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Hambre Cero: la decisión política de un país que siembra oportunidades

De la producción agrícola a la protección social, la estrategia dominicana contra el hambre

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Hambre Cero: la decisión política de un país que siembra oportunidades
"La República Dominicana se ha movido fuera del mapa del hambre. No son pequeños, tampoco grandes. Podemos aprender de ellos que lo importante de un país no es su tamaño, sino el fuerte compromiso político -del presidente, del ministro, de los agricultores y de la sociedad, para luchar contra el hambre juntos y con una política confiable."QU DongyuDirector general de la FAO

Hay noticias que, por su relevancia, trascienden el momento en que circulan. No porque resuelvan todos los desafíos de una nación, sino debido a que marcan un punto de inflexión en su historia. El reciente reconocimiento de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación y (FAO), de que la República Dominicana ha alcanzado la meta de Hambre Cero, es una de ellas.

Durante décadas el hambre se ha asumido como un problema estructural de difícil solución en América Latina. La pobreza, la desigualdad, los fenómenos climáticos y las crisis económicas parecían condenar a millones de personas a vivir con inseguridad alimentaria. La experiencia internacional demuestra que ningún país erradica el hambre por accidente. Lo consigue cuando convierte ese objetivo en una prioridad nacional, diseña políticas públicas para alcanzarlo y las sostiene en el tiempo.

En su reciente visita a República Dominicana, José Graziano da Silva, exdirector general de la FAO, creador de Hambre Cero Brasil y uno de los mayores impulsores de la Agenda Hambre Cero en el mundo, retomó algo que suele afirmar: "erradicar el hambre no es un sueño; es una decisión política". Pocas frases resumen mejor lo ocurrido en nuestro país.

De acuerdo con el informe El Estado de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición en el Mundo (SOFI), la prevalencia de la subalimentación en la República Dominicana se redujo de manera sostenida hasta ubicarse por debajo del 2.5 %, el umbral que la FAO utiliza para considerar que un país ha alcanzado la meta de Hambre Cero. Más que un dato estadístico, este reconocimiento indica que cientos de miles de dominicanos hoy tienen acceso regular a los alimentos necesarios para una vida digna.

Detrás de ese resultado no existe una medida aislada ni una solución milagrosa. Hay una estrategia integral: En estos años el país fortaleció su producción agropecuaria mediante financiamiento agrícola, inversiones en infraestructura, mecanización, tecnificación del riego, subsidios a los combustibles y a los fertilizantes para enfrentar las disrupciones internacionales y una política de titulación que ha otorgado a más de 160 mil personas, la mayoría en zonas rurales, seguridad jurídica y acceso a financiamiento. Paralelamente se impulsaron mecanismos para favorecer las compras públicas a pequeños productores y suplidores, fortaleciendo los circuitos locales de consumo.

Sin embargo, producir más alimentos, aunque indispensable, nunca ha sido suficiente para derrotar el hambre. También era necesario que las familias tuvieran mayores ingresos para adquirirlos. En ese sentido la economía dominicana ha mostrado una notable capacidad de recuperación. Entre 2019 y 2025 los ingresos reales promedio crecieron un 15.2 %, acompañados por la tasa de desempleo abierto más baja registrada en nuestra historia y por importantes incrementos del salario mínimo en sectores como zonas francas y turismo. Como consecuencia, la pobreza disminuyó de 31 % a 17 %, mientras cerca de 300,000 dominicanos lograron salir de la pobreza extrema.

La otra pieza fundamental ha sido la consolidación de una amplia red de protección social. Hoy, más de dos millones de estudiantes reciben diariamente alimentación escolar; casi un millón y medio de hogares cuentan con el programa Aliméntate; 1.3 millones reciben apoyo mediante Bono Gas; y la red de Comedores Económicos ha multiplicado casi por cinco su cobertura territorial, pasando de 36 establecimientos en 2019 a 163 centros que distribuyen alrededor de 180,000 raciones diarias de alimentos. A ello se suman los mercados de productores, bodegas móviles, ferias agropecuarias y rutas alimentarias que acercan alimentos frescos y de calidad directamente a las comunidades.

Naturalmente, alcanzar Hambre Cero no significa que hayan desaparecido todos los desafíos. Persisten importantes tareas relacionadas con la nutrición infantil, el sobrepeso, la obesidad, el desperdicio de alimentos, la adaptación de la agricultura al cambio climático y el fortalecimiento de la productividad rural. El hambre evoluciona, y las políticas públicas también deben hacerlo. No obstante, los países también necesitan detenerse, de vez en cuando, para reconocer sus avances. Celebrar los logros no implica desconocer los retos pendientes; significa demostrar que las políticas públicas pueden producir resultados cuando existe continuidad, coordinación institucional y voluntad política.

La invitación extendida por el director general de la FAO, Qu Dongyu, al presidente Luis Abinader para participar como orador principal en la apertura del Foro Mundial de Alimentos 2026 constituye un reconocimiento internacional al camino recorrido por la República Dominicana. No se trata únicamente de un honor protocolar; es la confirmación de que la experiencia dominicana comienza a ser observada como una referencia dentro de la región.

En una época marcada por la incertidumbre global, las guerras, las presiones inflacionarias y el cambio climático, demostrar que un país puede reducir el hambre de forma sostenida constituye una noticia que merece ser contada. Al final, desarrollo de una nación se expresa en la capacidad de convertir el crecimiento económico, la inversión pública y las grandes obras en mejores oportunidades y mayor bienestar para sus ciudadanos. Porque el progreso adquiere su verdadero sentido cuando se traduce en una mejor calidad de vida para la gente.

Como se le atribuye a Cervantes, "estómago hambriento no escucha razones". El hambre no es solamente la ausencia de alimentos. Es también falta de oportunidades, de tranquilidad y de esperanza. Las estadísticas podrán cambiar con el tiempo. Lo verdaderamente importante es que cada número representa una persona, una familia y un niño que hoy tiene mejores oportunidades que ayer. Esa es, en definitiva, la medida más auténtica del desarrollo. Por ello, Hambre Cero no debe verse como el punto final de una política pública, sino como el inicio de una nueva responsabilidad: preservar este logro, consolidarlo y convertirlo en un compromiso permanente del Estado dominicano y de todo el país.

TEMAS -

Doctor en Derecho magna cum laude por la Universidad Iberoamericana (Unibe) con maestría en Estudios Internacionales del Derecho por la Universidad de Georgetown, además de otra en Negocios y Políticas Públicas de la Escuela de Derecho.