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Del analfabetismo al ruido digital

Por qué saber leer ya no es suficiente en la era de la información

Hoy en día cuando el ruido mediático ocupa valiosísimas horas-espacios de atención de una población dominicana cuyo analfabetismo tradicional ronda aproximadamente el 6 por ciento de sus habitantes, es pertinente insistir con un tema de actualidad: el analfabetismo y el ruido mediático.

¿De qué sirve saber leer cuando no comprendemos, verificamos y analizamos lo que leemos?

Nunca habíamos tenido tanto acceso a información como ahora, ni resultado tan sencillo publicar una afirmación, convertir una opinión en noticia o hacer que una falsedad alcance a millones de personas en cuestión de minutos. Lo relevante en esta sociedad hiperconectada, no es solo tener acceso a las nuevas plataformas digitales, sino cómo decodificar los mensajes, estar en capacidad de identificar certezas de engaños y detectar cuándo un mensaje es producido por un grupo de intereses que se aparta del bien común.

De ahí que, desde los medios de comunicación, tradicionales o no, como en los espacios educativos formales se pueda contribuir a que el ciudadano, sin importar clase social, edad, raza o creencia religiosa, tenga acceso a una alfabetización mediática, que le ponga en capacidad de hacerse las siguientes reflexiones.

Cuando una declaración polémica recibe más espacio que una investigación profunda porque genera más "views", existe un problema.

Si una controversia entre dos figuras públicas ocupa días de cobertura, como aconteció con el pelotero y su esposa, mientras decisiones que afectan a millones reciben apenas minutos, existe un problema. Cuando el titular exagera aquello que el propio cuerpo de la noticia no muestra, existe un problema.

Las noticias falsas (fakes news), un deefakes (vídeos o audios manipulados) y un texto fuera de contexto son el pan nuestro de cada día, es pertinente adiestrar al ciudadano en la tarea de saber responder las siguientes preguntas:

¿Quién lo dice?; ¿Cuá es la fuente?; ¿Es información o interpretación?; ¿Existe otra versión independiente de los hechos? y ¿Presenta documentos, investigaciones o solo son afirmaciones?

Si es un video, ¿utiliza el mecanismo de las emociones como miedo, sorpresa o indignación para impedir a la gente pensar? Un video puede ser verdaderamente auténtico, pero mentir sobre lo que muestra. Pudiera estar usando imágenes reales de un lugar, pero falsear acerca de lo que dice.

Esas seis interrogantes que debemos hacer, podrían fortalecer la capacidad crítica para comprender los medios, la educación y la participación social en un entorno tecnológico cambiante. El objetivo no es enseñar a las audiencias acerca de qué debe creer, sino cómo averiguar por qué debería creerlo. Ojalá estas preguntas tan simples puedan ser incorporadas en la colegiatura a nivel de primaria y secundaria. A las generaciones nativo digital (y a las baby boomers) hay que construirles un pensamiento crítico. Tienen que aprender a detenerse antes de compartir, y preguntar antes de creer. Para ello, en el nivel primario es útil que la educación mediática sea transversal en todas las asignaturas. Y la comprensión lectora.

El desafío es mayor debido a la velocidad con que se desarrolla la Inteligencia Artificial (IA). Es una obligación en este mundo incierto distinguir entre misinformación, contenido falso difundido por alguien que puede creer sinceramente que es cierta, y disinformación, aquel mensaje que es difundido deliberadamente para engañar. Hay, además, que diferenciar entre propaganda, información o publicidad. Ser consciente de cuándo un determinado emisor utiliza las estadísticas para inducir a conclusiones engañosas.

De lo que se trata no es decir créeles a estos medios y no a aquellos, es crear el hábito de investigar, cuestionar, tener un pensamiento crítico.

Porque el ciudadano más fácil de manipular ya no es aquel que no sabe leer y escribir. Puede ser aquel que lee todo, comparte todo y no cuestiona nada. Debemos estar seguros de qué es realidad, ficción y manipulación.

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