Clubes de lectura en movimiento
Todo lector apasionado estará de acuerdo conmigo: la curiosidad lectora no tiene límites

(FUENTE EXTERNA)
No hay duda de que la lectura desarrolla habilidades imaginativas y de concentración que aumentan la creatividad y la empatía, pero es innegable que cuando entran en juego la curiosidad y la pasión, cerrar la última página de un buen libro abre el deseo de habitarlo.
Ese irremediable impulso de pasar de las páginas a la acción, de la ficción a la realidad, de habitar la historia leída y mirar con ojos propios el escenario en donde se inspiró el autor.
Es el motor que nos empuja a la extraordinaria aventura de viajar con la literatura como brújula tras un libro, un escritor y una ciudad.

En los últimos años, con el auge los clubes de lectura, se introduce en nuestro país el concepto del “viaje literario a la medida”. Una propuesta que provee nuevas experiencias lectoras alrededor de los libros con un rigor que el turismo convencional desconoce.
Viajes literarios
Combinar viaje y literatura exige del diseño de un GPS literario donde los lugares dejan de ser coordenadas geográficas para convertirse en coordenadas literarias de personajes y experiencias.
Esas que guían a puertas que rara vez se abren para el viajero común y lo llevan de la mano a “vivir el libro” en los lugares donde se inspiraron las figuras universales de las letras.

La hoja de ruta de estos viajes marca las ciudades de acuerdo con el autor o la novela, priorizando su valor histórico, y asigna alianzas estratégicas con escritores reconocidos en el exterior expertos en el tema.

Estos escritores invitados actúan de puente hacia los clásicos y de anfitriones en las tertulias con los autores internacionales dirigidas exclusivamente al grupo de viajeros.
“Las huellas de El Quijote”, en La Mancha; “Tras los pasos de Jane Austen”, en Londres y en Bath; “El París de los escritores latinoamericanos”; o La Toscana y “El Paraíso de Dante”, entre otras rutas ya realizadas por iniciativa de la marca cultural “Coordenadas literarias”, ponen el acento en los clásicos, dibujan una amplia y enriquecedora geografía literaria y promueven el intercambio, la conversación directa entre los escritores de diferentes partes del mundo y los entusiastas lectores dominicanos.

El reto siempre es el mismo: lograr que los integrantes de los grupos de lectura dispuestos a ampliar su experiencia lectora redescubran una ciudad, que seguramente conocen como turistas, a través de la literatura, brindando con el mejor vino de la zona y en la mejor compañía.
El libro, “ese ilustre huésped” que descansa en nuestra mesita de noche en sus diferentes formatos, tiene alas y merece despegar.

Es hora de viajar con la literatura como brújula, de convertir nuestra biblioteca personal en una geografía recorrida y comprendida, que revele el espíritu del lugar (Genius loci), reviva los fantasmas de los autores en las calles que pisaron, los hoteles y pensiones en los que vivieron, los escudos que los nombraron, las mujeres y los hombres que amaron, las librerías que frecuentaron, el rincón de un café donde se inspiraron.

- Huellas imborrables de una memoria literaria que confirma una irrebatible verdad: para un insaciable lector, el libro no termina en su última página, al igual que la curiosidad y la pasión, sigue resonando y expandiéndose en la propia vida.

Clidia Díaz