La radiografía ambiental de RD que se resume en informe
El Ministerio de Medio Ambiente, junto a agencias de Naciones Unidas presentaron el Informe GEO 2024

República Dominicana presentó el Informe GEO 2024, su segunda radiografía ambiental desde 2010. El documento consolida datos nacionales y marca prioridades: excedencias de partículas en el aire, disponibilidad de agua desigual y presión creciente sobre costas y ecosistemas.
Coordinado por el Ministerio de Medio Ambiente, con acompañamiento del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, el estudio se elaboró con la metodología GEO y el marco Fpeir, mediante talleres y comités técnicos, y con la participación de más de 80 instituciones públicas, académicas, ONG y agencias de cooperación.
Ordena indicadores ambientales, sociales y económicos en ejes como aire, agua, suelo, biodiversidad, costas y mares, cambio climático y residuos. Aporta una línea base común para decidir mejor: permite al Gobierno y a los ayuntamientos priorizar inversiones, a empresas y comunidades reducir riesgos y a la ciudadanía exigir cuentas con números claros y comparables en el tiempo.
A continuación una síntesis de algunos de los temas analizados en el informe.
Aire: ¿qué respiramos?
La calidad del aire se mide con seis estaciones. El PM10 son partículas de polvo y aerosoles con diámetro aerodinámico de hasta 10 micrómetros, capaces de llegar a los bronquios, cuyo límite anual de referencia es 50 microgramos por metro cúbico. PM2.5 son partículas más finas, de hasta 2.5 micrómetros, que pueden alcanzar los alvéolos pulmonares; su límite anual es 15 microgramos por metro cúbico. Con esos parámetros, el país registra excedencias: PM10 supera el límite al menos un año en todas las estaciones y PM2.5 rebasa el límite de forma generalizada.
Los puntos más críticos son Haina, el Distrito Nacional y Puerto Plata, con fuentes principales vinculadas al tránsito y a actividades industriales, además de quemas agrícolas. Esto significa que hay días con aire menos saludable, especialmente cerca de vías muy transitadas e industrias.
Agua: bajo presión
La isla cuenta con una red hídrica extensa, con alrededor de 4,000 corrientes que nacen en los principales sistemas montañosos. Cada año caen en promedio 66,825 millones de metros cúbicos de lluvia y el caudal medio es de 615 metros cúbicos por segundo.
Sin embargo, cuando se calcula la "disponibilidad segura" —el agua con la que casi siempre se puede contar— el total ronda 7,026 millones de metros cúbicos y no se distribuye por igual en todas las regiones; la cuenca Ozama–Nizao, por ejemplo, aparece en condición de tensión hídrica.
A esto se suman problemas de calidad: faltan redes de monitoreo continuo y se registran descargas municipales, agrícolas e industriales que afectan ríos y acuíferos.
La generación ronda un kilogramo por persona al día. La recolección es mayor en ciudades que en zonas rurales y todavía existen vertederos a cielo abierto, aunque ya se iniciaron cierres y la construcción de rellenos sanitarios y estaciones de transferencia. El desafío es dejar atrás el esquema de "recoger y botar" y pasar a reducir, separar, reciclar y disponer de forma segura, con reglas claras y cumplimiento. El informe resalta que el país cuenta con más de 1,600 kilómetros de costa y un mar bajo jurisdicción nacional muy amplio. Una parte importante de esa franja y del mar tiene algún nivel de protección, pero las presiones son crecientes: descargas urbanas sin tratamiento, presión turística en ciertos polos y sobrepesca.
Mucho que proteger
La República Dominicana es especialmente rica en especies y endemismos. El Sistema Nacional de Áreas Protegidas cubre cerca de una cuarta parte del territorio terrestre y alrededor de un tercio del mar, lo que constituye una base relevante para conservar ecosistemas y paisajes.
Aun así, el propio informe reconoce que no todas las áreas se gestionan con la misma efectividad: persisten actividades incompatibles en algunas zonas protegidas y se requiere mejor planificación del uso de suelo y controles más estrictos para asegurar que la protección se traduzca en resultados.