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Juan Gabriel
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Diez años sin Juan Gabriel, el ídolo que nunca se fue

El 28 de agosto de 2016, "El Divo de Juárez" partió de este mundo. Hoy, una década después de su inesperada pérdida, su música sigue siendo el refugio emocional de millones de personas en el mundo hispanohablante

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Diez años sin Juan Gabriel, el ídolo que nunca se fue
Una década después de que su voz física se apagara, la figura de Juan Gabriel se mantiene inalterable frente al paso del tiempo. (EFE/BARRY SWEET)

El viernes 26 de agosto de 2016, Juan Gabriel se había entregado con su habitual derroche de energía ante 17,500 espectadores que abarrotaban el Forum de Inglewood, en Los Ángeles, en el marco de su exitoso tour ´MeXXIco es todo´.

Pero lo que ninguno de los asistentes que corearon sus canciones, durante más de dos horas de concierto, podía intuir es que aquella colorida velada, adornada con mariachis, trajes de seda y proyecciones de folclore mexicano, sería la última en la que verían sobre un escenario a ´El Divo de Juárez´.

Han pasado ya diez años desde que el mundo de la música se estremeció con una triste noticia llegada desde Santa Mónica, California.

Allí se apagaba la vida de Alberto Aguilera Valadez, aquel niño de infancia difícil y criado en un albergue que acabó conquistando el prestigioso Palacio de Bellas Artes y vendiendo más de 150 millones de discos.

El reloj marcaba las 11:43 de la mañana del domingo 28 de agosto de 2016 cuando su corazón dejó de latir, certificándose un infarto agudo de miocardio como la causa de su fallecimiento a los 66 años.

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Infografía
Se cumplen diez años de la muerte del cantautor mexicano Juan Gabriel. (EFE/PAUL BUCK)

Y hoy, una década después de aquel domingo de verano, la ausencia física de Juan Gabriel no ha hecho más que agrandar su leyenda.

Porque su camino terrenal terminó ese día, pero su catálogo musical continúa acompañando a las familias hispanohablantes en sus grandes momentos, desde bodas y bautizos hasta los duelos y los desengaños amorosos.

Y es que Juan Gabriel no fue solo un artista de masas: fue el gran cronista sentimental de la vida cotidiana en América Latina.

De la cuna en Parácuaro a las calles de Ciudad Juárez

Alberto Aguilera Valadez llegó al mundo el 7 de enero de 1950 en Parácuaro, Michoacán. Era el más pequeño de los diez hijos de Gabriel Aguilera Rodríguez y Victoria Valadez Rojas, una humilde pareja de campesinos. Y la fatalidad no tardó en golpear a su puerta cuando era todavía un bebé.

Y es que, tras un incendio accidental en las tierras de cultivo, su padre padeció un brote psicótico que motivó su reclusión en el hospital psiquiátrico de La Castañeda, en la Ciudad de México, un lugar del que ya nunca saldría.

Y así, sin recursos para sacar adelante a su familia, su madre decidió trasladarse al norte del país para buscar una oportunidad en la fronteriza Ciudad Juárez, Chihuahua.

A los cinco años, el destino del pequeño Alberto dio un vuelco definitivo cuando su madre lo ingresó en la Escuela de Mejoramiento Social para Menores, conocida popularmente por la comunidad como "El Tribunal" de Ciudad Juárez.

Aquella reclusión temprana y el distanciamiento de su madre le provocaron una honda tristeza que, con el tiempo, se convertiría en la materia prima de sus letras más sentidas. Pero en medio de esa difícil realidad también brotó la luz.

Porque fue en el internado donde el pequeño conoció a Juan Contreras, un maestro del taller de hojalatería que intuyó la gran sensibilidad del menor y le enseñó los primeros acordes en la guitarra, ayudándole a transformar su soledad en música.

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Infografía
Una mujer toma una fotografía de la estatua del cantautor mexicano Juan Gabriel en Ciudad Juárez, Chihuahua (México). (EFE/ LUIS TORRES)

A la edad de 13 años, Alberto escapó de la institución. Para ganarse la vida, empezó ayudando a don Juan en la venta de artesanías de madera y hojalata y, más adelante, recorrió las avenidas de Ciudad Juárez vendiendo burritos preparados por su madre.

No obstante, su vocación era clara y pronto comenzó a buscar espacios en el circuito nocturno local. Con el seudónimo de Adán Luna, empezó a cantar en distintos establecimientos, logrando debutar en el escenario del célebre cabaret El Noa Noa.

Y es por esto por lo que, cuando finalmente llegó la oportunidad de dar el salto profesional definitivo, construyó el nombre que lo acompañaría siempre combinando las dos figuras fundamentales de su infancia: "Juan", en honor a su protector y mentor del internado, y "Gabriel", para honrar la memoria de su padre ausente.

El infierno de Lecumberri y el duro camino hacia el éxito

Lograr el reconocimiento de la industria no fue una tarea sencilla. Al contrario, estuvo lleno de reveses.

Hacia finales de los años sesenta, un joven e indocumentado Juan Gabriel se trasladó a la Ciudad de México con la ilusión de abrirse paso en las principales compañías de la época, como CBS, Musart o Peerless, pero solo encontró negativas constantes. 

En aquellos días difíciles, las terminales de autobuses, los bancos públicos y los andenes de ferrocarril se convirtieron en sus improvisados dormitorios. La situación se complicó aún más cuando una conocida figura del momento lo denunció de manera infundada por robo. 

Sin un proceso legal claro ni una defensa oportuna, terminó encerrado en el temido "Palacio Negro de Lecumberri", una de las prisiones con mayor sobrepoblación y medidas de seguridad de la capital mexicana. 

Pasó allí cerca de 18 meses tras las rejas, hasta que la intérprete Enriqueta Jiménez, conocida artísticamente como "La Prieta Linda", medió en su favor para conseguir su excarcelación ante la ausencia de evidencias. 

De hecho, ella misma sería quien lo presentaría formalmente ante el sello RCA Víctor. Y así, el gran momento llegó en agosto de 1971 con la firma de su primer contrato de grabación y el lanzamiento de su disco de presentación, ´Un alma joven´. 

Esta producción incluía el emblemático tema ´No tengo dinero´, un sencillo que despachó con rapidez más de dos millones de copias y cambió para siempre la realidad del joven, convirtiendo a aquel muchacho sin recursos en una celebridad nacional. Y, a partir de ahí, su ascenso no tuvo freno. 

En 1984 vio la luz ´Recuerdos II´, un trabajo histórico que contó con la producción de Chuck Anderson y que albergaba el arrollador éxito ´Querida´.

Aquel disco dominó de manera ininterrumpida las listas de popularidad durante más de 18 meses y superó la cifra de 8 millones de copias vendidas, coronándose como el álbum más vendido en toda la historia de la industria discográfica mexicana.

El día en que la música popular conquistó las Bellas Artes

La consagración definitiva de Juan Gabriel como un referente indiscutible, no solo de la música sino también de la propia identidad cultural de México, quedó sellada entre el 9 y el 12 de mayo de 1990. 

Durante aquellas cuatro históricas veladas, el cantautor se adueñó del Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México.

Respaldado por la Orquesta Sinfónica Nacional y bajo la batuta del maestro Enrique Patrón de Rueda, logró presentarse en un templo artístico que hasta ese momento parecía reservado con exclusividad a la música de concierto y la ópera.

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Infografía
Un grupo de mariachis rinden homenaje en la Plaza Garibaldi, la icónica plaza de los mariachis de Ciudad de México, (México) al cantautor Juan Gabriel. (EFE/MARIO GUZMÁN)

Pero no fue fácil: la sola confirmación de estas fechas desató una intensa controversia en los círculos sociales más tradicionales. Diversos intelectuales de corte conservador, intérpretes líricos y representantes del Instituto Nacional de Bellas Artes no tardaron en publicar misivas de protesta exigiendo que se cancelara el espectáculo.

Sin embargo, a pesar de los intentos por frenarlo, el intérprete apareció en escena vistiendo un distinguido traje negro bordado con hilos de oro, borrando las fronteras que dividían el arte de las élites y la música del pueblo. 

En medio de un aplauso ensordecedor, el músico tomó la palabra para compartir su sentir: "Esta noche estoy feliz y quisiera expresarles mi deseo: que todos los artistas populares tengan la oportunidad de venir aquí porque este lugar se construyó con dinero del pueblo".

Y es que, en un contexto social marcado por un arraigado clasismo, machismo y homofobia, la proyección escénica de Juan Gabriel (dinámica, expresiva, con lentejuelas, sedas brillantes y abanicos) se convirtió en un gesto de disidencia implícita sumamente audaz para la época.

Aunque él nunca buscó un activismo político directo en colectivos o agrupaciones, el simple hecho de mostrarse con total libertad ante el gran público supuso una discreta pero profunda revolución en los hogares de millones de familias.

De hecho, esa autenticidad propició uno de los momentos más recordados de la televisión en español. Ocurrió en noviembre de 2002, en el plató del programa Primer Impacto de la cadena Univisión, cuando el presentador Fernando del Rincón se atrevió a plantear la pregunta: "Juan Gabriel, dicen que es gay, ¿Juan Gabriel es gay?".

Lejos de incomodarse, el compositor observó al periodista y, con una sonrisa tranquila, regaló una réplica que pasaría de inmediato a la posteridad de la cultura popular hispana: "Dicen que lo que se ve no se pregunta, mijo".

  • Minutos antes, al ser cuestionado sobre sus ademanes y gestos bajo los focos del escenario, el cantautor ya había dejado clara su particular visión estética: "Yo siempre he visto que el arte es femenino... Si usted es guapo, joven y divino, siempre van a decir que usted es gay".

El legado de un gigante en cifras

La relevancia de Alberto Aguilera Valadez también se ve reflejada en las estadísticas, que lo sitúan entre los creadores más exitosos y prolíficos de todos los tiempos. En el transcurso de sus 45 años de trayectoria profesional, registró más de 1.800 obras musicales ante la Sociedad de Autores y Compositores de México (SACM).

Así, sus letras han sido traducidas a lenguas tan variadas como el inglés, el japonés, el alemán, el turco, el griego, el francés y el tagalo, y han sido versionadas por más de 1, 500 artistas en diversos rincones del planeta.

Y sus producciones discográficas acumulan unas ventas estimadas que superan los 150 millones de copias en todo el mundo.

De igual manera, conserva una marca histórica difícil de igualar: la del espectáculo de mayor duración en el Auditorio Nacional de la Ciudad de México. Sucedió el 10 de mayo de 2015, cuando deleitó a un recinto lleno a rebosar cantando sin interrupciones durante 6 horas y 15 minutos.

Cuando su repentina partida enmudeció los escenarios en 2016, el comunicado difundido entonces por su equipo de prensa destacó que el artista "ha pasado a formar parte de la eternidad y nos ha dejado su legado a través de Juan Gabriel, el personaje creado por él para toda la música que ha sido cantada e interpretada en todo el mundo".

Y es que Alberto Aguilera Valadez demostró que, aun partiendo desde la vulnerabilidad de la infancia y la marginación social, era posible edificar una de las obras líricas más luminosas de la cultura mexicana.

Por eso hoy, una década después de que su voz física se apagara, la figura de Juan Gabriel se mantiene inalterable frente al paso del tiempo. Porque, mientras existan penas que aliviar o alegrías que festejar, sus canciones seguirán acompañándonos.

 

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