Aranceles injustos
El desequilibrio innecesario de los nuevos aranceles estadounidenses
La discusión sobre la nueva ronda de aranceles anunciada por Washington, en nuestro caso, debe partir de un hecho objetivo: la balanza comercial es favorable a Estados Unidos. Es decir, ese país exporta hacia República Dominicana más de lo que importa desde este mercado. Bajo esa realidad, resulta difícil justificar que la economía dominicana sea tratada como si representara una amenaza comercial.
La relación bilateral ha sido, durante décadas, mutuamente beneficiosa. Estados Unidos encuentra en República Dominicana un socio estable, cercano geográficamente, confiable en términos jurídicos y estratégico en cadenas de suministro regionales. A su vez, miles de empleos dominicanos dependen del acceso preferencial al mercado estadounidense, especialmente en zonas francas, manufactura ligera y productos agroindustriales.
Castigar con aranceles a un socio cuya relación comercial ya favorece a la economía norteamericana no parece coherente con una lógica de corrección de déficits ni con una visión pragmática del comercio. Más bien, introduce incertidumbre innecesaria, encarece insumos y debilita la confianza empresarial en ambos lados.
En tiempos de tensiones globales y reconfiguración de cadenas productivas, lo sensato sería fortalecer alianzas probadas, no erosionarlas. Si el objetivo es proteger intereses nacionales, conviene recordar que la estabilidad y la previsibilidad también son activos estratégicos. En esa ecuación, la relación dominico-estadounidense ha sido, hasta ahora, un ejemplo de equilibrio funcional.