"Justicia" a quemarropa
Veintiuna muertes en supuestos enfrentamientos policiales en lo que va de octubre

Me tocó cubrir el "lado oscuro" de una historia. Reporté los detalles de la muerte a tiros, a manos de la Policía, de un hombre. Aneury Santiago Estévez, buscado por las autoridades, por robo violento. El hecho quedó grabado en cámaras el pasado martes en la tarde.
No me deja de sorprender lo complejo que es el ser humano. Y cada vez que salgo a la calle me doy cuenta de que las historias tienen más de dos caras.
La hermana de Aneury Santiago Cabrera Estévez, Judith Estévez, dice que sí, que él era ladrón y duró parte de su vida en la cárcel. Pero que nunca tocó una pistola y que no andaba con un arma de fuego cuando fue interceptado por agentes del Dicrim.
Según Judith, le apodaban La Araña, y no "Piraña", ni mucho menos "Lucifer". Denuncia que no debió morir así y asegura que irá a la Justicia.
El presidente Abinader advierte a todos los buscados por las autoridades que se entreguen o serán capturados.
Mientras, la Policía Nacional deja colgado su nuevo uniforme y vuelve a las viejas andanzas de los "intercambios de disparos", pero a plena luz del día y sin tomar en cuenta que en la actualidad todo queda grabado.
De acuerdo a la Policía, Aneury Cabrera era buscado por su presunta vinculación con asaltos a mano armada y robo con violencia. Según la institución, murió herido de bala al presuntamente enfrentar a una patrulla del Dicrim. La institución del orden dijo que ocupó en la escena una pistola marca RETAY XR, calibre .380, un cargador y tres cápsulas del mismo calibre, "que presuntamente portaba de manera ilegal".
Sus vecinos en El Manguito dicen que robaba, pero que era "buena persona", que lo hacía por sus vicios, pero que era bueno con ellos y los cuidaba. Residentes del ensanche La Paz decían que "era un ladronazo" y mantenía en zozobra la zona, pero que al momento del hecho no iba armado.
Las cámaras de seguridad, cuyos videos se viralizaron en redes sociales, muestran cómo Aneury iba caminando por la calle, es interceptado sin mediar palabra por agentes, recibe un disparo, cae al suelo y es rematado. Luego es montado en la parte trasera de una camioneta. Todo en menos de un minuto. No se visualiza un enfrentamiento.
Con la muerte de Aneury, al 13 de octubre suman 21 las ejecuciones policiales disfrazadas de "intercambios de disparos" en lo que va de octubre. Todo esto se da en el marco de la reelección de la República Dominicana, por segundo año consecutivo, como miembro el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Algunos dirían "coherencia, Magaly".
Con esta muerte se queda una hija estudiante de medicina, con el peso del destino final de su padre y un niño de nueve años que, aunque no crecía cerca de su progenitor, terminará de crecer y hacerse adulto con vídeos en redes sociales que muestran los últimos segundos de vida de un padre perdido por las drogas, y los comentarios de usuarios y creadores de contenidos, tan letales como el arma con la que fue ultimado.
"Ajusticiado" por la Policía y condenado por la sociedad, antes de ser juzgado por los tribunales.
Solo pongo las cartas sobre la mesa.
¿En este panorama quién tiene la razón? ¿A quién o quiénes le hacemos justicia? ¿Está la Policía Nacional habilitada para "hacer justicia" de esa manera? ¿Qué pasará, como ha ocurrido, cuando las armas de los justicieros alcancen a gente inocente?
¿Recuerdan la pareja de pastores en Villa Altagracia acribillados a tiros por agentes por equivocación? Eso fue el pasado 30 de marzo de 2021.
Lo cierto es que aquí pierde hasta el que no juega.
Un paréntesis: cuando la ciudadanía afronta la delincuencia por su cuenta se le llama "tomar la justicia por sus propias manos", pero ¿cómo sería cuando lo hace la Policía? Si esto se hace costumbre, tendremos que buscarle un nombre.

Ana Carolina Cueva Valenzuela