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Breve relato de tres elecciones

Claves del mapa político global: de la sorpresa de Brasil al vuelco en Europa

El pasado domingo Lula Da Silva ganó la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil. Una sorpresa, pues su adversario resultó vencedor en la primera vuelta y parecía haber conseguido los apoyos necesarios para reeditar su triunfo en el balotaje. Sin embargo un importante aumento en la participación favoreció al presidente en reelección, que con su victoria oxigena una izquierda latinoamericana que venía acumulando derrotas desde hace más de dos años.

Estados Unidos celebra mañana elecciones de medio término, las proyecciones indican que los demócratas tomarán el control de la Cámara de Representantes y tienen amplias posibilidades de alcanzar también una mayoría de los senadores. 

Un resultado que supondría una derrota importante para el presidente Trump, muy involucrado en la campaña, y que le dificultaría aplicar su agenda de gobierno durante el resto de su condicionará las decisiones. Pero para los demócratas podría resultar un triunfo con trampa, pues si las mayorías que obtienen resultan estrechas, las acciones y movimientos del partido podrían quedar a merced de negociaciones y acuerdos con un puñado de congresistas de la extrema izquierda socialista, lo que condicionaría las posibilidades de mover sus discursos y propuestas hacia un centro moderado con miras a la presidenciales del veintiocho.

A final de mes los españoles están convocados a las urnas, Pedro Sánchez adelantó el proceso apostando a que el movimiento por la vivienda surgido tras el desalojo de una anciana, y el miedo a la amenaza de recortes en conquistas sociales que supuestamente representa la derecha, provocara suficiente movilización en las izquierdas para impedir que entre el Partido Popular y VOX alcancen las mayorías necesarias para formar gobierno. 

La precampaña comenzó favoreciendo a los socialistas, la muerte de la señora desahuciada daba alas al tema de la vivienda y las políticas sociales. Andaba Sánchez entre besos y bailes, animado por el sorpresivo triunfo de Lula y confiado en su legendaria resiliencia y su infinita capacidad para adaptar sus principios a las circunstancias con tal de mantenerse en la Moncloa; cuando el pasado martes un terrible accidente ferroviario en la línea de alta velocidad entre Madrid y Sevilla causó sesenta y nueve muertes y cientos de heridos. El segundo siniestro fatal en esa vía en menos de diez meses.

Como era de esperarse el tono de la campaña cambió, la alegría desapareció, los temas sociales fueron desplazados a un segundo plano, y la eficiencia de la gestión, el deterioro de los servicios públicos y de las infraestructuras pasaron a ocupar un espacio prioritario. Y con estas cuestiones en primera línea de discusión, un Sánchez con ocho años encabezando un gobierno muy cuestionado tiene pocos motivos para celebrar. 

Pero además las de España serán las primeras de una serie de elecciones cruciales para la zona euro. En el transcurso del veintisiete seguirán Francia, Alemania e Italia, y todo indica que en los cuatro países gobernará la derecha, o incluso la derecha extrema. Partidos euroescépticos, contrarios a la migración masiva y a la guerra en Ucrania. Lo que sin dudas condicionará las decisiones de Bruselas sobre estos y otros asuntos cruciales para el futuro de la Unión Europea.

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