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El colapso de la disciplina en la escuela dominicana

El respeto que en otros tiempos los estudiantes mostraban a sus maestros, hoy es solo un sueño o parte de la historia

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El colapso de la disciplina  en la escuela dominicana
El profesor Naony Anderson Solano, agredido en el Liceo Juan Pablo Duarte de Villa Consuelo. (FUENTE EXTERNA)

La disciplina en la escuela dominicana colapsó. Hace tiempo desapareció. En los centros educativos, públicos y privados, impera el miedo, el irrespeto y el desorden. En ellos se ha enseñoreado el caos, la violencia y la ausencia de autoridad.

El respeto que en otros tiempos los estudiantes mostraban a sus maestros, hoy es solo un sueño o parte de la historia, y la imagen de "padres" que estos proyectaban ante sus pupilos ha sido borrada para siempre por los   vientos tempestuosos de una posmodernidad rebelde, permisiva y agresiva.

Para los estudiantes de las escuelas públicas y privadas, las normas docentes son solo esos: normas, y los profesores, unos más. Por esa razón, en estos centros imperan las agresiones, las riñas, el acoso, la burla al compañero y otras inconductas estudiantiles.

Por esa razón, cada día se reportan nuevos casos de alumnos y familiares golpeando a maestros.

Por esa razón, a una niña de origen haitiano, sus compañeros de clases no la dejaban respirar con el acoso y burlas constantes en el Colegio Leonardo Da Vinci, de Santiago de los Caballeros, hasta que finalmente pereció extrañamente ahogada en una piscina en la que compartía junto a otros estudiantes, como parte de una excursión escolar.

Por esa razón, no hace mucho, una profesora y una estudiante se enfrentaron a golpes en plena calle del sector Capotillo, de la capital.  Por esa razón, hace apenas una semana un profesor del Liceo Juan Pablo Duarte, también de la capital, fue masacrado a golpes por dos estudiantes. Y por esa misma razón, la ADP acaba de revelar que, en solo un año, más de mil setecientos (1,724) maestros han sido agredidos por alumnos y familiares de estos.

Lo más preocupante del panorama antes presentado es saber que las acciones descritas, en vez de detenerse, están llamadas a reproducirse, por cuanto para el estudiante dominicano de los centros controlados por el Ministerio de Educación no existe un correctivo régimen de consecuencias, como más adelante veremos.

Entonces, «es lo que he declarado...»: la disciplina escolar en la escuela dominicana, hace años colapsó.    Y colapsó por varias razones:

1.    Porque la zapata que sustentaba los valores éticos de la familia dominicana también colapsó.

2.    Porque en materia de medidas disciplinaria, los padres y las autoridades educativas ya no respaldan al maestro.

3.    Porque el maestro ya no cuenta con la autoridad que antes poseía frente al alumno. Y no cuenta con esa autoridad, debido a que el Ministerio de Educación, CONANI y el Código del Menor se la quitaron.

Para validar el juicio contenido en el último de los tres anteriores apartados, vale recordar que con el apoyo del  Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), en julio del año 2013 fue puesto en circulación por el Ministerio de Educación y el Consejo Nacional para la Niñez y la Adolescencia (CONANI) el documento conocido con el título de «Normas del Sistema Educativo Dominicano para la Convivencia Armoniosa en los Centros Educativos Públicos y Privados», especie de código de conducta que tiene  como propósito «...fortalecer la convivencia armoniosa y la disciplina positiva, entre los diferentes actores de los centros educativos, en el marco del reconocimiento a la dignidad de las personas y el respeto a los derechos humanos....»

Ese texto legal clasifica las faltas de los estudiantes (Art. 15) en tres categorías: leves, graves y muy graves. Entre las muy graves figuran:

a)    Acoso o burla escolar.

b)     Ingresar o consumir drogas en el centro educativo

c)     Alteración de documentos del centro educativo.

d)    Desafío o agresión a miembro del centro educativo e introducir en este objetos peligrosos.

¿Cuáles son las medidas disciplinarias (Art. 22) que para sancionar las más graves faltas establece el mismo documento:

a)     Ubicación del estudiante en un espacio fuera del aula, por un período máximo de dos días, debiendo realizar las tareas indicadas por el docente en otro lugar del centro educativo identificado previamente.

b)     Suspensión de la participación en actividades fuera del centro educativo.

c)      Suspensión de la participación del estudiante en actividades dentro del centro educativo, siempre que esas actividades no formen parte del currículo obligatorio del curso.

¿Qué significa eso?

Sencillamente que a los dos estudiantes que le rompieron el tabique nasal a su maestro en el Liceo Juan Pablo Duarte, las únicas tres sanciones que las autoridades de dicho centro les pueden aplicar son las tres más arriba indicadas, pues ya, como antes, ni siquiera se pueden expulsar del centro, pues el reglamento o código de conducta (Art. 24) lo prohíbe e igualmente el Código del Menor.

Establecido y visto así,  las «Normas del Sistema Educativo Dominicano para la Convivencia Armoniosa en los Centros Educativos Públicos y Privados», más que un instrumento legal diseñado para  «fortalecer la disciplina positiva», se nos presenta como un documento destinado a fomentar el caos y el irrespeto en las escuelas públicas y privadas de la República Dominicana. Se trata de un marco legal altamente proteccionista y desconocedor o reductor de la autoridad que debe tener y antes tenía el profesor en el aula. Ojalá que apoyado en este, no tengamos que enterarnos en el futuro del primer maestro asesinado por su alumno.


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El autor es profesor universitario de Lengua y Literatura dcaba5@hotmail.com