¿Lectores inquebrantables?
Más allá del récord: la urgente necesidad de promover la lectura crítica

No quiero ser aguafiestas, pero me desasosiega que la afición por la lectura haya sido degradada por el Ministerio de la Juventud a mera búsqueda de un récord de tan dudosa reputación como el Guinness, que incluye entre las proezas registradas tener la lengua más larga, ser la mujer mayor más tatuada, tragar más cucarachas en un minuto, organizar la orgía sexual más grande o llevar más piercings.
En 2023, los dominicanos quedamos a una distancia de 2,384 libras de certificar «el sancocho más grande del mundo».
La lectura es otra cosa. Es «conjurar el vacío de la nada», como afirma, a modo de interrogación, el prologuista del libro Leer contra la nada, de Antonio Basanta, autor que nos invita a reivindicar «una lectura en libertad, crítica, participativa, comprometida, creadora»; a entender que leer «es una manera de ser y de estar en la vida».
Hasta prueba en contrario, para el ministerio la lectura es espectáculo. Su recién concluido maratón lo demuestra: una cabina montada en el parqueo de la sede, bajo una carpa y frente a un montón de sillas desocupadas. En un bajante cubriendo la mitad de la fachada, los rostros de tres muchachas y dos muchachos con capas de superhéroes (metáfora de la excepcionalidad) y libros en las manos. Sobre sus cabezas, una pregunta: «¿Qué es Juventud en Voz Alta?». Debajo, una respuesta críptica: «5 jóvenes, 480 horas. Una misión que une a todo el país. ¡Vamos por el récord!».
Cuando lo vi por primera vez no pude decodificar el mensaje, pero sí llamó mi atención la palabra Inquebrantables en el lado superior izquierdo. Copatrocinio, al parecer, de una campaña financiada con dinero incautado a la corrupción y al narcotráfico, lanzada en junio pasado con gran fanfarria y silenciosos resultados. ¿Salieron de esos recursos los 15,000 dólares cobrados por la corporación Guinness por enviar un verificador oficial, y también los pesos para cubrir los gastos millonarios del montaje? Sería bueno saberlo.
Pero dejemos tranquila la campaña Inquebrantables. Reconozcamos que el actual Ministerio de la Juventud no inició la búsqueda de este récord; lo hizo hace quince años la misma institución, entonces encabezada por un peledeísta. Además, el ministerio no inventa la pólvora; maratones de lectura los hay en diversos países, solo que no compiten por récord alguno porque son parte de estrategias nacionales de fomento del libro.
Coincidiendo con el espectáculo ministerial, el Informe PISA nos lanza a la cara los datos sobre nuestra comprensión lectora: los 346 puntos obtenidos en el indicador sitúan al país en el penúltimo lugar latinoamericano. Dicho menos compasivamente: tres de cada cuatro estudiantes dominicanos no entienden lo que leen.
Que no entendamos lo leído demuestra la incompetencia del sistema educativo para formar hombres y mujeres capaces de pensar críticamente. Porque la lectura es la puerta de entrada a la diversidad y complejidad del mundo; ayuda a ver la realidad con otros ojos, a plantearnos preguntas sobre el porqué de las cosas. A «nutrir juiciosamente nuestro libre albedrío», dice Basanta.
Si el Ministerio de la Juventud quiere contribuir con superar este déficit, no lo hará compitiendo por el absurdo, mediático y comercial récord Guinness, carente del mínimo prestigio. Lo hará invirtiendo energías, imaginación y recursos en dinámicas institucionales que pongan el libro en el centro del interés de los jóvenes.

Clotilde Parra
Clotilde Parra