El talento no abunda en los partidos
Gobernar exige más que fidelidad política
Con contadas excepciones, el presidente Abinader ha optado por llenar cargos clave con figuras ajenas a su partido. No es un descuido, ni una renuncia a la disciplina partidaria. Es más bien un reconocimiento tácito de que el talento rara vez se encierra en los límites estrechos de un comité político.
En el PRM puede que sobren fieles, pero escasean las cabezas bien armadas para dirigir ministerios, agencias y consejos que requieren ideas y temple. Gobernar es algo más que repartir posiciones entre compañeros de ruta. Es entender que las urgencias del país no se resuelven con carnet en mano, sino con capacidad, experiencia y una visión que mire más lejos que la próxima convención interna.
Los partidos suelen resistirse a esta verdad porque prefieren la lealtad al mérito. Pero esa vieja fórmula nos ha costado demasiado: instituciones mediocres, clientelismo enquistado y el ciudadano como rehén de cuotas políticas.
Que se gobierne con los mejores es un desiderátum tantas veces invocado y casi nunca cumplido. Si Abinader se atreve a confirmarlo con hechos y no con discursos, dejará una herencia distinta: la de haber demostrado que el poder sirve más cuando se comparte con el mérito que cuando se reparte entre amigos.