Parque Nacional Francisco Alberto Caamaño: donde la naturaleza y la historia se unen
El parque nacional Francisco Alberto Caamaño Deñó se extiende por más de 500 kilómetros cuadrados en Azua, combinando biodiversidad y vestigios históricos

En un espacio de más de 500 kilómetros cuadrados se extiende, en la provincia de Azua, el Parque Nacional Francisco Alberto Caamaño Deñó, cuyo valor no se limita únicamente a su flora y fauna. El área protegida también alberga ruinas que se remontan a la época colonial.
El parque fue concebido con el propósito de "conservar la única porción de la cordillera Central que toca el mar Caribe", de acuerdo con el decreto 571-09, de agosto de 2009, mediante el cual fue declarado área protegida. Su nombre está vinculado al desembarco de Francisco Alberto Caamaño Deñó en playa Caracoles, en febrero de 1973.
La Guía ecoturística del Sistema Nacional de Áreas Protegidas destaca que el área está constituida por una extensa franja de bosque seco y de transición, con plantas singulares, fuentes hídricas y recursos arqueológicos, históricos y culturales.
El guayacán, el olivo, el palo amargo, la saona, el guaconejo y la caoba figuran entre las más de 80 especies de plantas contabilizadas en el área protegida. La guía detalla, además, que uno de los hallazgos más notorios es la presencia de la palma cacheo (Pseudophoenix vinifera) y de algunos ejemplares de helechos.
En cuanto a la fauna, el parque nacional alberga a la iguana rinoceronte, boas, aves, murciélagos y otras especies asociadas al bosque seco.
Huellas de la época colonial
El parque combina atractivos naturales con vestigios históricos. En su territorio se encuentran las ruinas del ingenio colonial Cepi-Cepi, que data del siglo XVI; plazas ceremoniales; cuevas con petroglifos, y asentamientos de los aborígenes que habitaban la zona.
Asimismo, alberga estructuras más recientes que se utilizaban para remojar pieles de res y fabricar artículos como suelas, correas y zapatos, una actividad vinculada a las comunidades locales durante el siglo XX.
Presiones en el parque
Durante un recorrido por el parque se observaron algunas huellas de quemas en el territorio. Tanto los guardaparques como el administrador del parque, Froilán Vargas, explicaron que, antes de la declaración de la zona como área protegida, los terrenos se utilizaban intensamente para la producción de carbón vegetal, la extracción de postes y el aprovechamiento de madera.
De acuerdo con las autoridades locales, aunque el área ha recuperado su vegetación, no está exenta de amenazas. Una de las principales es el intento de ocupación de terrenos. Citaron casos registrados en Palmar de Ocoa, donde se han construido viviendas improvisadas y empalizadas, y se han delimitado terrenos.

Estas ocupaciones han sido intervenidas por personal del Ministerio de Medio Ambiente.
Agregaron que también persisten prácticas como el conuquismo, el corte de madera para producir carbón y la apertura de terrenos agrícolas. Estas presiones son más frecuentes en la parte alta, donde algunas comunidades dependen de la agricultura y realizan sus siembras durante determinados períodos de lluvia.
¿Recibe visitantes?
En cuanto a las visitas, el área protegida dispone de un centro de recepción de visitantes. En la actualidad el espacio requiere algunas reparaciones. Vargas explicó que las autoridades han realizado levantamientos para acondicionar el espacio.
Según explicó el personal del parque, durante el período escolar reciben grupos de estudiantes que, en ocasiones, alcanzan las 200 personas. Los recorridos se adaptan a la edad de los niños para evitar áreas del territorio que podrían ser difíciles y la inclinación de algunos senderos.
El Parque Nacional Francisco Alberto Caamaño es un ejemplo de áreas protegidas donde la naturaleza converge con la historia de quienes pasaron o poblaron la isla en el pasado.









Paola Wisky