Notas sobre el Manifiesto de Montecristi (1/2)
Patria, guerra y justicia, el mensaje inmortal del Manifiesto de Montecristi

Fechado el 25 de marzo de 1895 -hace 130 años por estos días- en la ciudad dominicana que le dió su nombre, el Manifiesto de Montecristi fue escrito por José Martí entre febrero y marzo de aquel año, en condiciones políticas apremiantes, consumados, en enero, el fracaso rotundo del Plan de la Fernandina, con el que se intentó desembarcar en Cuba desde Estados Unidos, y, en febrero, el reinicio de las hostilidades militares en suelo cubano.
Fue suscrito por José Martí y Máximo Gómez, en sus calidades de Delegado -máximo cargo del Partido Revolucionario Cubano (PRC)- y de General en Jefe del Ejército Libertador, respectivamente; firma conjunta que, por demás, no fue un hecho fortuito sino consciente, con el propósito de subrayar la profunda voluntad unitaria de los estamentos civil y militar en la dirección de la guerra, a los fines de evitar las muchas y fatales contradicciones surgidas durante la primera etapa de la guerra de independencia (1868- 1878).
Y fue dado a conocer en Cuba por el periódico Patria -fundado por Martí en los Estados Unidos en 1892, y que era el órgano del PRC-, en un suelto manuscrito inserto en su edición del 1 de mayo de 1895, cuando la revolución de independencia ya era un hecho desde el 24 de febrero y Gómez y Martí ya se encontraban combatiendo en suelo cubano desde el 11 de abril.
Es un documento genial, no sólo por su calidad discursiva -potente, hermosa, típicamente martiana-, sino también por la conceptualización filosófica, política y moral que en él se hace, profunda, moderna, democrática. Concebido para una divulgación masiva -es decir, para un público grande y heterogéneo-, no contiene, por ello, sino "ideas preliminares" (Manifiesto de Montecristi. El Partido Revolucionario Cubano a Cuba; Centro de Estudios Martianos, 1985, p. XI) y, pues, no es posible encontrar en él todo lo que el PRC -ni Martí, particularmente- planteaban para la sociedad cubana.
El Manifiesto... es la exposición de motivos, el plano sobre el que se lanza la nueva etapa del proyecto independentista. Es el marco teórico, doctrinal, de la guerra que se plantea librar, de la independencia que se pretende alcanzar, de la república que se pretende fundar.
Especifica, desde la misma primera línea, que en 1895 no se está ante un hecho nuevo, sino ante el reinicio, una nueva etapa, "un nuevo período" (p. 2) de la guerra de independencia iniciada en 1868 y finalizada diez años después con el Pacto del Zanjón.
La independencia se plantea como un asunto que, trascendiendo lo subjetivo, constituye algo mayor, una necesidad objetiva y real, por demás perentoria, de la sociedad cubana que, en términos económicos, sociales y políticos requería liberarse del yugo español para desarrollar sus mejores potencialidades.
La guerra aparece entonces como la única y, pues, la mejor solución posible. En torno a ella, hay allí toda una teorización sobre su carácter y se dice, entre otros asertos, que es una guerra ineludible, "fatalmente necesaria" (p. 4); que no es una "tentativa caprichosa" (p. 6), en la que sus propulsores aprecien "las causas del júbilo que pudieran embargar al heroísmo irreflexivo, sino las responsabilidades que deben procurar los fundadores de pueblos" (p. 26). Es una "guerra sana y vigorosa" (p. 26), "digna del respeto de sus enemigos y el apoyo de los pueblos, por el rígido concepto del derecho del hombre, y su aborrecimiento de la venganza estéril y la devastación inútil" (pp. 28- 30). Es una "guerra entera y humanitaria" (p. 6); en suma, una guerra moral.
Se plantea el carácter universal que tiene la independencia cubana, en el entendido de que constituye un "suceso de gran alcance humano, y servicio oportuno que el heroísmo juicioso de las Antillas presta a la firmeza y trato justo de las naciones americanas y el equilibrio aún vacilante del mundo" (p. 28) y, así, se destaca su impacto "para el adelanto y servicio de la humanidad" (p. 16).
En el Manifiesto... se puede apreciar, asimismo, la definición de una línea política y, más aún, de unos lineamientos tácticos, propios de políticos de genio, frente a las peliagudas relaciones con los habitantes españoles en Cuba, de quienes, "en vez de la deshonrosa ira de la primera guerra", ahora se espera "tan afectuosa neutralidad o tan veraz ayuda, que por ellas vendrá a ser la guerra más breve, sus desastres menores, y más fácil y amiga la paz en que han de vivir juntos padres e hijos. No nos maltraten, y no se les maltratará. Respeten, y se les respetará" (p. 18).