Elsa Núñez: "Cuando pinto me transporto y me rejuvenezco interiormente"
La Bienal Nacional de Artes Visuales abrirá el próximo sábado con una edición que honra la trayectoria de al artista

El próximo sábado se inaugura la 31.ª Bienal Nacional de Artes Visuales (BNAV), en el Museo de Arte Moderno de la Plaza de la Cultura, a las 6:00 p.m., con la que se honra la trayectoria de la maestra Elsa Núñez, Premio Nacional de Artes Visuales.
La BNAV permanecerá abierta al público durante cuatro meses y otorgará un gran premio de un millón de pesos, además de nueve premios adicionales de 300 mil pesos cada uno.
A lo largo de su carrera, Núñez ha sido una figura clave en la escena artística dominicana, con más de 60 exposiciones colectivas y 40 individuales, tanto a nivel nacional como internacional.
Su obra, caracterizada por la representación de figuras femeninas y la exploración de la abstracción, le ha valido múltiples distinciones, entre ellas el Premio Nacional de Artes Plásticas en 2014 y su reconocimiento como Gloria de la Pintura Nacional por la Cámara de Diputados en 2016.
En vísperas de este homenaje, la artista conversa con Diario Libre sobre su trayectoria, sus etapas creativas, su compromiso social y la vitalidad que aún la impulsa a crear.
—¿Cómo se siente con este homenaje a su trayectoria?
Es un honor para mí participar en esta bienal, dedicada a figuras destacadas en pintura, escultura y arte. Para la exposición, donde también se me dedica una sala, tuve que solicitar varias obras prestadas, ya que muchas estaban vendidas.
Con el apoyo de mis representantes, Marlon Ayalá y su equipo, presento piezas de distintas épocas, incluyendo trabajos relacionados con la Revolución de abril de 1965, momentos que tienen un gran valor cultural y emocional para mí.
Realmente agradezco a la Asociación Nacional Dominicana de Críticos de Arte que me hayan elegido para la exposición porque es un honor para un artista.
—¿Cuántas obras se van a mostrar en la sala?
Creo que son 31 obras. En una sala se inaugura primero la Bienal y luego se entra a ver mi exposición y la de los artistas participantes, los que eligieron para exponer y aceptaron.
—¿Cómo ve la huella que ha dejado en el arte, en sentido general? Estuvo involucrada en muchos movimientos artísticos y sociales, junto a su esposo, el fenecido Ángel Haché, también un gran artista. ¿Cómo evalúa toda su trayectoria?
Tuve una etapa muy emotiva, muy fuerte, muy dramática, y fue cuando perdí varios compañeros en Bellas Artes, en la época de Trujillo. Apenas tenía 12 años.
Luego me fui a hacer un posgrado en España y cambió todo. Empecé a poner el sol, a vestir a las mujeres de blanco, no mujeres trágicas ni expresionistas con caras de tristeza y de dolor, ni madres angustiadas.
Pasó a ser como un romanticismo y tuve un éxito económico grande, pero yo no estaba conforme. Sentía que debía seguir investigando.
Coloqué la figura humana sobre un paisaje abstracto y me enamoré de la abstracción, aunque no del todo. Dejé a un lado la figura humana y comencé a trabajar en abstracciones puras, que es mi estilo actual.
Y ahora introduzco homenajes a la tierra. La ecología siempre me ha atraído y he protestado por cómo el hombre no ha sabido valorar ese don, ese legado que Dios le concedió con la naturaleza.
—¿Tuvo alguna experiencia con la escultura?
Sí, Antonio Prats-Ventós y Gaspar Mario Cruz fueron mis profesores. Hice varias figuras que regalé a mi madre. Pero no me sentía tan inclinada a la escultura, por eso no seguí.
No fue mi fuerte, de verdad. Lo mío siempre fue la pintura y la música, porque también estudié cuatro años de piano con la profesora Haydée Espaillat, fallecida, una gran pianista.
He involucrado la música en mis obras. Hay una que se llama Sinfonía de otoño, otras Homenaje a Vivaldi y Las cuatro estaciones. La música ha sido un tema de inspiración para mis obras, una motivación para crear.
—Su trabajo se ha conocido y valorado internacionalmente. ¿Qué nivel de reconocimiento ha logrado su obra en esos espacios?
En España expuse dos veces, primero con Ángel y luego con un grupo de peruanos. Expuse en el Instituto de Cultura Hispánica y participé en la Bienal de Venecia con una obra muy buena que ahora está en la exposición.
En la Bienal de Sao Paulo representé al país junto a Dionisio Blanco y Amable Sterling. Me han otorgado en vida casi todos los premios y reconocimientos a las artes visuales y eso me emociona.
Compromiso social
—Siempre ha tenido compromisos sociales.
Sí. Trabajé en murales en 1965. Era muy joven y me iba a escondidas de mis padres al taller de Silvano Lora.
Junto a Ramón Oviedo, Cándido Bidó y José Cestero hacíamos afiches y murales en medio de la guerra dedicados al tema de la impotencia que sentíamos ante la invasión de las tropas norteamericanas, donde perdí dos hermanos.
Todo eso contribuyó a la época dramática de mi obra, que considero una de las mejores porque siempre pinto sentimientos, y esos eran tan fuertes que no sé cómo los coleccionistas de la época las adquirían, pero las compraban todas.
—A su edad, todavía sigue trabajando.
Sí, sigo pintando. Hace poco estuve trabajando en el Acuario. Lo restauré junto a Osiris Gómez, gran artista. Luego tuve que hacer obras nuevas, abstractas, para la exposición de la Bienal.
Hay varias obras recientes mías. Pocas porque pedían abstracciones puras. Hice tres o cuatro nuevas en 2025 que han gustado mucho al curador Amable López Meléndez y a Teresa Miramar, encargada del evento.
—¿Cuántos años resumen ya su trayectoria?
Bueno, comencé en 1962, son casi 60 años de trabajo.
—En este viaje ¿hubo momentos en los que pensó dejar la pintura?
No, todo lo contrario. Cada vez estoy más motivada a pintar. Yo misma me asombro de que no me canso, al contrario. Me siento con más vitalidad, con la misma fuerza de cuando comenzaba en mis años hermosos.
Le doy gracias a Dios por eso, que me ha dado esa cualidad. Estoy asombrada de mí misma porque cuando estoy pintando me transporto, me rejuvenezco interiormente.
—¿Cuál es su lectura del movimiento cultural hoy, tras pandemia y crisis?
—He insistido en que se proyecte el arte nacional. Aún no nos conocen fuera. No solo la pintura, también la música, el ballet, todas las artes.
En el exterior se conocen obras que son haitianas y no son dominicanas porque los turistas la compran aquí y creen que ese es nuestro arte, cuando en el país hay muy buenos artistas.
Falta proyección internacional. Insistí mucho en la pasada gestión y sigo insistiendo en que se proyecte nuestra pintura, la música y el arte dominicano en sentido general.
Antes de morir quisiera ver ese objetivo cumplido.
El CODAP ha decaído
—Fue presidenta del Colegio Dominicano de Artistas Plásticos. ¿Cómo lo ve hoy?
Fui presidenta y logré que se hicieran muchas cosas. Se daban clases de derecho de autor, de restauración. Se entregaban reconocimientos a grandes artistas como María Ugarte, Iván Tovar o Prats-Ventós. Pero hoy ha decaído. Hay un nuevo presidente y espero que las cosas cambien, pero no es lo mismo.
El colegio incluso alquiló parte de su local, lo cual está prohibido. Ya no es lo mismo. No hay un gremio que defienda a los artistas como antes, Hoy se inscriben personas que no llenan los requisitos, la verdad que no funge como fue concebido.
—Por último, la Escuela Nacional de Bellas Artes, donde usted se formó y luego estudió en España. ¿Cómo la ve hoy?
Está dirigida por una gran pintora, Iris Pérez. Ella se ha entregado a esa institución, reformándola y logrando lo que hacía años esperábamos.
Estoy muy contenta porque es una artista joven que sacrifica su tiempo personal para dedicárselo a la escuela. Está hasta de noche trabajando allí.
Estoy muy satisfecha. Ella fue alumna de Ángel, no mía, pero de verdad está haciendo una gran labor.