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¿Haciendo empanadas?

La complejidad detrás de la nueva cédula dominicana

Escuché decir al presidente de la Junta Central Electoral, Román Jáquez Liranzo, en el marco de una conferencia, que el proceso de dotar de una nueva cédula a todos los ciudadanos dominicanos, tanto a quienes vivimos en el territorio como a la diáspora, constituye un trabajo arduo, complejo y serio.

Decía Jáquez Liranzo, "no estamos haciendo empanadas". Cuando esa idea fue lanzada me provocó mucha risa, pero la expresión no es fortuita. 

Debido al bajo nivel de formación de buena parte de nuestros ciudadanos, hay una tendencia a complejizar cada tarea que, como sociedad, tenemos por delante. No se debe normalizar la conducta apática y los partidos no deben contribuir con ello.

El documento que se le está entregando a cada dominicano supera los anteriores en todos los aspectos, pero es relevante en este momento hacer referencia al "maco" que por décadas viene arrastrando el Registro Civil, que es donde se inscriben el nacimiento, los casamientos, los divorcios y las defunciones de los dominicanos y dominicanas. 

Los entuertos en cada uno de esos servicios del Registro Civil son dantescos y se vienen heredando por décadas: cambios de apellidos, suplantaciones de nombres, actas no registradas de personas fallecidas y un sinnúmero de anomalías arrastradas, ya sea desde su nacimiento como porque el ciudadano, al no percatarse de un error al emitirse el documento, carga con este desde tiempos inmemoriales.

El Registro Civil nuestro, como los demás de la región, deriva del sistema parroquial de nacimientos, casamientos y defunciones, establecido años después de la Conquista hasta el siglo XIX

El registro moderno en República Dominicana se inició el 26 de enero de 2007 cuando la Cámara Administrativa de la JCE aplicó nuevos estándares y protegió de garantías constitucionales esos servicios. No obstante ese gran esfuerzo, el viejo registro traslada las distorsiones en esos tres aspectos: nacimientos, defunciones, matrimonios y divorcios. 

Todos estos problemas son extremadamente delicados para la historia de un ciudadano, pero solo quiero referirme al de los nacimientos. La cantidad de apellidos cambiados en el país es una locura. 

A quien suscribe y a varios de mis hermanos nos declararon con un apellido paterno equivocado: Rosa, en vez de De la Rosa, porque en el camino, el que inscribía no escuchó bien o quien sabe en qué estaba pensando. No pocas veces solo alcanzaban grados de estudios muy bajos los responsables de llenar los libros

Entonces, hacer el cambio era un proceso muy tedioso y llevaba tiempo y dinero. Mis hijos y nietos, por tanto, llevan un apellido que heredaron del caos. Quizá por la misma complicación de hacer el cambio en los años de mi niñez, mis padres dejaron eso así.

Ni hablar de otras distorsiones que arrastró el Registro Civil desde que Cuca bailaba, que se fueron acumulando por décadas hasta llegar a este momento en el que la JCE inicia el proceso de entregar la nueva cédula

El actual Pleno de la JCE está manejando todo un proceso complejo, en medio de todo el marasmo del antiguo Registro Civil, que se viene saneando, una vez iniciada su modernización, pero son tan abrumadores los errores, que su gestión requerirá paciencia y, sobre todo, la colaboración de quienes cargan con esos errores de origen. Y esa labor va a trascender varias gestiones.

Ese arduo trabajo, hay que hacerlo quirúrgicamente para no violentar procesos, cometer los mismos errores del pasado o suprimir derechos a ciudadanos. Validar que fotografía capturada, documento viejo y acta de nacimiento sean congruentes es lo primero. 

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