"Visiones de Yauya": el paisaje imaginario de José Carlos Nazario
El artista dominicano transforma su experiencia personal en una poética exposición que inaugura La cantera, la nueva plataforma expositiva del Centro Cultural Rainieri

José Carlos Nazario encontró en Los Ojos Indígenas un refugio durante uno de los momentos más difíciles de su vida: la pandemia.
Años después, aquella experiencia regresa convertida en Visiones de Yauya, una serie de paisajes imaginarios que explora la memoria, la naturaleza y aquello que permanece más allá de lo visible.
Esta exposición, que inaugura La cantera, la nueva plataforma del Centro Cultural Rainieri, estará abierta al público hasta mediados de septiembre. En esta entrevista con Diario Libre, el artista habla de su proceso creativo, su relación con el territorio y las preguntas que atraviesan su obra.
¿Cuándo sentiste que querías dedicarte al arte y qué fue lo que te llevó a convertirlo en tu forma de expresarte?
Desde niño dibujaba. Jugaba con libros y enciclopedias: leía sobre personajes y acontecimientos políticos e históricos y luego intentaba representarlos. Después me involucré en política, hasta comprender que ese no era mi lugar.
Y fue en medio de una crisis personal, en 2014, que quise dejarlo todo... Dedicarme al arte fue una especie de llamado espiritual, un mandato del Sol.
En 2017 fui a Mexico a trabajar un tiempo en el taller de un artista para aprender un poco. Luego me la pasé moviéndome mucho entre la montaña y la playa hasta que en 2021 me fui a vivir a París. Allí continué mi práctica. Vine dos veces a exponer en Dominicana.
En 2024, Lyle O. Reitzel, hoy mi representante, me escribió después de ver una de mis piezas y me dijo que mi trabajo podía interesar a sus coleccionistas. De ahí nació Selvadentro (2025), una exposición que generó una respuesta extraordinaria y abrió una nueva etapa en mi práctica.
En tus obras, el paisaje no es una representación exacta de un lugar. ¿Qué buscas expresar cuando lo transformas desde tu imaginación?
Busco pensar desde las formas y las imágenes, no me interesa representar. Estos paisajes imaginarios están ligados a investigaciones y alegorías que relacionan la selva con la libertad, con lo no dominado.
Me interesa desentrañar la esencia, lo que hay detrás, lo que podría surgir de... Integro memoria, historia, lecturas e imaginación en un proceso que primero investiga, medita y luego separa esa investigación de la ejecución mediante el ´automatismo psíquico´. El paisaje termina siendo un espacio mental, un conjunto de umbrales.
Trabajas con pintura, dibujo, escritura y objetos. ¿Cómo decides qué técnica o formato usar en cada obra?
Me considero un medio para que las cosas tomen forma. Me interesa la idea griega de poiesis: hacer pasar algo de no-ser a ser. A veces aparece una visión, otras el pincel o la pluma producen un trazo que decido seguir y otras veces requieren una composición mucho más racional.
Casi siempre empiezo leyendo y escribiendo. Investigo, tomo notas y hago ejercicios de abstracción. Es ahí donde empiezan a surgir las piezas y también la forma que necesitan.
¿Qué descubriste en Los Ojos Indígenas durante la pandemia que luego se convirtió en el origen de "Visiones de Yauya"?
Atravesaba un momento personal muy difícil y sentí el impulso de regresar a esos manantiales que conocía desde niño. Buscaba conectar con algo mayor que yo, con una mística que recordaba de aquel lugar.
El Grupo Puntacana me permitió explorarlos y fui llenando apuntes con lo que encontraba e imaginaba. Después me fui a Francia y esos apuntes se perdieron. Visiones de Yauya nace, cinco años después, de intentar reconstruir lo que quedó de ellos en mi memoria.
¿Qué significa para ti presentar "Visiones de Yauya" como la primera exposición de La Cantera?
Ha sido una coincidencia muy hermosa. Estaba en Amberes cuando le escribí a Jake Kheel porque sentía que tenía una deuda con aquella investigación. Me habló del Centro Rainieri, todavía en construcción. Meses después, Rab Messina vio una exposición mía y me llamó para saber si me gustaría ser el primer artista de La cantera.
De alguna manera, el proyecto y el espacio terminaron encontrándose.
La cantera busca abrir un espacio para artistas emergentes. ¿Qué crees que hace falta en el país para que los artistas jóvenes tengan más oportunidades?
Sobre todo, un ecosistema más amplio: más espacios (por eso celebro la apertura del Centro Rainieri), galerías, coleccionistas, residencias artísticas, apoyo económico, crítica y circulación internacional. También lugares donde los artistas puedan experimentar e incluso equivocarse.
Talento hay muchísimo. El reto es crear las condiciones para que una práctica artística pueda sostenerse durante décadas y evolucionar.

Con esta exposición propones mirar Punta Cana más allá del sol y la playa. ¿Qué historias del territorio te interesa mostrar?
Me interesa recordar que el territorio existía antes de convertirse en "destino". Estaban el agua, el bosque, los minerales, las comunidades y muchas capas de historia. Estaba ese extraño sonido o vibración mística que emite Yauya.
También quería provocar una pregunta: ¿qué sucede ahí más allá (o más acá) de nuestra mirada? Me interesa desentrañar una naturaleza que hay enterrada debajo de lo que entendemos por naturaleza.
¿Cómo describirías el momento que viven actualmente las artes visuales en República Dominicana? ¿Cuáles son sus principales retos?
Hay mucha producción y varias generaciones de artistas con lenguajes muy diversos y potentes. Hay arte aquí que no tiene nada que envidiar a las escenas de Nueva York o Madrid. El desafío sigue siendo fortalecer lo que lo rodea: coleccionismo, galerías, crítica, instituciones, espacios independientes y circulación internacional.
También hace falta revisar las dinámicas que rodean la cultura y el arte en nuestro país. Onto, una publicación producida por artistas de Santo Domingo y dominicanos radicados en el exterior, lleva un debate muy interesante alrededor de estos temas.
Para alguien que llega a La cantera sin conocer tu trabajo, ¿qué te gustaría que descubriera al recorrer "Visiones de Yauya"?
Primero, estaría muy agradecido por la oportunidad de que se conozca una parte de mi práctica artística. Pero preferiría no decirle qué tiene que descubrir.
Me gustaría que se acercara sin necesidad de entenderlo todo inmediatamente, que mirara y construyera sus propias relaciones entre las imágenes. Si sale con alguna pregunta o mirando ese territorio de una manera ligeramente distinta, para mí ya ocurrió algo importante.
En tu obra aparecen la historia, los símbolos y distintas formas de interpretar lo que nos rodea. ¿Qué preguntas personales están detrás de tu trabajo?
Hay muchas preguntas y obsesiones, pero sobre todo una inquietud por entender el poder y por cómo opera sobre el sujeto, el colectivo, el territorio, la materia, lo vegetal y nuestros imaginarios compartidos o privados.
Desde ahí abordo procesos históricos, fenómenos políticos, espacios y narrativas. Es una especie de arqueología o estética forense de la realidad: para desentrañar qué recordamos, qué olvidamos y qué relatos construimos para comprender el mundo. Y entonces trato de cuestionarlos a fuerza de imaginación.
Escribo para formular esas preguntas y hago arte para buscar y buscarme a partir de ellas. La intención de fondo es profanar los relatos establecidos para ver qué podría surgir. Quizá sea un iluso, pero creo que haciendo nacer nuevas preguntas, miradas e imaginarios podemos transformar, de algún modo, la realidad.

Vivimos rodeados de imágenes y estímulos digitales. ¿Qué puede ofrecer hoy el arte que no encontramos en esa inmediatez?
El arte propone otra manera de relacionarnos con el tiempo. La prisa, la productividad, incluso la culpa de no ser productivos, nos están tragando el ser.
Una obra, si tiene fuerza, puede pedirnos exactamente lo contrario: permanecer y, al hacerlo, transformar algo en nosotros. No creo que el arte tenga que competir con la vida digital. Propone una resistencia capaz de invocar y reunir ante sí a quienes todavía somos amigos de lo eterno.
Después de "Visiones de Yauya", ¿hacia dónde te está llevando tu trabajo?
Sigo explorando algunas de mis obsesiones y moviéndome hacia otras. Ahora estoy escribiendo sobre Artefacto 1892, la serie que presento actualmente en el 29.º Concurso de Arte Eduardo León Jimenes.
Son paisajes imaginarios surgidos de una investigación sobre la economía política de cuatro regímenes autoritarios de los siglos XIX y XX y su impacto en la evolución material y cultural del territorio dominicano.
También trabajo en piezas solicitadas a través de mi representante, Lyle O. Reitzel Arte Contemporáneo, y preparo mi próxima exposición para 2027.
No quiero sentirme obligado a repetir una imagen o un tema porque haya funcionado. Hay inquietudes que permanecen (la selva como discurso, por ejemplo), pero quiero permitir que cada investigación encuentre su propio lenguaje.
Si tuvieras que resumir "Visiones de Yauya" en una idea o una sensación, ¿cuál sería?
Volver al oír. Es el título de una de las piezas y viene de una canción que escuchaba mucho hace años. Eso fue lo que hice durante aquel tiempo visitando los manantiales de Yauya: volver a oír mi voz vegetal.
En el fondo, es también lo que busco cuando paso horas muertas en el estudio haciendo arte.

Beatriz Bienzobas