No fue por falta de ácido fólico
Los padres crearon una generación emocionalmente de cristal, cuyos padecimientos más comunes son la ansiedad, la angustia y la depresión

No fue por falta de ácido fólico que salieron así, las características de personalidad y los patrones conductuales de las nuevas generaciones son producto de la crianza que les dieron sus padres. Por tanto, son ellos los responsables de que buena parte se convirtieran en niñatos empoderados con cabezas vacías, a quienes poco importa la cultura del esfuerzo, el aprendizaje y la preparación.
Se remonta al momento que se determinó la obsolescencia de un modelo de crianza riguroso, donde se imponía el respeto a la autoridad y no se explicaban órdenes. Y se sustituyó por un esquema donde los padres corrigen a los jovencitos con mucho cuidado para no herir sentimientos, es imperativo razonar y dialogar sobre todas las decisiones, los castigos son nimios y negociados, y está proscrita la aplicación correctiva de manotazos, correazos y chancletazos.
Como resultado no existe autoridad capaz de imponerles disciplina, corregir sus maneras o discutir lo que consideran verdades absolutas. Se piensan con privilegios y derechos inherentes a sus personas, que no requieren ninguna validación.
Crearon una generación emocionalmente de cristal, cuyos padecimientos más comunes son la ansiedad, la angustia y la depresión, que recelan de la interacción directa con otros seres humanos, especialmente del sexo contrario, y son prácticamente asexuales. Que sufren una desconexión con la realidad directamente proporcional a su conexión con la virtualidad, que convierten en bullying lo que antes eran bromas o juegos de muchachos, y llaman violencia a toda imagen o expresión que les provoque algún impacto.
Para proteger su autoestima se inventaron que en la escuela no podían repetir grados ni obtener malas calificaciones, por lo que su cultura general es regularmente escasa y su apetito por el conocimiento tiende a cero. Sus referentes no son próceres de la historia, iconos empresariales o reconocidos pensadores, sino quienes llenan con basura las pantallas de sus teléfonos móviles. Y con precaria capacidad de atención y escasa vocación para el compromiso, no parece que se le dará bien eso de fajarse a trabajar, pues su aspiracional se encuentra más cerca de los creadores de contenidos e influencers, que del ejecutivo corporativo, el emprendedor o el profesional exitoso.
Algunos asumen conductas que en otros tiempos hubieran acarreado correctivos de sus progenitores o conducido donde especialistas en la salud mental, pero que en estos tiempos absurdos psiquiatras y sociólogos intentan explicar y justificar. Subnormales que se disfrazan de animales e imitan sus conductas porque dicen identificarse con ellos, imberbes que se exaltan y mueven sus manos hacia arriba y abajo mientras gritan six seven, o farmear aura, que no es otra cosa que unos idiotas haciendo muescas disparatadas en lo que parecen interacciones entre enajenados o adictos al fentanilo.
No son todos, hay muchos jóvenes enfocados en preparase para convertirse en entes útiles que aporten a la sociedad, pero los tontos son tantos que asusta. Porque cuando la totalidad de esa legión de imbéciles alcance la mayoría de edad, y sus votos se sumen a los de una clase media apática y quejosa... Ahí sí es verdad que cualquiera podrá llegar a Presidente.

Óscar Medina
Óscar Medina