Oro, incienso y mirra
Una preciosa familia de palabras para poner nombre a lo que regalamos

Nos despertamos hoy, si todavía queda algo de niño en nosotros, con la esperanza de encontrar los regalos de los Reyes Magos de Oriente. Muchos ni siquiera hemos cogido lápiz y papel para escribirles una carta; aun así, los esperamos.
Los más considerados les habrán dejado una copita para aliviarles la larga travesía de esta noche. No podemos asegurar que fueran reyes, ni que fueran tres, ni siquiera que se llamaran Melchor, Gaspar y Baltasar.
Los siglos se han encargado de irlos perfilando a lomos de sus camellos. Lo que sí sabemos es que no eran magos en el sentido que hoy le damos a esta palabra; nada de prestidigitación ni ilusionismo.
El origen ancestral de ese magos está en el griego mágos, lengua en la que se refería a sacerdotes persas estudiosos de las estrellas, hombres sabios que buscaban el conocimiento. Tres magos, tres regalos –oro, incienso y mirra– y un sinfín de interpretaciones simbólicas para cada uno de ellos.
Más terrenales y prosaicos serán los presentes que los Santos Reyes nos hayan puesto hoy (o nos hayan dejado, o nos hayan echado, que la lengua española es rica en formas de referirse a ese regalar concreto de los Magos de Oriente).
La lengua española puede presumir de una preciosa familia de palabras para llamar a los regalos. Si buscamos la palabra en el Diccionario de la lengua española se nos propone este abanico de sinónimos: obsequio, presente, donación, ofrenda, dádiva, don, cortesía y regalía.
Un libro y un deseo
Es mucho más que un derroche verbal; cada uno tiene su matiz sutil, que lo hace más o menos apropiado para lo que queremos decir. Conocer estos matices y manejarlos nos toca a los hablantes.
Me encanta el uso de cortesía como sinónimo de regalo. El Diccionario nos define la cortesía como la ´demostración o acto con que se manifiesta atención, respeto o afecto´. De ahí que la misma palabra dé nombre al objeto con el que queremos simbolizarlos.
Algo similar a lo que en muchos países americanos significa la regalía, que para la mayoría ha quedado prácticamente reducida a la gratificación navideña.
Una ofrenda, en cambio, es un regalo que se tiñe de tintes casi sagrados, porque su uso habitual la vincula con lo que se ofrece a Dios o a los santos o con lo que se lleva a la iglesia en ocasiones señaladas.
Una relación similar con lo sagrado guarda la palabra don; un regalo muy especial, porque en el cristianismo se relaciona con los bienes que los creyentes reciben de Dios.
Las dádivas son aquellas cosas que se dan gratuitamente, pero guardan todavía para nosotros recuerdos de su origen latino dativa, del plural de dativum, que significaba ´donativo´, un regalo sí, pero ligado casi siempre con fines benéficos o solidarios.
Hoy no habremos encontrado oro, incienso o mirra.
Sean cuales sean estos obsequios, estos presentes, todos llevan en su nombre a quien los entrega, a quien los recibe y el lazo invisible de unión que supone que la acción de regalar sea voluntaria, que se sostenga en una muestra de afecto o de consideración y que no se espere nada a cambio.
Si no hemos encontrado nada (como la inmensa mayoría de los seres humanos), a los dominicanos, al menos, siempre nos quedará la Vieja Belén.

María José Rincón