La propaganda de Trujillo
De bustos a bibliotecas, la omnipresencia de Trujillo en su época

La bibliografía de Rafael L. Trujilllo Molina sigue creciendo con obras que enfocan diferentes e interesantes temas, la mayoría de bien cuidada elaboración que evita el fanatismo simpatizante o la fobia al personaje.
Uno de los recientes aportes a la línea editorial acerca de Trujillo lo ha hecho Eddy Pereyra Ariza -de los pocos compueblanos que en el presente sabe escribir- a quien desde pequeño vi en las calles céntricas de la anteriormente apacible y ordenada San Cristóbal, donde era rama de un árbol familiar frondoso y con buenas raíces.
Pereyra Ariza -jovial, inquieto, con la cabeza bien amueblada, en los últimos tiempos moviéndose en la Capital- ha publicado el libro La propaganda de Trujillo, de 314 páginas, con excelente impresión y apariencia y lo que es muy importante, con letras legibles fácilmente.
Sin alabanzas exageradas ni encomios excesivos -sobrio podría decirse- el escritor, todavía joven, se embarca en la tarea de referirse al valor que asignó Trujillo a la propaganda y a la exaltación de su imagen como recurso para afianzarse políticamente.
Destaca las múltiples acciones del dictador para propagar su figura, obras y actividades desde que asumió el mando el 16 de agosto de 1930 hasta el último día de su vida, lo cual incluyó la erección de bustos y estatuas y la designación con su nombre de toda una gama de edificaciones públicas.
Trujillo, a quien su "sobrino" Luis Ruíz Trujillo llamó "un artista de la política" en una entrevista en televisión de hace unos años, practicó con suma destreza lo que se denomina "teatralidad en el poder", aspecto que Pereyra Ariza pone de relieve en su trabajo, describiendo los movimientos ajedrecísticos de captación de intelectuales, culto a la personalidad, infundir temor en la población, etc, etc.
La propaganda de Trujillo es, en conclusión, repaso a una etapa prolongada de la vida dominicana y, por tanto se constituye en contribución valiosa a nuestra historia.