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Bajo la lluvia y entre lodo, el público cantó sin parar en la décima edición de Isle of Light

Desde temprano, los asistentes comenzaron a llegar preparados para lo que parecía inevitable: una jornada pasada por agua

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Bajo la lluvia y entre lodo, el público cantó sin parar en la décima edición de Isle of Light
Mon Laferte, Vakeró, Cazzu y Cultura Profética marcaron la energía musical de la décima edición del Isle of Light, celebrada entre lluvia, lodo y miles de asistentes. (DIARIO LIBRE/DANIA ACEVEDO)

La lluvia cayó con insistencia sobre el Parque Punta Torrecilla, en Sans Soucí, pero ni el clima ni el terreno lodoso impidieron que miles de personas se reunieran el sábado 7 de marzo para celebrar la décima edición del Isle of Light, una jornada musical que se extendió desde las 2:00 de la tarde hasta las 2:00 de la madrugada.

Desde temprano, los asistentes comenzaron a llegar preparados para lo que parecía inevitable: una jornada pasada por agua. Capas impermeables, ponchos plásticos y abrigos ligeros se convirtieron en el complemento ideal del atuendo de un público mayoritariamente joven, que caminaba entre risas, paraguas y botas improvisadas mientras buscaba el mejor lugar frente a los escenarios.

El ambiente, sin embargo, nunca perdió su energía. Isle of Light volvió a reunir a un público diverso, compuesto tanto por dominicanos como por visitantes extranjeros que cada año viajan para vivir el festival.

Entre conversaciones en distintos acentos, música de fondo y celulares listos para capturar cada momento, el evento reafirmó su carácter internacional y su posición como uno de los encuentros musicales más importantes del Caribe.

Cartelera variada y desafíos climáticos

La décima edición apostó nuevamente por una cartelera variada distribuida en tres escenarios, donde convivieron sonidos del indie, el pop alternativo, el rock, la electrónica y las fusiones latinas. Sin embargo, mientras la música fluía con fuerza, el terreno contaba otra historia.

Las lluvias persistentes, (quizás una de las razones por las que el festival no logró llenar completamente el recinto), encontraron un espacio que no estaba del todo acondicionado para resistir el agua. Con el paso de las horas, el suelo se convirtió en una mezcla de lodo y charcos que complicaba la movilidad del público. Muchos asistentes avanzaban con cautela, tratando de no resbalar o de evitar que sus zapatos quedaran atrapados en el fango.

El contraste era evidente: mientras el montaje de los escenarios, las áreas de descanso y los espacios temáticos lucían cuidados y visualmente impactantes, el estado del terreno terminaba empañando parte de la experiencia. Aun así, el público parecía decidido a no dejar que ese detalle arruinara la fiesta.

Entre un concierto y otro, algunos asistentes aprovechaban para recargar energías con una curiosa iniciativa del festival: racimos de guineos o bananos colocados en distintas áreas del recinto, disponibles de manera gratuita para el público. Más de uno se detenía a tomar una fruta antes de volver a abrirse paso entre la multitud.

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El intérprete urbano Vakeró tuvo una participación destacada. (DIARIO LIBRE/DANIA ACEVEDO)

Momentos destacados del festival

Uno de los momentos más intensos de la jornada llegó con la presentación de la cantante chilena Mon Laferte. Con su característico estilo teatral y una voz potente que atravesaba la lluvia, la artista interpretó varios de sus éxitos ante un público que respondió cantando cada palabra, sin importar el agua que seguía cayendo.

Mon cantó, interpretó y envió un poderoso mensaje de empoderamiento femenino; ella estuvo acompañada de un gran cuerpo de baile que también actuaba, una causa de la cual ha sido abanderada durante toda su carrera. Su propuesta fue conceptual.

El dominicano Vakeró también protagonizó una de las actuaciones más celebradas de la noche. Con una banda en vivo y la participación especial de la rapera J Noa, el artista ofreció un espectáculo cargado de energía que conectó de inmediato con los asistentes, quienes corearon sus canciones mientras el escenario se iluminaba entre luces y lluvia.

La argentina Cazzu, por su parte, encendió el entusiasmo del público más joven. Durante su presentación, la artista destacó la conexión especial que siente con República Dominicana y aseguró que cada visita al país se convierte en una experiencia única gracias a la forma apasionada en que el público vive su música.

Cantó trap, reguetón, corrido tumbado, muisca folclórica argentina y hasta bachata y merengue. Ella se notaba feliz, pese a un detalle con su vestuario que no detalló, pero que no pudo lucir.

Otro de los momentos memorables lo protagonizó la agrupación puertorriqueña Cultura Profética. Su repertorio convirtió el espacio en un gran coro colectivo, con miles de voces acompañando cada canción. Al final de su presentación, el vocalista confesó que le queda una deuda con su público local de presentarse en solitario.

"Es la primera vez que duramos tan poco en un escenario, pero sabemos que es un festival y hay más artistas, por lo que prometemos regresar para un show en solitario", dijo.

  • Además de estos artistas, la cartelera incluyó presentaciones de agrupaciones y solistas internacionales y locales que mantuvieron la energía durante toda la jornada. El festival también incorporó nuevas propuestas y espacios, como NOMAD Station, un club móvil diseñado como experiencia inmersiva, y el Kidz Club, pensado para el entretenimiento de los más pequeños.

La transición a la música electrónica

Hacia el final de la jornada, la programación giró hacia los sonidos electrónicos, que marcaron la transición del atardecer a la madrugada. En The Sunset Lounge, el DJ Arialdo AP fue el encargado de abrir esa etapa con una selección que combinó house y ritmos bailables, preparando el terreno para una pista cada vez más animada.

A medida que avanzaba la noche, los beats electrónicos tomaron mayor protagonismo. Las presentaciones de TOCA y Boundary mantuvieron al público en movimiento, transformando el espacio en una pista de baile colectiva donde la música se mezclaba con las luces y la energía de los asistentes que, pese al cansancio acumulado de la jornada, seguían dispuestos a extender la celebración.

Así, entre ritmos electrónicos, luces y un público que no dejó de bailar, la décima edición del Isle of Light cerró su programación entrada la madrugada, confirmando una vez más su lugar como uno de los encuentros musicales más importantes del Caribe.

Aspectos a mejorar

A pesar del entusiasmo general, algunos asistentes señalaron aspectos que aún pueden mejorar. En varias ediciones recientes, el festival se ha enfrentado al mismo problema: la lluvia y un terreno poco acondicionado que termina convertido en lodo y dificulta la movilidad del público dentro del recinto.

Fuera del parque también se repitió una escena ya conocida. "Parqueadores" improvisados ocuparon calles cercanas y llegaron a cobrar hasta 500 pesos por indicar dónde estacionarse, incluso aceptando transferencias electrónicas.

Con todo y los inconvenientes, la décima edición del Isle of Light volvió a demostrar su capacidad de convocatoria. Bajo la lluvia y entre canciones coreadas, el festival celebró su primera década reafirmando su esencia: un punto de encuentro para la música, la cultura y una comunidad que cada año regresa para vivir la experiencia.

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Periodista dominicano con un máster en Comunicación Integral Avanzada y Marketing Digital cursado en Madrid, España. Actualmente se desempeña como redactor senior en Diario Libre. Cuenta con una sólida trayectoria en coberturas nacionales e internacionales, representando al país en eventos realizados en Corea del Sur, México y España. Su experiencia profesional también abarca la TV y la participación como jurado en eventos de relevancia cultural, entre ellos el "Festival de Cine Fine Arts: Hecho en RD".