El ruido que no deja dormir
La contaminación acústica se cuela en los hogares, altera el descanso y afecta la salud de residentes que reclaman mayor control de las autoridades

Las dos de la madrugada y Glenys Sepúlveda vuelve a mirar el reloj. Del otro lado de la calle, las bocinas de un vecino continúan a todo volumen.
La música entra por las ventanas, hace vibrar las persianas y se mezcla con el ruido de las botellas y los gritos que llegan desde la calle.
Sepúlveda cambia de posición en la cama. Intenta dormir, pero no puede.
En pocas horas tendrá que levantarse para preparar a sus hijos y luego ir a trabajar. Pero esa noche, como tantas otras, el descanso parece estar lejos.
"No recuerdo cuándo fue la última vez que dormí una noche completa", cuenta.
El cansancio, dice, ya forma parte de su rutina, al igual que los dolores de cabeza, la irritabilidad, el estrés y las dificultades para concentrarse.
Lo que ocurre en su vivienda, en Bayona, Santo Domingo Oeste, no es un caso aislado.
A varios kilómetros de allí, en la Autopista de San Isidro, Santo Domingo Este, Paola Vanderhorst Ventura también lleva años lidiando con el ruido de colmadones y vehículos con bocinas estruendosas.
"Prácticamente no podemos dormir dos horas al día", relata.
En su caso, el problema ha ido más allá de las noches sin descanso. La situación también ha provocado conflictos con quienes generan el ruido.
Su familia asegura haber sido víctima de agresiones, lanzamiento de piedras y botellas contra el edificio, insultos, acoso y amenazas.
Han llegado a considerar mudarse.
El problema es que el apartamento es propio.
"Prefiero eso a seguir viviendo este infierno", expresa.
Un ruido que se mete en la casa
Para quienes viven estas situaciones, el ruido no termina cuando cierran las puertas de sus viviendas. Entra por las ventanas, atraviesa las paredes y altera actividades tan cotidianas como dormir, estudiar, trabajar o conversar.
Vanderhorst Ventura asegura que en su sector las noches tranquilas son cada vez menos frecuentes.
El ruido puede comenzar durante el día y prolongarse hasta la madrugada. Cuando llega la noche, cuenta, el volumen aumenta y las persianas de su vivienda llegan a vibrar.
- La familia ha acudido al 911 y a la Policía Nacional en busca de ayuda. También ha recurrido a las autoridades encargadas del control del ruido.
Pero, según su relato, los operativos no han logrado resolver el problema de manera permanente.
La situación ha terminado afectando incluso su relación con quienes viven alrededor.
"Si quiere escuchar música a alto volumen, pues vaya a una discoteca", reclama.
Su petición no es que desaparezca la música, sino que el sonido deje de convertirse en una carga para quienes no participan de ella.
Un problema que va más allá de la música
La contaminación acústica suele asociarse con las bocinas de los colmadones, bares o viviendas. Sin embargo, las fuentes de ruido son más amplias.
En el Gran Santo Domingo también aparecen vehículos con equipos de sonido modificados, construcciones, plantas eléctricas, equipos de ventilación y aire acondicionado, establecimientos comerciales y hasta animales criados en azoteas.
El fiscal de la Procuraduría Especializada para la Defensa del Medio Ambiente y los Recursos Naturales (Proedemaren), Francisco Contreras Núñez, sostiene que el crecimiento desorganizado del Gran Santo Domingo ha contribuido a que distintas fuentes de ruido convivan con zonas residenciales.
La percepción de que el problema se limita a la música, afirma, deja fuera otras formas de contaminación acústica.
En sectores como Gascue, por ejemplo, las autoridades han recibido quejas por el ruido provocado por camiones y patanas.
La situación adquiere otra dimensión cuando las viviendas se encuentran próximas a establecimientos comerciales, talleres, vías de alto tránsito o lugares donde funcionan equipos durante toda la noche.
Cuatro de cada 10 hogares expuestos a música alta
Los testimonios de Sepúlveda y Vanderhorst Ventura encuentran un reflejo en los datos oficiales.
El 40.4 % de los hogares dominicanos reportó estar expuesto a música a alto volumen proveniente de bares, colmados o vecinos, de acuerdo con los datos de la Encuesta Nacional de Hogares de Propósitos Múltiples (ENHOGAR-MICS 2025), publicados por la Oficina Nacional de Estadística (ONE).
La cifra representa un aumento respecto de mediciones anteriores, cuando ese tipo de contaminación afectaba al 18.6 % de los hogares.
El ruido provocado por vehículos, talleres mecánicos y plantas eléctricas también aumentó: pasó de 15.4 % a 38 %.
En el país, el 48.9 % de los hogares reportó estar expuesto a algún tipo de contaminación o molestia en su entorno inmediato.
En la región Ozama o Metropolitana, que comprende el Distrito Nacional y la provincia Santo Domingo, el 57.5 % de los hogares señaló estar afectado por al menos una fuente de contaminación.
Los números colocan al ruido entre los problemas que forman parte de la vida cotidiana de miles de familias.
Y detrás de cada porcentaje hay hogares donde alguien intenta dormir mientras afuera continúa el ruido.
Cuando el ruido también enferma
La psiquiatra y terapeuta familiar Xiomary Mercedes explica que la exposición constante al ruido puede mantener al organismo en un estado de alerta y afectar el descanso.
Cuando el sueño se interrumpe de manera repetida, pueden aparecer irritabilidad, estrés, ansiedad y dificultades para concentrarse. Con el tiempo, esa falta de descanso puede repercutir en el desempeño laboral y en la convivencia familiar.
"El ruido constante afecta el estado emocional al activar la respuesta del organismo al estrés, alterando el sueño y aumentando el riesgo de ansiedad y depresión", sostiene Mercedes.
La especialista también llama la atención sobre los niños.
Quienes viven o estudian en ambientes donde el ruido es permanente pueden presentar dificultades de atención, problemas emocionales y alteraciones del comportamiento.
El impacto tampoco queda encerrado en la habitación de quien intenta dormir.
El cansancio y la irritabilidad pueden reducir la tolerancia y dificultar la comunicación y la resolución de conflictos dentro de las familias y entre vecinos.
Para Mercedes, una persona debe buscar ayuda profesional cuando el ruido comienza a provocar insomnio persistente, ansiedad, irritabilidad, tristeza o afecta su desempeño laboral, sus estudios o su vida familiar.
Una ley que establece límites
En República Dominicana, la contaminación sónica está contemplada como un delito ambiental.
El fiscal Contreras Núñez explica que la Ley 90-19, que modificó la Ley 287-04 sobre prevención, supresión y limitación de ruidos nocivos y molestos, establece sanciones administrativas y penales.
Las multas dependen del tipo de infracción y del lugar donde se produzca.
Para vehículos de motor con equipos de sonido alterados o instalados de manera distinta a los equipos de fábrica, pueden oscilar entre cinco y 30 salarios mínimos estatales.
En discotecas, bares, clubes de billar y establecimientos similares, las sanciones contemplan multas de cinco a 20 salarios mínimos.
En viviendas y lugares destinados a la tranquilidad, las multas pueden ir de dos a cinco salarios, según las circunstancias previstas por la normativa.
En casos de reincidencia, la legislación contempla además penas de prisión de uno a tres años y multas.
La normativa también establece límites máximos de ruido diferenciados por horario. Entre las 9:00 de la noche y las 9:00 de la mañana, los niveles permitidos se sitúan entre 50 y 55 decibeles, mientras que durante el día el rango va de 55 a 60 decibeles.
Operativos que no siempre terminan el problema
Las autoridades realizan operativos en sectores donde se concentra un mayor número de denuncias.
La Proedemaren coordina estas acciones con la Dirección de Antirruido de la Policía Nacional y el Ministerio de Interior y Policía.
En una primera intervención se procura orientar a los propietarios o encargados de establecimientos sobre las disposiciones de la ley.
Cuando existe reincidencia, pueden ser incautados los equipos utilizados para producir el ruido.
Los infractores son citados posteriormente ante representantes del Ministerio Público y, dependiendo del caso, los equipos pueden ser devueltos mediante acuerdos y conciliaciones acompañados de multas.
Si las medidas administrativas no corrigen la situación, el expediente puede ser llevado ante los tribunales.
Pero el problema que encuentran las autoridades no termina en la existencia de una ley.
Contreras Núñez reconoce que la persecución de los delitos ambientales enfrenta limitaciones de recursos.
Según explicó, la Proedemaren dispone de un presupuesto de 270,000 pesos para 22 dependencias en todo el territorio nacional, lo que dificulta contar con combustible, transporte, personal administrativo y fiscales suficientes para responder a las denuncias y realizar operativos.
Vecinos reclaman una respuesta permanente
Desde la organización Vecinos Contra el Ruido, su directora nacional sostiene que llevan seis años denunciando el problema.
La entidad afirma que ha presentado expedientes ante las autoridades ambientales y ha acompañado a ciudadanos que temen denunciar a quienes generan ruido en sus comunidades.
También reclama mayor fiscalización y sanciones para los establecimientos reincidentes.
La organización considera que los operativos aislados no son suficientes si después de la salida de las autoridades el ruido vuelve a las calles.
Entre sus propuestas plantea patrullajes nocturnos permanentes, equipos especializados para medir los niveles de ruido, sanciones efectivas, incautación de equipos en casos de reincidencia y adecuaciones acústicas para establecimientos ubicados próximos a viviendas.
También reclama una mayor coordinación entre el Ministerio Público, Interior y Policía, la Policía Nacional y los gobiernos locales.
El desafío de medir y hacer cumplir
La contaminación acústica tiene una particularidad: muchas veces no deja una marca visible.
- No hay humo que pueda verse desde una ventana ni residuos acumulados en una esquina. El ruido desaparece cuando se apaga una bocina, pero sus efectos pueden permanecer durante horas.
Por eso, medirlo resulta fundamental.
Los decibeles permiten determinar cuándo un sonido supera los límites establecidos. Para ello se requieren equipos adecuados y mediciones realizadas bajo los parámetros correspondientes.
En los barrios donde el problema es recurrente, una medición puede convertir la percepción de los residentes en una evidencia que permita a las autoridades actuar.
- Pero también queda pendiente una pregunta: ¿qué ocurre después de que se mide?
La respuesta de las autoridades pasa por hacer cumplir las normas existentes, sostener la fiscalización y evitar que las denuncias terminen archivadas sin consecuencias.
Contreras Núñez considera que la educación debe ocupar un lugar central.
La Proedemaren desarrolla charlas y talleres con juntas de vecinos, centros educativos, propietarios de colmados y establecimientos nocturnos para explicar las disposiciones de la Ley 90-19.
La prevención, sostiene, resulta más conveniente que perseguir el daño una vez producido.
La noche vuelve a empezar
Para Glenys Sepúlveda, mientras tanto, el problema sigue teniendo la misma dimensión: llega la noche y comienza nuevamente la espera.
Mira el reloj. Intenta dormir. Piensa en las horas que faltan para levantarse.
En la Autopista de San Isidro, Paola Vanderhorst Ventura también espera que algún día el ruido deje de marcar sus noches.
Las dos viven en lugares distintos, pero sus historias se parecen.
No piden que desaparezca la música ni que las calles queden en silencio.
Piden algo más sencillo: poder cerrar las ventanas, apagar la luz y dormir.
Sin que una bocina del otro lado de la calle decida cuándo termina la noche.

Braylin P
Braylin Paredes
Ana Carolina Cueva Valenzuela