"Parenthood", comedia familiar en la que ser padre nunca deja de ser un desafío
Ron Howard reunió un elenco excepcional para contar una historia sobre las alegrías, los errores y las responsabilidades que acompañan a una familia

En 1989, un año que dejó algunos de los títulos más recordados de la década, llegó a los cines una película que, sin recurrir a grandes efectos especiales ni a héroes de acción, consiguió convertirse en una de las producciones más entrañables de finales de los años ochenta.
"Parenthood", dirigida por Ron Howard, encontró el equilibrio perfecto entre la comedia y el drama para ofrecer una mirada honesta sobre la vida familiar, sus contradicciones y los desafíos cotidianos que enfrentan padres e hijos.
Lejos de presentar una familia idealizada, la película convierte a los Buckman en un reflejo de muchas familias reales. A través del patriarca Frank Buckman, sus cuatro hijos y las distintas dinámicas entre parejas, hermanos, padres e hijos, la historia explora las alegrías, frustraciones, inseguridades y responsabilidades que acompañan la crianza y las relaciones familiares.
El resultado es una obra que provoca risas, momentos de incomodidad y emociones genuinas con la misma naturalidad.
Un retrato de la familia en todas sus formas
La historia gira alrededor de Gil Buckman, interpretado por Steve Martin, quien intenta equilibrar las exigencias de su trabajo con la responsabilidad de criar a sus hijos junto a su esposa Karen. Sin embargo, el relato nunca se limita a una sola familia.
Ron Howard construye un reparto coral que permite observar distintos modelos de crianza y distintas formas de afrontar los problemas.
Cada uno de los hermanos Buckman vive una realidad diferente. Algunos enfrentan dificultades económicas; otros atraviesan conflictos de pareja, relaciones distantes con sus padres o el desafío de educar a hijos con personalidades completamente distintas. Esa diversidad convierte a la película en un mosaico de experiencias familiares con las que resulta fácil identificarse.
Howard evita presentar respuestas sencillas. En cambio, muestra que cada familia encuentra su propio camino entre errores, aciertos y constantes intentos por hacer lo mejor posible.

Una mirada adelantada a su tiempo
Uno de los aspectos más interesantes de "Parenthood" es la manera en que aborda la situación del hijo mayor de Gil y Karen.
Kevin presenta dificultades para socializar, ansiedad y problemas de comportamiento que hoy podrían relacionarse con algún trastorno del neurodesarrollo o una condición vinculada a la salud mental.
Aunque la película nunca ofrece un diagnóstico específico, sí muestra la incertidumbre, el miedo y la impotencia que experimentan sus padres al no comprender completamente lo que está ocurriendo.
Vista desde la actualidad, esta historia resulta especialmente interesante porque se adelantó a conversaciones que décadas después adquirirían mucha mayor visibilidad. A finales de los años ochenta existía mucha menos conciencia sobre el autismo y otras condiciones similares, así como menos herramientas para acompañar a las familias que convivían con ellas.
La película nunca convierte esta situación en un simple recurso dramático. Al contrario, utiliza la experiencia de Gil y Karen para mostrar que una de las tareas más difíciles de la maternidad y la paternidad consiste precisamente en aceptar que no siempre existen respuestas inmediatas para los problemas de un hijo.
No resulta casual que la exitosa adaptación televisiva de 2010 retomara este mismo tema, convirtiéndolo nuevamente en uno de los ejes emocionales de la historia.

Padres para toda la vida
Más allá de las situaciones cómicas que aparecen constantemente, "Parenthood" transmite una idea que atraviesa toda la película: ser padre o madre nunca deja de ser una responsabilidad.
Los hijos crecen, forman sus propias familias y toman decisiones independientes, pero las preocupaciones de los padres nunca desaparecen.
Frank Buckman continúa intentando ayudar a sus hijos adultos mientras estos enfrentan problemas muy distintos entre sí, y a su vez ellos descubren que criar a la siguiente generación implica nuevos desafíos para los que nadie parece estar completamente preparado.
Ron Howard construye esta reflexión sin caer en el sentimentalismo excesivo. La película entiende que la vida familiar puede ser caótica, agotadora e incluso absurda, pero también profundamente gratificante. Esa combinación de humor y emoción es precisamente una de sus mayores fortalezas.

Un reparto que hace creíble cada emoción
Gran parte del éxito de la película se debe al extraordinario trabajo de su reparto. Steve Martin demuestra una faceta mucho más contenida de la que el público asociaba habitualmente con él, construyendo un personaje cercano y vulnerable que transmite perfectamente las inseguridades de un padre que intenta hacer siempre lo correcto.
Mary Steenburgen aporta calidez y naturalidad como Karen, mientras que Dianne Wiest ofrece una interpretación tan emotiva que le valió una nominación al Óscar como mejor actriz de reparto.
Jason Robards aporta autoridad y humanidad como Frank Buckman, y actores como Rick Moranis, Tom Hulce, Martha Plimpton, Keanu Reeves y un joven Joaquin Phoenix, acreditado entonces como Leaf Phoenix, completan un elenco coral donde cada personaje encuentra su momento para sobresalir.
La química entre todos resulta fundamental para que las distintas historias funcionen. Las discusiones familiares, los momentos de humor, las escenas más incómodas y las secuencias dramáticas transmiten una espontaneidad poco común, haciendo que los Buckman se sientan como una familia auténtica.

Un clásico que encontró una segunda vida
Ron Howard desarrolló la historia junto a Lowell Ganz y Babaloo Mandel, inspirándose en sus propias experiencias como padres, así como en las del productor Brian Grazer. Entre los cuatro sumaban al menos diecisiete hijos, una experiencia personal que se refleja en la autenticidad con la que la película retrata las relaciones familiares.
La crítica recibió muy positivamente la película y el público respondió de igual manera. Con un presupuesto cercano a los 20 millones de dólares, "Parenthood" terminó recaudando alrededor de 126 millones en todo el mundo, convirtiéndose en uno de los grandes éxitos comerciales de Ron Howard.
Además, recibió dos nominaciones a los premios Óscar: Dianne Wiest como mejor actriz de reparto y Randy Newman por la canción "I Love to See You Smile".
Su éxito también dio origen a dos adaptaciones televisivas. La primera, estrenada en 1990, apenas duró una temporada. En cambio, la versión de 2010 encontró su propia identidad y permaneció al aire durante seis temporadas, convirtiéndose en una de las series familiares más queridas de la televisión estadounidense.
Más de tres décadas después de su estreno, "Parenthood" conserva intacta gran parte de su vigencia. Sus personajes siguen resultando cercanos, sus conflictos continúan siendo reconocibles y muchas de sus reflexiones sobre la familia mantienen la misma fuerza que en 1989.
Puede que existan películas más espectaculares sobre la vida familiar, pero pocas consiguen retratar con tanta honestidad sus momentos más divertidos, incómodos y emotivos.
Precisamente por eso, "Parenthood" sigue siendo una obra que vale la pena descubrir o revisitar al menos una vez: una película capaz de hacer reír, emocionar y recordar que el trabajo de ser padre o madre, para bien o para mal, nunca termina.


Joan Prats