Los resultados de PISA
La brecha socioeconómica en el aprendizaje

Para ser indulgentes, los resultados de las pruebas PISA aplicados al sistema educativo dominicano fueron decepcionantes. Ya que en el mejor de los casos nos mantenemos estancados, algo inaceptable cuando ya pasan catorce años desde que se asumiera el compromiso de asignar un cuatro por ciento del Producto Interno Bruto al presupuesto para la educación pública preuniversitaria. Y por tanto, esos muchachos de quince años que tomaron este ciclo de pruebas, han pasado toda su vida escolar en las aulas de una escuela pública bien financiada.
Pero el producto es tan deficiente que en ciencias y matemáticas el país se mantuvo sin variaciones respecto al año veintidós, y retrocedió en lectura comprensiva. En todas las áreas con puntuaciones muy lejos del promedio de la OCDE y en la cola de la región. En la evaluación de capacidades ningún estudiante dominicano alcanzó niveles de excelencia, y tanto en ciencias como en lectoescritura sólo una cuarta parte alcanzó el umbral básico de competencias, mientras que en matemáticas fue de apenas un nueve por ciento.
PISA también revela el problema de desigualdad socioeconómica que se manifiesta en la brecha educativa, ya que los estudiantes pertenecientes al tope de familias con mayores ingresos, superaron en un promedio de casi setenta puntos a los provenientes de familias menos favorecida.
Es cierto que casi todos los países empeoraron su desempeño, pero eso no puede abrir espacios para el consuelo. Las consecuencias de este fenómeno se encuentran mayormente en el uso excesivo de las tecnologías y las distracciones que provocan las pantallas, la aparición de la inteligencia artificial como elemento capaz de sustituir prácticas indispensables para el proceso formativo, y la desaparición de la métrica rigurosa y el mérito en la medición del aprendizaje. Y sin dejar de acusar algunas de esas dificultades, nuestro problema es de calidad educativa pura y simple, sin excusas ni atenuantes. Docentes débilmente formados que sumado a contenidos, textos y métodos inadecuados, dan como resultado estudiantes deficientes y poco motivados.
Es la consecuencia de esperar resultados diferentes haciendo lo mismo, y salvo destinar mucha plata, sucesivos gobiernos continúan actuando de la misma manera. Mucho dinero para clientelismo, dádivas y transferencias sociales, mientras se muestran incapaces de aplicar políticas públicas que mejoren la calidad de los docentes, modernicen las herramientas que utilizan y refuercen los contenidos que imparten.
Y aunque aumentaron las remuneraciones de los maestros, el sindicato que les agrupa no lo compensa colaborando con empeños y sacrificios que favorezcan cambios sustanciales, y se mantiene como una fuente de eterno conflicto y una retranca para el avance del sistema educativo. Incapaces del menor mea culpa, atribuyen este desastroso resultado al déficit de aulas y las condiciones de los planteles, pero de su desempeño nada.
Al final lo que revela PISA es que los dominicanos estamos destinando a la educación una enorme cantidad de dinero para obtener resultados vergonzosos. Una realidad tan insostenible como intolerable. Por tanto, o la educación dominicana da rápidamente un giro cualitativo, o debemos asumir que no vale la pena seguir desperdiciando esa cuarta parte del presupuesto que se le asigna.

Óscar Medina
Óscar Medina