La muerte de Enerolisa Núñez provoca indignación por omisiones del Ayuntamiento
El expresidente del Concejo de Regidores, Loren Girón Villa, denuncia la falta de homenaje formal a la artista, resaltando su importancia cultural.

(SUMINISTRADA)
La muerte de Enerolisa Núñez no solo estremeció los altares y cofradías donde su voz marcó generaciones; también ha puesto en evidencia una dolorosa fisura entre la cultura popular y la institucionalidad municipal. A varios días de su sepelio, el Ayuntamiento de Santo Domingo Norte no ha declarado tres días de duelo municipal en honor a la artista, una omisión que ha despertado indignación en sectores culturales y comunitarios.
¿Qué reclamos han expresado los líderes culturales?
El expresidente del Concejo de Regidores, Loren Girón Villa, denunció la negativa de convocar una sesión de urgencia para rendir homenaje formal a quien fuera conocida como "La Reina de la Salve". Su reclamo no es meramente protocolar. Es, en esencia, una advertencia sobre la jerarquía simbólica que el poder local otorga —o niega— a la identidad cultural.
"Enerolisa no fue una intérprete más: fue símbolo viviente de la música de atabales, guardiana de la salve y embajadora de una tradición que hunde sus raíces en la memoria ancestral afrodominicana", expresó Girón Villa, al subrayar la dimensión histórica de la artista.
Desde Villa Mella, territorio reconocido por su riqueza cultural y espiritual, Enerolisa proyectó al mundo una manifestación que trasciende lo musical. La salve y los atabales no son simples expresiones folclóricas; constituyen una herencia espiritual que conecta generaciones y preserva la memoria de la diáspora africana en el Caribe. Su voz —alta, vibrante, cargada de lamentos y celebraciones— convirtió ritual en escenario y tradición en patrimonio vivo.
A las críticas se sumó el concejal del partido Fuerza del Pueblo, José Miguel Brand, quien se expresó en términos similares y cuestionó que el Ayuntamiento de Santo Domingo Norte y la actual alcaldesa, Betty Gerónimo, hayan priorizado una actividad oficial en Sabana Perdida, en lugar de dedicar un espacio institucional para acudir al féretro de la artista.

Para el edil, el gesto envía un mensaje de desconexión con la identidad cultural de Villa Mella, comunidad donde Enerolisa consagró su vida a preservar la música autóctona y las tradiciones espirituales que forman parte esencial del patrimonio local.
Impacto de la omisión institucional en la comunidad
En iguales términos se manifestó el exconcejal y gestor cultural José Manuel López, reconocido defensor de la salve y de las expresiones culturales de Santo Domingo Norte, quien deploró que a Enerolisa Núñez no se le despidiera como una auténtica representante de la cultura dominicana. Consideró que debió organizarse un acto solemne con la presencia de autoridades culturales, artistas y personalidades que rememoraran la vida y legado de la "Reina de la Salve", elevando su despedida a la dimensión histórica que merecía.
El reclamo ciudadano no se reduce a la ausencia de una declaratoria de duelo. Se trata de lo que ese gesto representa: el reconocimiento institucional a una mujer que llevó la salve a escenarios internacionales sin despojarla de su esencia comunitaria.
Sin actos oficiales
- "La falta de un acto oficial en su última morada ha sido interpretada como una señal inquietante sobre el lugar que ocupa la cultura tradicional dentro de la agenda pública municipal", explicó a través de un comunicado.
- En comunidades donde la cultura es identidad y sustento espiritual, el silencio institucional pesa. La declaratoria de duelo no cambia la historia de Enerolisa, pero sí define la postura histórica de quienes administran el municipio. ¿Puede una ciudad que se enorgullece de su patrimonio ignorar la despedida solemne de una de sus principales guardianas culturales?
- La controversia abre un debate más profundo: el reconocimiento a los portadores de tradición no debe depender de presiones coyunturales ni de simpatías políticas. Requiere políticas públicas claras, visión cultural y coherencia ética. Honrar a quienes sostienen la raíz histórica de la nación no es un favor; es una obligación moral de las autoridades.
