traje o no, e impúdicas bravuconadas exigiendo disculpas y agradecimientos. Vergüenza ajena.
Ya no hay espacio para una salida honrosa para Trump, ni para Putin, ni para Zelensky, aunque él ha hecho lo que le correspondía: luchar por la libertad de su país cuando fue invadido. Europa, despistada y decadente, aún debate si bastará defender sus "valores" con palabras, como si la situación no demandara otra respuesta.
Lo demás, amarres diplomáticos y tierras raras de por medio como botín de guerra (o de paz)... son circunstanciales.
Putin no ha ganado, Zelensky tampoco y Trump ha perdido la batalla diplomática que le devolvería parte del respeto que parece empeñado en perder.
La derrota de Francia en Indochina, Vietnam para Estados Unidos, la de Rusia en Afganistán... son lecciones que la Historia deja para algo. Los poderosos, cuando van perdiendo, no saben cómo salir del atolladero: que Putin necesite a Trump para ganar una guerra que él mismo empezó parece un episodio de Black Mirror.
Apenas terminábamos de ver la escena del Despacho Oval cuando el inefable Maduro amenazaba la tranquila prosperidad petrolera de Guyana. Es difícil seguir el ritmo a los matones.