Dearborn: Interview al 30M
La verdad detrás de las relaciones entre EE. UU. y Trujillo, el testimonio de Henry M. Dearborn

Henry M. Dearborn (1913, Lawrence, MA) obtuvo BA en Historia en Dartmouth College y MA en Yale. En Washington se vinculó a la Foreign Policy Association e ingresó al servicio exterior en 1941 como vicecónsul en Colombia y oficial consular en Ecuador. En el State encabezó el Escritorio de Ecuador y de Argentina, dirigiendo la Oficina de Asuntos Sudamericanos. Regresó a misión a cargo de la sección política en Lima. Al egresar del National War College fue designado DCM, luego Cónsul General y Jefe interino de la CIA en República Dominicana. Pasando luego como DCM a Bogotá y a México.
En 1975 debió testificar ante la Comisión Presidencial Rockefeller y el Comité Senatorial Church que investigaban las operaciones clandestinas de la CIA, asesinatos de jefes de Estado y complots contra gobiernos extranjeros. En 1991 fue entrevistado por Charles S. Kennedy, cuya sección dominicana hemos traducido, editado y comentado en esta 1ra entrega para Diario Libre.
"P: Te asignaron a Ciudad Trujillo, donde prestaste servicio del 59 al 61. ¿Cómo surgió tu asignación y qué hiciste? Dearborn: Desde un punto de vista fue lo más importante, ya que las relaciones con la dictadura de Trujillo, con la cual lidiamos 30 años, se deterioraron rápido, dando un giro repentino. Fui como Deputy Chief of Mission (DCM), segundo a bordo, al embajador pedir la remoción de mi predecesor.
P: ¿Quién era el embajador? Dearborn: Joseph Farland. No se llevaba bien con su DCM e hizo que lo quitaran. Justo cuando yo salía del War College. Recuerdo que Bill Snow, subsecretario adjunto para Latinoamérica, me llamó para notificarme dónde iría destinado. Me contó la dificultad causada por mi predecesor, quien habló más de la cuenta fuera de la Embajada. Fui elegido por varias razones, una, que "no hablaba mucho".
P: Estoy leyendo el libro de Martin (John Bartlow) titulado Overtaken By Events. Nunca me centré en República Dominicana, pero al parecer el régimen de Trujillo era tan odioso como el peor que se pudiera tener. Sin embargo, nos disgustaba Perón, que era blanco como la nieve al compararse con Trujillo. Dearborn: Perón estaba exiliado allí, pero se fue antes de yo llegar.
P: ¿Podría explicar nuestra relación y la situación en 1959? Dearborn: Durante muchos años, aunque EE. UU. no lo aprobara del todo, Trujillo mantuvo la ley y el orden, organizó el país, lo higienizó, construyó obras públicas y no nos causó molestias. Así que estuvo bien para nosotros.
Cuando llegué sus iniquidades se volvieron tan grotescas que varios grupos políticos y de derechos civiles ejercían una gran presión en EE. UU. y el hemisferio, para hacer algo al respecto. Tenía sus cámaras de tortura, sus asesinatos políticos y forzaba a las personas a hacer cosas indeseadas. Tomaba a un líder empresarial y le decía: "Quiero que pronuncies un discurso alabándome". Veía un negocio exitoso y exigía una gran tajada.
Todas estas cosas se acumulaban y la oposición estaba creciendo. En el pasado hubo intentos infructuosos de asesinarlo. Tres pilares principales lo mantenían en el poder: Estados Unidos, porque éramos semi amistosos y no hacíamos nada para sacarlo del poder; la Iglesia Católica, que tenía su visión general y todo lo que Trujillo debía hacer era construirle algunos templos y ser amable, a cambio ella estaba dispuesta a tolerarlo; y la comunidad empresarial, porque mantenía la ley y el orden, organizando el país cuando antes fue un desastre.
Pero justo antes de yo llegar, ya el embajador Joseph Farland allí, la comunidad empresarial estaba harta de la forma en que era tratada. La Iglesia católica sintió que no podía seguir con este paria porque la estaba desacreditando. EE.UU. recibía presión de varios sectores en el país y en el extranjero para hacer algo con el monstruo.
Sus relaciones personales con nosotros empeoraron. Envió a su hijo Ramfis a Leavenworth, a la Escuela Superior del Ejército y no se lo tomó en serio. Pasó buena parte en la costa oeste en su yate saliendo con Kim Novak y otras actrices. Cuando llegó la graduación, le negaron algún tipo de reconocimiento. A Ramfis nunca le habían dicho que no y estaba furioso. Trujillo se encolerizó también y lo consideró un desaire.
Algunos de nuestros embajadores entendieron que debían llevarse bien con Trujillo. Joe Farland opinaba diferente. Comenzó a reportar todas sus iniquidades: la cámara de tortura, quiénes habían sido asesinados y bajo cuáles circunstancias. Trujillo escogía a una persona honorable y le escribían cartas anónimas en la prensa cuestionando su integridad. Recuerdo el caso de una doctora de quien se dijo era lesbiana. Cosas así... La gente estaba desapareciendo. Se temía hablar en donde pudieran escucharte.
Recuerdo a un reportero del US News and World Report que vino a la ciudad. Pasó unos días y vivió experiencias desagradables. Un día me contó: "Sabes, estuve dos años en Moscú, pero nunca sentí miedo hasta que llegué aquí". "Una noche estaba sentado en la habitación del hotel con la puerta cerrada. Esta se abrió y entró un hombrón monstruoso, se quedó mirándome y luego, sin mediar palabra, dio la vuelta y salió" Buscaban intimidarlo para que no dijera nada contra el gobierno.
Trujillo también tenía unos cuantos ángeles en los EE.UU. Senadores del Sur que creían que era genial. Algunas figuras públicas que estuvieron allí...P: ¿Quiénes eran? Dearborn: El senador Eastland fue uno de ellos. P: Oh, de Mississippi. Dearborn: No fue el único. No sólo los senadores, sino también hombres de negocios a los que quería engatusar. Regresaban a EE.UU. tras recibir el trato de alfombra roja y decían cosas positivas. P: ¿Cómo actuamos en la Embajada? Cuando estas personas iban y recibían el trato de alfombra roja, ¿les dábamos una imagen precisa de lo que sucedía? Dearborn: Algunas veces eludieron la Embajada y en otras los favores se les situaban en EE.UU.
P: ¿Tuvo la sensación de que la Embajada estaba dando un giro y que trataba de decir realmente cómo estaba la situación? Dearborn: Sí, para cuando llegué sí. No sólo mientras estuve allí, ya antes de llegar Farland lo estaba haciendo.
P: ¿Cómo se llevaban Farland y Trujillo? Dearborn: Progresivamente peor cuanto más tiempo permaneció allí. He olvidado cuándo llegó Farland (designado 20/5/57, presentó credenciales 7/8/57), pero llevaba más de un año. Desde luego, cuando llegué, Trujillo ya había empezado a percibir que Farland estaba hablando con la oposición. Se suponía que no debía haber oposición, pero de vez en cuando te podían pillar hablando con alguien con quien no se quería que hablaras y te enterabas. Así que las relaciones no eran muy buenas.
Arribé el 1ro de julio de 1959 y teníamos la fiesta del 4 de julio. Trujillo siempre había sido invitado y cuando asistía, por razones de seguridad, se habilitaba una habitación separada con una persona especial que lo esperara solo. Fue la última vez que estuvo en la Embajada. Los informes al Departamento de Estado se orientaron cada vez más a criticar las cosas que andaban mal.
P: ¿Recibió algún comentario del Departamento que indicara que al Senador Eastland no le gustaba esto o aquello? Dearborn: No, no tuvimos presión alguna para moderar nuestros informes. Pero las presiones de los derechos humanos y otros grupos sobre el Departamento y nuestro gobierno eran tales, que la actitud del gobierno de los EE. UU. estaba cambiando. Siendo Farland el embajador se elaboró un plan para cooperar con la oposición pronorteamericana y notificarle que si derrocaban a Trujillo la apoyaríamos. Otros opositores, exiliados, eran bastante izquierdistas, liderados por Juan Bosch y el Departamento no favorecía que tomaran el poder. Ese fue un plan elaborado en Washington.
En Diario Libre 5/7/24 ("El Factor Farland") consigné el giro de Eisenhower ante la ola democratizadora que abatía a los Rojas Pinilla, Pérez Jiménez y Batista. Farland cumpliría una riesgosa misión: amistarse con Trujillo, apoyar la disidencia y persuadir al dictador a dejar el mando., advirtiéndole su asesinato inminente vía Flor de Oro.
Farland partió en mayo del 60 y me hice cargo de la Embajada. En agosto del 60, rompimos relaciones diplomáticas, resultado de la reunión de Ministros de Exteriores en Costa Rica. Todas las repúblicas americanas votaron a favor de romper relaciones diplomáticas con Trujillo debido a la presión ejercida por Venezuela, ya que Trujillo intentó asesinar al presidente Betancourt en un atentado, un hecho indiscutible. Sus agentes fueron capturados y Venezuela exigió solidaridad. No fuimos reacios porque para entonces también nos sentíamos bastante mal.
Creo fue el 21 de agosto que se rompieron las relaciones diplomáticas, aunque continuamos con las consulares. Así que pasé a ser Cónsul General. Tres semanas antes de la ruptura ni siquiera tenía el exequátur, pero lo obtuve justo a tiempo.
P: ¿Cuál es el permiso para realizar tareas consulares en un país? Dearborn: Sabiendo que íbamos a romper, aunque ellos no lo sabían, envié la solicitud del exequátur para mí, el jefe de la sección política y quizás uno o dos más. Una vez rompiéramos, nadie quedaría para dirigir la oficina. No estaría el jefe de la sección política ni las agencias. Recibí los exequátur y en un par de semanas rompimos relaciones.
Siempre dije que fue la única vez que elegí a mi propio embajador. No quedaron muchos tras la ruptura de las repúblicas del hemisferio. Pero estaban los británicos, canadienses, chinos, japoneses, franceses, italianos. Sólo quedaron diez embajadas. Recomendé al Departamento consultar a Londres si el embajador británico podía representarnos, un tipo muy sensato. Estuve en lo correcto, él era genial. Le informé que romperíamos relaciones y llegado el día vino a la oficina con un montón de papelería británica: "Todo lo que tienes que hacer es escribir notas a Exteriores como siempre lo haces y enviármelas. Las firmaré". Luego comentó: "Por supuesto, vas a tener que aprender a escribir en inglés".
En La Fiesta del Chivo, Trujillo le dice a Abbes: "Nos dejaron a Dearborn -el pendejo de la CIA- y sus agentes para seguir tramando complots."