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Ateneo Insular Internacional celebra su encuentro de fin de año junto a José Luis Vega

Un homenaje literario que celebró la palabra, la hermandad caribeña y el legado poético del puertorriqueño en el Ateneo Insular

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Ateneo Insular Internacional celebra su encuentro de fin de año junto a José Luis Vega
Interioristas del Ateneo Insular Internacional junto a Bruno Rosario Candelier y Jose´ Luis Vega. (FUENTE EXTERNA)

En el marco de la Conferencia Magistral del 4 de diciembre (en el auditorio principal del campus Santo Tomás de Aquino de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra), de la Cátedra de Literatura Caribeña René del Risco Bermúdez, el escritor puertorriqueño y director de la Academia Puertorriqueña de la Lengua Española visitó el Ateneo Insular en República Dominicana, siendo esta una muestra más de las actividades internacionales de dicha institución cultural.

Vega fue honrado con un encuentro literario en su honor, en donde se estudiaron varias de sus creaciones literarias y se le entregó, por parte de la Academia Dominicana de la Lengua, un reconocimiento «por sus grandes aportes a la lengua española desde su posición como director y como escritor que enaltece la palabra y edifica el espíritu».

Fue una visita fructuosa y tierna. El fundador de esta institución, don Bruno Rosario Candelier, invitó al distinguido poeta a pasar una velada con sus escritores (e invitados que también profesan devoción por esta escuela), pues el Movimiento Interiorista reconoce a este escritor hermano como un iluminador de la poesía interiorista.

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José Luis Vega y Bruno Rosario Candelier. (FUENTE EXTERNA)

Celebrado el 6 de diciembre de 2025 en el Centro de Espiritualidad San Juan de la Cruz, Las Lajas de El Caimito de La Vega, en este espacio tuvo lugar el conversatorio que todo escritor ansía tener con su admirado artista. De esa plática es el siguiente fragmento:

«Yo soy de San Juan, Puerto Rico —respondió, con su sonrisa peculiar que evidenciaba un alma sencilla que comprendía su culta palabra—, pero de un sector de San Juan que se llama Santurce.

Sabrán, los que conocen a Puerto Rico, que es un sector importante. A los que somos de Santurce nos dicen que somos cangrejeros».

«Hay unos sectores que son bastante aristocráticos, que son parte de Santurce, como Miramar, Condado, que es un centro importante de turismo. Y también hay zonas que eran arrabales, muy conocidos: Talleres, El Barquito, La Colectora..., porque forman parte de un panorama maravilloso que es un sistema acuático que desemboca en la Bahía de San Juan, en torno a esas vías fluviales, que se desarrollaron básicamente para gente que un momento no tenían dónde vivir y se acomodaron allí»

«Con eso les quiero decir que es un sector urbano muy variado y de mucha riqueza, y los que son de Santurce suelen llevarlo a mucha honra por la diversidad de la experiencia que significa ser de esa parte de la ciudad.

De modo, que yo, si soy de Santurce, quiere decir que la experiencia urbana, su formación personal y literaria es muy importante».

¿Entonces Santurce no es un municipio independiente políticamente de San Juan, sino que es un barrio o un sector de San Juan?

«Es un barrio: administrativamente es una parte del municipio de San Juan. Yo vivía en la frontera de dos barrios populares: hacia un lado estaba Los Talleres (de donde es el cantante Andy Montañez) y hacia el otro lado estaba el barrio de Figueroa, y mi padre tenía una casa en la avenida Labra y allí tenía un pequeño comercio. Y yo me crié en esa frontera que para mí fue una parte muy importante».

«Mi padre era un compositor de bolero y de música popular, un compositor anónimo, pero un buen músico, tocaba guitarra de oído y componía canciones, boleros, guaracha... A veces yo lo veía cantando y tocando frente al espejo y yo decía: Él se está imaginando tocando en la televisión y cómo se vería cantando sus interpretaciones.

Entonces, yo escribí un libro, en mi tiempo de juventud, relatando todo eso, que se llama Tiempo de bolero, un poemario dedicado a mi padre y que recoge toda esa experiencia urbana con el trasfondo musical del bolero y de la música popular». 

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Infografía
José Luis Vega y su esposa, junto a Rafael Hernández y William Acevedo F. (FUENTE EXTERNA)

¿Tú comenzaste a escribir desde muy joven?

«Sí, yo comencé a escribir yo pienso que como a los 13 o 14 años. Y mi padre tiene mucho que ver también con eso porque cuando yo estaba en la escuela secundaria una maestra de español nos hizo leer Doña Bárbara, de Rómulo Gallegos.

Entonces era una lectura obligatoria, era una maestra vanguardista, le gustaba mucho la pedagogía y nos dio la libertad para que cada cual hiciera un proyecto creativo inspirado en la novela:

  • "El que quiera dibujar que dibuje; el que quiera hacer una escultura que haga una escultura; el que quiera componer una canción que la componga..., pero que tenga que ver con un personaje. Pueden escribir una semblanza de un personaje"».

«Y a mí se me ocurrió escribir una semblanza en versos del personaje Pajarote, el campesino que es el cómico de la novela.

Me senté a escribir lo que creía que eran versos, no había escrito un poema en mi vida, y traté de hacer una semblanza en versos del personaje y no me salía, no daba pie con bola y mi padre, que no era poeta, pero sí era compositor, tenía cierto sentido innato de la poesía y él me ayudó a componer aquel poema».

«Y el poema rimaba y era humorístico y yo lo leí frente a los compañeros —la maestra me pidió que lo leyera frente al salón de clases— y fue muy aplaudido y se rieron y me felicitaron y adquirí una prominencia entre los muchachos porque yo era un estudiante completamente tímido, pero de momento aquello me hizo destacar.

Llegué a mi casa avergonzado porque yo había recibido un mérito que no me correspondía. Y así nació la vocación poética: primero, cuando quise escribir, por alguna razón, en versos; y segundo, yo me propuse escribir mis propios poemas, no poemas a media madrina con mi padre».

«Y desde entonces, recuerdo que me impuse una disciplina de escribir uno o dos poemas diarios: yo me iba al patio, debajo de un árbol de cereza que había y hasta que no escribía un poema ese día yo no estaba tranquilo.

Y así fue como ingresé en el mundo de la poesía; y leyendo poemas: a don Gustavo Adolfo Bécquer, me gustaba y lo leía mucho; a don Juan Ramón Jiménez, que también lo leía mucho; a don Pablo Neruda».

Otras voces

En cuanto a las obras estudiadas, Luis Quezada fraguó sobre la antología Letra viva de José Luis Vega, cual «recoge la escritura de nuestro poeta desde el año 1974 hasta el año 2000, y fue publicada por Colección Visor de Poesía, con un hermoso prólogo de Julio Ortega, quien lo considera "el mejor poeta actual de su país" y "ha hecho de su obra un albergue abismado" (p. 13)».

«Estamos ante una antología que recoge 97 poemas. Podemos decir, al hacer una lectura reposada, que José Luis Vega es un gigante de la escritura creativa en Puerto Rico; es un poeta de los pies a la cabeza, pues escribe con la lengua, con el pecho, con los ojos, con el hálito del viento..., con el dedo más serio.  tiene la mirada cósmica, galáctica y musicaliza toda la realidad cuántica bajo los efectos de la poesía [...], y nada debe avergonzarse si posan bajo los efectos de la poesía».     

Kenia Mata Vega, por su parte, dirigió su pronunciamiento al vuelo alto-silente del poeta:

«La lectura de Sínsoras, de José Luis Vega, es un pasadizo hacia un territorio donde la historia se desnuda de solemnidad y donde ciencia, eros, viaje y muerte dialogan en un teatro íntimo. La voz poética que articula ese universo no se conforma con nombrar; necesita traspasar».

«El signo distintivo de esta obra es una obstinación por revelar la vida en sus zonas de sombra y de asombro». Sobre el poema "San Juan, Lisboa, 1935", manifestó, por ejemplo, que este «funciona como puente entre dos ciudades, dos lenguas y dos tradiciones poéticas»:

  • «Las ciudades son espejos y contenedores una de la otra; en sus imágenes laten la memoria colectiva, las herencias coloniales, los afectos que sobreviven al tiempo y ese modo profundo en que las ciudades se parecen a las personas: heridas, ruinas, nostalgias y orgullos cruzados».

Bruno Rosario Candelier, en su interpretación efervescente de Travesía, de José Luis Vega, dijo:

  • «No son las islas sustantivas que soñaban los antiguos marineros. No son las islas imaginarias que atorrantes marineros concebían en su ficción. Esos valientes marineros, su larga travesía, anhelan llegar a una isla donde podrán abrevar en sus fecundas tabernas sus sueños y visiones. Travesía implica viajar a un territorio real o imaginario. Un viaje por tierra, mar o aire. O un viaje al ámbito sutil de la fabulación».

Y acentuó su instrumento masculinamente: «El poeta sueña con los renos, no de Rómulo ni de Ítaca, sino del mar antillano que rodea su isla, del bergantín que sueña su fantasía, del Ulises que todo hombre añora en su velamen íntimo consentido, en el canto de las olas interiores de la ilusión, en el ideario de una belleza sutil y solapada, en la fragua de un fragmento interior del velero que zarpó de la isla y fraguó en la conciencia el sueño de un pirata secreto: "Cuánto hubiera querido ser el rey de altamar, / remero, cuando menos, / y no este pasajero de aguas turbias / que mira desde el ferry e descampado" (p. 10)». Juan Santos también presentó un estudio sobre Travesía.

El homenajeado

José Luis Vega nació el 8 de junio de 1948, como ya se dijo, en Santurce, Puerto Rico. 

Fue elegido en 1997 como académico de número de la Academia Puertorriqueña de la Lengua Española, donde ocupa el sillón H. 

Tomó posesión el 19 de marzo de 1998 con el discurso titulado Luis Palés Matos y Evaristo Ribera Chevremont: poéticas paralelas

Le respondió, en nombre de la corporación, María Vaquero. 

Es el actual director de la Academia Puertorriqueña de la Lengua Española. 

Es poeta, ha sido profesor en la Universidad de Puerto Rico, director del Departamento de Estudios Hispánicos, decano de la Facultad de Humanidades en ese mismo centro docente y director del Instituto de Cultura Puertorriqueña, entre otros datos de su hoja de vida.

Y los participantes inquirieron más: «¿Cree usted en la reencarnación?"

«En San Juan, cuando vayan, pregunten cuál es la calle San Justo, dónde queda la calle San Justo. San Juan es una colina y hay calles que bajan y hay calles que corren paralelas.

En la calle San Justo, en la parte alta, hay una calle maravillosa, que uno siente que esa calle se derrama: atraviesa ¡toda! la ciudad, llega al puerto, llega hasta la bahía, atraviesa la bahía, llega a la otra costa donde está el pueblo de Cataño, y sube a la montaña y termina en el cielo».

«De modo que es una calle que empieza en el cielo, porque cuando usted está arriba y mira para atrás lo único que ve es el cielo: detrás sabes que está el mar y la Bahía de La Perla, pero no se ven: le da un corte transversal a todo Puerto Rico y termina en el cielo.

Yo he escrito varias cosas sobre esa calle, pero también me ocurrió algo: la primera vez que fuimos a Lisboa, mi esposa y yo, yo fui buscando una calle: la calle Rua do Alecrim.

¿Por qué? Porque la menciona José Saramago en su novela sobre Pessoa, El año de la muerte de Ricardo Reis (Ricardo Reis es un heterónimo del poeta Fernando de Pessoa —creó muchos poetas con distintos nombres: uno de esos nombres fue Ricardo Reis), y hablaba de la calle Rua do Alecrim, y yo quería conocer la calle Rua do Alecrim».     

«Y el poema lo escribí antes de ir a Lisboa y de ver la calle Rua do Alecrim.

De modo, que mi gran sorpresa fue que la calle era tal como yo me la había imaginado y de ahí esa sensación de que yo viví en Lisboa en alguna existencia anterior, porque yo he determinado que eso es la reencarnación.

Biológicamente es conflictivo, pero yo creo que uno no muere del todo y que a lo mejor uno ha vivido más de una vida, que esa es la creencia de la inmensa mayoría de la humanidad: que hay más personas que creen en la reencarnación que las personas que creen en una sola vida».  

¿Cuál poeta ha sido el más importante para usted?

«Tengo muchos poetas que me han conmovido, pero Luis Palés Matos sería como mi punto de partida. Con Borges me quedo no con el poeta de Buenos Aires, sino con el Borges posterior: el Borges que escribe en metro, que escribe en rima, poetas de tipo filosóficos, de mucha profundidad bien construidos.

Ese Borges es el poeta que admiro y es el que Borges admira, porque él se separó de su poesía juvenil y, como Palés, es un poeta que, en su generación, pues, domina muy bien la forma.

Y para mi generación completa, César Vallejo fue fundamental. Vallejo fue un poeta de una profundidad extraordinaria. Desde jovencito leí a Neruda, 20 poemas de amor y una canción desesperada.

En fin... No es que tenga que tener una localidad ni me refiero a una tradición nacional, pero el culmen de la poesía es Luis Palés Matos».

¿Considera usted que poema y poesía son dos conceptos sinónimos?

«Para mí no: aunque admito que en el lenguaje ordinario "poesía" y "poema" son sinónimos. Es decir, puedo decir "voy a escribir un poema" o "escribí ayer una poesía".

Para mí la poesía es una entidad en sí misma, es una sustancia, es un elemento muy próximo a la experiencia revelatoria [...]. La poesía no es material, por supuesto, pero es una sustancia, es una entidad que aparece en el lenguaje, en la manipulación del lenguaje como una experiencia del lenguaje mismo».

«No está suscitada por una experiencia bella: por un atardecer, por una flor, incluso por una experiencia traumática, de tipo sicológico, eso pueden ser elementos suscitadores, que ponen un estresor, que son capaces de inducir al lenguaje una tensión, cuando el lenguaje pierde su carácter funcional, su carácter de comunicación inmediata y adquiere una realidad que no tienen que ver nada con la comunicación ordinaria y ahí está la poesía».  

Al final, la empatía interiorista fue diseminada en cada ruta como parra que produce la uva y esta el vino de la pascua de los siglos. 

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Bruno Rosario Candelier entrega un diploma a José Luis Vega, junto a los académicos Rita Díaz y Rafael Peralta Romero. (FUENTE EXTERNA)

Bruno Rosario Candelier, Elidenia Velásquez, Luis Quezada, Kenia Mata Vega, Rafael Hernández, William Acevedo Fernández, Edli Acevedo, Carmen Rosa Estrada, Minerva Hernández, Christiam Paniagua, Rafael Dionisio, Vianibel Valerio, Miguel Ángel Lugo, Alexandra Borbón, Rita Díaz, Neris Morilla, Solanyi Pineda, Rafael Peralta Romero, Carmen Pérez Valerio, Juan Santos, Catalina de Vega y quien suscribe esta nota nos regocijamos al escuchar a José Luis Vega pronunciar las siguientes palabras:

«Creo que es un privilegio que una persona que escribe versos tenga la oportunidad de escuchar las lecturas y las interpretaciones de personas tan inteligentes, con tanta sensibilidad, con tanta capacidad de comentar, y que hayan dedicado tiempo y esfuerzo a tratar de desentrañar el sentido de los poemas que uno escribe por alguna razón. Y es un privilegio recibir esa, como dicen, retroalimentación.

Y realmente hubo interpretaciones novedosas y hubo lecturas coincidentes con la intención de mi escritura.

Y la poesía es así, un abismo abierto de posibilidades y de interpretación, y entre esas posibilidades, muchas veces coincide la intención del autor con la captación del lector. Y esa sintonía es maravillosa cuando el lector le enseña a uno otras posibilidades de lectura y de interpretación».

«Realmente ha sido un momento mágico, especial, privilegiado y la única palabra que cabe es: Gracias, gracias muchas veces: a Bruno por su generosidad, que ha sido, en mi caso, repetida; y a ustedes por tener este privilegio de reunirse aquí ocasionalmente a compartir estas experiencias, yo creo que son relaciones exquisitas y ver esa camaradería y la familiaridad y la alegría que reina entre ustedes es realmente conmovedor».            

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