Un chance a la paz
Los desafíos externos que reconfiguran nuestra realidad cotidiana
No queda de otra. Tras las pausas que imponen las festividades religiosas, toca volver a la rutina con un ánimo renovado. Pero esta vez el regreso es complicado. El calendario avanza con desafíos que no se gestan en casa ni responden a nuestras propias decisiones. Vienen de fuera, con la fuerza de lo imprevisible y el peso de lo incontrolable.
La escalada de tensiones entre Estados Unidos, Israel e Irán, con sus múltiples ramificaciones, reconfigura el tablero geopolítico y también golpea la economía global, encarece la energía, altera los mercados y siembra una incertidumbre que se cuela en la vida cotidiana. Ningún país, por distante que se crea, queda al margen de esas ondas expansivas.
Frente a ese panorama, la tentación es doble. O la resignación pasiva o la ansiedad improductiva. Ninguna sirve. Lo que corresponde es lucidez, prudencia y, sobre todo, sentido de proporción. No todo depende de nosotros, pero algo siempre nos corresponde.
En estas Pascuas, tiempo de recogimiento y renovación, vale la pena invocar una consigna sencilla y persistente, como aquella que popularizaron The Beatles: darle una oportunidad a la paz. No como eslogan ingenuo, sino como horizonte necesario.
Incluso en medio del ruido y explosiones del mundo, la serenidad también es valentía.
