La improvisación
Lecciones de disciplina japonesa frente a la improvisación caribeña
Una visita a Japón me ha demostrado muchas cosas sobre por qué los nipones tienen una de las sociedades más avanzadas, mientras nosotros tratamos de salir del subdesarrollo.
Obvio, el tema educación es primordial para todo esto, ya lo he dicho en otras diferentes columnas en las que he escrito al respecto.
Pero también va mucho más allá. Es un asunto de compromiso, de organización, es un tema de respeto.
En Tokio viven alrededor de 42 millones de personas, pero no hay tapones que sofoquen a los ciudadanos, ni nadie cambiando de carril absurdamente porque necesita ahorrarse 3.5 segundos.
En las calles no hay zafacones, pero tampoco hay un papel tirado en el piso. ¿Por qué? Con botes de basura en la calle la gente se ve motivada a tirarla y no hay forma humana posible de que exista una supervisión lo suficientemente eficiente para llevarse todo a tiempo antes de que se acumule.
¿Qué hacen los ciudadanos? Se llevan su basura en los bolsillos y la tiran en sus casas. Esa es la explicación que da un japonés.
Los protocolos durante las reuniones oficiales se cumplen a carta cabal, incluyendo la manera en que se puede interactuar con un funcionario y la distancia que debe existir entre este y los potenciales entrevistadores.
No hay espacios para improvisación y, por eso, no hay sorpresas de ningún tipo.
Nosotros, los dominicanos, mientras tanto, somos más flexibles con todo, hasta con las planificaciones más básicas. Nosotros "le damos pa´ lla'" y luego averiguamos.
Somos tan ligeros que ni siquiera preguntamos bien cuáles son las condiciones de las cosas ni tampoco se cumple con una línea lógica de cómo hacerlas.
Pero nosotros somos felices de esa manera, porque bien dice José Luis Taveras, aquí ná e ná y tó e tó.