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María Amalia León, una maestra constante

La educación como un acto de generosidad profunda

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María Amalia León, una maestra constante
María Amalia León, como educadora vocacional y gestora cultural, entiende la enseñanza como un acto de generosidad y humanización. (FUENTE EXTERNA)

María Amalia León enseña incluso cuando no parece hacerlo. Gestora cultural, educadora, escritora, maestra en pleno. Cree que todo educa —el cine, la música, el teatro, la calle— y que el arte, aparentemente inútil, es imprescindible porque humaniza.

Estudió la carrera de Educación por un llamado en el alma. No sabe si proviene de la historia familiar o si simplemente estaba ahí desde siempre, esperando desplegarse. Su madre fue profesora de taquigrafía en una época en que las posibilidades para una mujer eran escasas.

Su padre, a su regreso de Boston, donde se había formado en Mercadeo, decidió dar clases en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, cuando esa carrera aún no existía en el país. Enseñaba con los mismos libros con los que había estudiado y que su esposa le traducía.

Sin saberlo, ambos estaban fundando una pedagogía hecha de complicidad y vocación.

Su trayectoria en la enseñanza formal es extensa: más de cuarenta años vinculada al aula, veintiocho en una misma escuela —veinticinco como directora académica y tres como asesora—, además de su paso por instituciones públicas y privadas.

Con su llegada al Centro León, algo se amplía en su experiencia. Aprende de los curadores el lenguaje de la arqueología, la etnografía y las artes visuales, y comprende que todo patrimonio necesita dispositivos pedagógicos para dialogar con públicos diversos, atravesados por intereses sociales, culturales y generacionales distintos.

En los museos de referencia internacional, el equipo pedagógico camina en paralelo al curatorial. Ese principio guía su gestión: toda exposición debe ir acompañada de un programa que invite. Democratizar el conocimiento no es posible sin un proceso formativo consciente.

Para María Amalia, la imaginación es imprescindible en todo aprendizaje. Es lo que permite formular preguntas sin respuestas cerradas, abrir posibilidades y aventurarse a lo desconocido. En un mundo cada vez más polarizado, la educación sigue siendo un espacio donde las miradas distintas no solo conviven, sino que se enriquecen.

Como autora de libros infantiles, escribe desde la actitud del asombro: ponerse en el lugar de quien descubre el mundo por primera vez. Ha publicado varios libros para niños y trabaja en otros proyectos. Formada también en Lingüística y Filosofía, ha apostado toda su vida a la educación.

Un buen maestro —afirma— no es el que explica ni el que argumenta mejor, sino el que inspira: el que ve en el otro algo singular y le dice, con respeto, sácalo, eso eres tú.

Esa mirada ha tocado muchas vidas, también la mía. María Amalia tiene el don de quitar el miedo del medio y dejar ver el potencial, con dulzura y con una fe profunda en el otro.

Mira el mundo desde la posibilidad constante de aprender, de enseñar y de comprendernos mejor. Por eso, quienes pasamos por su vida salimos con una certeza serena: que aprender puede ser un gozo y que enseñar, cuando es verdadero, es un acto profundo de generosidad.

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Abogada especialista en derecho administrativo, entusiasta de la cultura y la palabra escrita.